A favor de la industria panameña
No existe país desarrollado en el mundo que no cuente con un sector industrial fuerte, y por esta razón todo gobernante responsable se preocupa por ofrecer una política de apoyo que atraiga la inversión hacia esa actividad económica. El resultado de este apoyo puede verse reflejado en la generación de empleo y en el aumento de las exportaciones de bienes, temas que se han convertido en objetivo de cualquier política económica bien fundamentada.
Lamentablemente en Panamá la industria no recibe la atención que merece quedando rezagada con relación al resto de los sectores económicos, especialmente el de los servicios. A ello se debe que arrastremos elevadas tasas de desempleo, muy escasas inversiones extranjeras y bajas cifras de exportaciones de bienes, provocando una combinación de factores que obstaculizan cualquier esperanza de un desarrollo futuro.
Pero no solamente la industria panameña ha estado abandonada a su suerte, sino que cuenta con una serie de enemigos dedicados a la tarea de conspirar para evitar que ésta progrese, creando un ambiente de hostilidad hacia cualquier esfuerzo por reconocer su aporte económico y social, y por mejorar su situación. Se trata de los que piensan que es preferible comprar cualquier producto extranjero que uno fabricado en Panamá, simplemente porque creen que todo lo que viene de otros países es mejor, aunque su calidad sea inferior y su precio mayor. Por ello es común escuchar que hay que ser un verdadero quijote para emprender cualquier proyecto de inversión industrial en nuestro país.
La falta de una política coherente ha contribuido a esta lamentable situación. Los incentivos que se han implementado han tenido efectos limitados porque solamente benefician a un pequeño grupo de industriales exportadores y no se enfocan hacia las áreas específicas que permiten mejorar la competitividad de las empresas.
Se requiere ampliar la base de estos beneficios para incluir a cualquier proyecto industrial y concederlos solamente cuando la empresa se dedique a realizar nuevas inversiones en capacitación o tecnología o a contratar nuevo personal. Así nos aseguraremos que estamos promoviendo una reconversión que permita enfrentar el desafío planteado por la globalización.
Ese es el espíritu que animó al Sindicato de Industriales y a la Asociación Panameña de Exportadores para proponer el proyecto de Ley de Fomento y Desarrollo Industrial, que se debate en la Asamblea Legislativa.
Lamentablemente en Panamá la industria no recibe la atención que merece quedando rezagada con relación al resto de los sectores económicos, especialmente el de los servicios. A ello se debe que arrastremos elevadas tasas de desempleo, muy escasas inversiones extranjeras y bajas cifras de exportaciones de bienes, provocando una combinación de factores que obstaculizan cualquier esperanza de un desarrollo futuro.
Pero no solamente la industria panameña ha estado abandonada a su suerte, sino que cuenta con una serie de enemigos dedicados a la tarea de conspirar para evitar que ésta progrese, creando un ambiente de hostilidad hacia cualquier esfuerzo por reconocer su aporte económico y social, y por mejorar su situación. Se trata de los que piensan que es preferible comprar cualquier producto extranjero que uno fabricado en Panamá, simplemente porque creen que todo lo que viene de otros países es mejor, aunque su calidad sea inferior y su precio mayor. Por ello es común escuchar que hay que ser un verdadero quijote para emprender cualquier proyecto de inversión industrial en nuestro país.
La falta de una política coherente ha contribuido a esta lamentable situación. Los incentivos que se han implementado han tenido efectos limitados porque solamente benefician a un pequeño grupo de industriales exportadores y no se enfocan hacia las áreas específicas que permiten mejorar la competitividad de las empresas.
Se requiere ampliar la base de estos beneficios para incluir a cualquier proyecto industrial y concederlos solamente cuando la empresa se dedique a realizar nuevas inversiones en capacitación o tecnología o a contratar nuevo personal. Así nos aseguraremos que estamos promoviendo una reconversión que permita enfrentar el desafío planteado por la globalización.
Ese es el espíritu que animó al Sindicato de Industriales y a la Asociación Panameña de Exportadores para proponer el proyecto de Ley de Fomento y Desarrollo Industrial, que se debate en la Asamblea Legislativa.