FENASEP y la estabilidad
La Federación Nacional de Servidores Públicos (FENASEP) fue creación del régimen militar, como brazo para defender sus intereses en el sector. Su fundación fue meramente coyuntural, y se debió a la posibilidad de que un eventual triunfo de la oposición en las elecciones de 1984, liderada entonces por el doctor Arnulfo Arias, quebrara la espina dorsal de un monstruo burocrático que llegó a sumar 150 mil empleados oficiales, a quienes llevaban y traían en dóciles concentraciones portátiles o empleaban como incondicional fuente de votos.
A la postre, un fraude electoral frustró el triunfo de Arias, y la FENASEP continuó vigente, con su triste papel de puntal de la dictadura castrense. En lo demás, su beligerancia gremial fue siempre menos que discreta, caracterizada siempre por una casi nula gestión a favor de la estabilidad y mejoramiento de sus asociados, lo que era comprensible, considerando la natural dificultad de luchar contra un régimen del que formaba parte.
Durante el gobierno democrático de Guillermo Endara, FENASEP cobró mayor dinamismo, transmutándose cual camaleón, en un organismo de presión dedicado a defender a copartidarios de las investigaciones y los despidos. Eso no impidió, sin embargo, que muchos fueran echados de sus cargos por delincuentes, botellas, batalloneros o malos empleados.
Recobrado en 1994 el poder, durante el actual gobierno de Ernesto Pérez Balladares, la FENASEP volvió a su estado catatónico, hasta que en víspera de las últimas elecciones, vuelve a transmutarse en órgano político de su partido, agitándose con candidatos propios. Y es allí cuando, en decisión insólita que rompió sus pocas apariencias de gremialismo, se compromete públicamente con la candidatura oficialista del gobernante PRD. Se jugó así toda la bolsa a una sola carta que juzgó segura, y perdió.
Ahora, tras la debacle electoral, la descuadernada organización desea retornar a su desteñido ropaje pseudosindical, sin advertir que ha perdido toda autoridad moral como organización gremial, habiendo asumido su papel político partidista que todavía viste.
Las marchas y exhortaciones a favor de la estabilidad y la Carrera Administrativa, lucen vacías, por más ruido que hagan, porque la ausencia de autoridad moral las ha dejado desnudas, ausentes de calor y sentido gremial, para transformarlas en lo que siempre fueron, meras actividades politiqueras y trampolín para altos cargos en el gobierno y en su partido.
A la postre, un fraude electoral frustró el triunfo de Arias, y la FENASEP continuó vigente, con su triste papel de puntal de la dictadura castrense. En lo demás, su beligerancia gremial fue siempre menos que discreta, caracterizada siempre por una casi nula gestión a favor de la estabilidad y mejoramiento de sus asociados, lo que era comprensible, considerando la natural dificultad de luchar contra un régimen del que formaba parte.
Durante el gobierno democrático de Guillermo Endara, FENASEP cobró mayor dinamismo, transmutándose cual camaleón, en un organismo de presión dedicado a defender a copartidarios de las investigaciones y los despidos. Eso no impidió, sin embargo, que muchos fueran echados de sus cargos por delincuentes, botellas, batalloneros o malos empleados.
Recobrado en 1994 el poder, durante el actual gobierno de Ernesto Pérez Balladares, la FENASEP volvió a su estado catatónico, hasta que en víspera de las últimas elecciones, vuelve a transmutarse en órgano político de su partido, agitándose con candidatos propios. Y es allí cuando, en decisión insólita que rompió sus pocas apariencias de gremialismo, se compromete públicamente con la candidatura oficialista del gobernante PRD. Se jugó así toda la bolsa a una sola carta que juzgó segura, y perdió.
Ahora, tras la debacle electoral, la descuadernada organización desea retornar a su desteñido ropaje pseudosindical, sin advertir que ha perdido toda autoridad moral como organización gremial, habiendo asumido su papel político partidista que todavía viste.
Las marchas y exhortaciones a favor de la estabilidad y la Carrera Administrativa, lucen vacías, por más ruido que hagan, porque la ausencia de autoridad moral las ha dejado desnudas, ausentes de calor y sentido gremial, para transformarlas en lo que siempre fueron, meras actividades politiqueras y trampolín para altos cargos en el gobierno y en su partido.