Felipe II (1527 – 1598)
Este rey español fue riguroso, absoluto y muy poseído de que su voluntad era la suprema ley. Fue, sin lugar a dudas, el perfecto encaje de su predecesor Luis IV, rey de Francia, quien llegó a decir: -“El Estado soy yo”.
En una ocasión el entonces arzobispo de Sevilla le dijo que entre los nobles había mucho descontento por la forma rigurosa en que ejercía el gobierno. Y le preguntó: -“¿Cómo lo sabéis? ¿Por sus confesiones?”.
-“No, Majestad. De haber sido así no os lo diría por respeto al secreto de confesión, pero muchos me piden consejo”. Y el rey le respondió: -“Pues si tan sueltas tienen la lengua, justo es que no les deje sueltas las manos”.
Felipe II fue quien hizo construir el Escorial, maravillosa obra arquitectónica que en conjunto es monasterio, palacio y panteón real. Antes de que la obra fuera terminada, el rey invitó al entonces embajador de Francia en España a visitarla, quien al verla, no pudo ocultar su asombro, dada su magnificencia. No obstante, el embajador, al observar que había en el sitio una gran cantidad de tejas amontonadas, le dijo al monarca, irónicamente: –”Mucho me temo que, para terminar la obra, sobrarán tejas y faltará oro”.
Una vez terminada la obra, Felipe II mandó cubrir el borde del tejado con tejas de oro. Invitó nuevamente al embajador y una vez frente a ellas, le dijo: -“Como podéis apreciar, mi estimado embajador, ha ocurrido lo contrario de vuestro augurio. Han faltado tejas para terminarlo y ha sobrado oro”.