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¡Feliz año 2009!


El cierre de un año y el comienzo de otro es una ocasión propicia para hacer una pausa y reflexionar sobre lo acontecido, y hacerse una visión de lo que uno espera para el futuro próximo. En el mundo organizado se usan con frecuencia palabras como evaluar y planificar, pero estos términos tienden a empobrecer una experiencia vital que hunde sus raíces en prácticas ancestrales que condensan una sabiduría superior.

La capacidad de aprender, que está construida en la naturaleza del ser humano, requiere de una división en periodos, que nunca son totalmente arbitrarios, y que le permitan a las sociedades tomar conciencia del vínculo que existe entre su situación y sus comportamientos, y luego replantearse nuevas acciones con el propósito de mejorar su destino. Individualmente, muchas personas lo hacen, generalmente en relación con aspectos clave de su existencia como la salud, la educación, la vivienda y el trabajo.

Las sociedades también sacan cuentas y -de una manera no desprovista de contradicciones- toman una serie de decisiones que van prefigurando un plan, aunque no haya unanimidad de criterio en las voces que formulan este saber. Las elecciones del 2009 serán un momento estelar en ese cúmulo de decisiones, pero no son las únicas decisiones importantes. El país también está hecho de las decisiones de los individuos, las familias, las comunidades y las empresas. Que el Señor ilumine todas estas decisiones, pues los retos son cada vez mayores y las consecuencias del desatino serán cada vez más gravosas.

101 años de Panamá América

 
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