Feminización de la pobreza, otra cara de la violencia
EL 25 DE NOVIEMBRE es el "Día Internacional contra la Violencia femenina", que afecta a las mujeres en sus múltiples roles tanto en la vida privada, no tan privada, y pública. Sobre el particular se ha trabajado tesoneramente , a nivel teórico, esbozando y elaborando marcos conceptuales que la interpreten; metodologías y normas jurídicas que atajen el carácter epidemiológico que el fenómeno adquiere. No obstante el extraordinario trabajo realizado , se diría que la violencia desborda las medidas de mitigación que se utilizan, por lo que convendría "dedicar nuestro tiempo y nuestro esfuerzo a elaborar más bien teorías sobre el cambio que sobre las razones por lo que la gente se comporta como lo hace". ( Haley) .
La violencia es un fenómeno multifactorial, enquistado en la estructura social que afecta al mundo entero, a grupos étnicos, religiosos, nacionales e internacionales; cubriendo todo el andamiaje de una sociedad hasta los actores principales de la misma, quienes finalmente terminan víctimas y victimizadores de esa circunstancia. Los seres humanos estamos, condicionados por el sistema socio cultural en que nos desenvolvemos. "Los medios de comunicación de masas, el gobierno y la sociedad en general, influyen sobre los valores y creencias de cada individuo. La alta incidencia de la violencia en la televisión, en las películas, en los sistemas legales y gubernamentales, y en las comunidades, incide sobre el nivel de violencia entre las familias". (Straus). Siendo la violencia un asunto estructural, implica un tratamiento estructural.
En la búsqueda del bienestar común, la observación de la violencia contra la mujer debe contemplar uno de los imperativos categóricos de los Estados, habida cuenta que ella ocupa el rol protagónico de la familia. En consecuencia, constituye la mayor fuerza de reproducción social, afectiva y/o de cambio.
Desde la década del 90 se discute en foros nacionales e internacionales los cambios registrados en las características de las poblaciones sometidas a la pobreza y exclusión social y con una fuerza arrolladora, el perfil que se destaca es el de la feminización de la pobreza, vinculado a nuevas formas de pobreza, derivadas de la transformación del mercado de trabajo, cambios demográficos, estructura familiar y en las pautas de reestructuración de las políticas sociales.
Tenemos entonces que relacionar el proceso de feminización de la pobreza con los cambios que han afectado a la estructura familiar, como el aumento creciente de lo hogares monoparentales femeninos, con su consecuente dosis de inseguridad económica (la mano de obra femenina en los sectores pobres carece de especialización por lo que resulta menor pagada y más desempleada) que las torna más vulnerables dentro del mercado de trabajo y, consiguientemente, con menor capacidad de obtener ingresos suficientes, sobre todo cuando es la única proveedora del hogar, y tiene que compatibilizar la función económica con la crianza y cuidado de hijos.
La flexibilización del trabajo de las economías modernas es otro de los factores que añaden agua al molino, al incrementar los niveles de pobreza en las mujeres, pues en esta población las empresas maquiladoras reclutan su principal mano de obra, sin los salarios y prestaciones correspondientes.
Las condiciones de vivienda, salud, educación y alimentación de los hogares pobres feminizados, constituyen una afrenta a la sociedad de la opulencia en aspectos tan invisibilizados como el agua, esencial para la vida, a tal punto que el Informe de Desarrollo Humano 2006 expresa en un extracto de su prefacio: "diariamente millones de mujeres y niñas recogen agua para sus familias, un ritual que refleja las desigualdades de género en los ámbitos del empleo y la educación. Mientras tanto la mala salud asociada a los déficits de agua y saneamiento afecta a la productividad y crecimiento económico, reforzando las desigualdades características de los actuales modelos de globalización y confinando a la pobreza a los hogares vulnerables...".
Para la discusión de temas relativos a la violencia femenina, el Instituto de la Mujer de Universidad de Panamá, a cargo de la Mgtra. Luzmila de Young, ha convocado para hoy un ciclo de conferencia con ilustres representantes del género, de 1:00 a 4:00 de la tarde en el auditorio de la VIP.
La violencia es un fenómeno multifactorial, enquistado en la estructura social que afecta al mundo entero, a grupos étnicos, religiosos, nacionales e internacionales; cubriendo todo el andamiaje de una sociedad hasta los actores principales de la misma, quienes finalmente terminan víctimas y victimizadores de esa circunstancia. Los seres humanos estamos, condicionados por el sistema socio cultural en que nos desenvolvemos. "Los medios de comunicación de masas, el gobierno y la sociedad en general, influyen sobre los valores y creencias de cada individuo. La alta incidencia de la violencia en la televisión, en las películas, en los sistemas legales y gubernamentales, y en las comunidades, incide sobre el nivel de violencia entre las familias". (Straus). Siendo la violencia un asunto estructural, implica un tratamiento estructural.
En la búsqueda del bienestar común, la observación de la violencia contra la mujer debe contemplar uno de los imperativos categóricos de los Estados, habida cuenta que ella ocupa el rol protagónico de la familia. En consecuencia, constituye la mayor fuerza de reproducción social, afectiva y/o de cambio.
Desde la década del 90 se discute en foros nacionales e internacionales los cambios registrados en las características de las poblaciones sometidas a la pobreza y exclusión social y con una fuerza arrolladora, el perfil que se destaca es el de la feminización de la pobreza, vinculado a nuevas formas de pobreza, derivadas de la transformación del mercado de trabajo, cambios demográficos, estructura familiar y en las pautas de reestructuración de las políticas sociales.
Tenemos entonces que relacionar el proceso de feminización de la pobreza con los cambios que han afectado a la estructura familiar, como el aumento creciente de lo hogares monoparentales femeninos, con su consecuente dosis de inseguridad económica (la mano de obra femenina en los sectores pobres carece de especialización por lo que resulta menor pagada y más desempleada) que las torna más vulnerables dentro del mercado de trabajo y, consiguientemente, con menor capacidad de obtener ingresos suficientes, sobre todo cuando es la única proveedora del hogar, y tiene que compatibilizar la función económica con la crianza y cuidado de hijos.
La flexibilización del trabajo de las economías modernas es otro de los factores que añaden agua al molino, al incrementar los niveles de pobreza en las mujeres, pues en esta población las empresas maquiladoras reclutan su principal mano de obra, sin los salarios y prestaciones correspondientes.
Las condiciones de vivienda, salud, educación y alimentación de los hogares pobres feminizados, constituyen una afrenta a la sociedad de la opulencia en aspectos tan invisibilizados como el agua, esencial para la vida, a tal punto que el Informe de Desarrollo Humano 2006 expresa en un extracto de su prefacio: "diariamente millones de mujeres y niñas recogen agua para sus familias, un ritual que refleja las desigualdades de género en los ámbitos del empleo y la educación. Mientras tanto la mala salud asociada a los déficits de agua y saneamiento afecta a la productividad y crecimiento económico, reforzando las desigualdades características de los actuales modelos de globalización y confinando a la pobreza a los hogares vulnerables...".
Para la discusión de temas relativos a la violencia femenina, el Instituto de la Mujer de Universidad de Panamá, a cargo de la Mgtra. Luzmila de Young, ha convocado para hoy un ciclo de conferencia con ilustres representantes del género, de 1:00 a 4:00 de la tarde en el auditorio de la VIP.