Festividades patrióticas y turismo
Las protestas de los santeños por el traslado de la celebración histórica del día diez al día nueve del primer grito de independencia nacional expresan la noble inquietud de panameños que conceptúan que los valores crematísticos se sobreponen en la modificación del calendario por fines turísticos.
En resguardo del sentimiento patriótico de los santeños, la alcaldesa de Los Santos, Josefa de Monterrey, decretó feriado el día diez, desconociendo el decreto-ley del Organo Ejecutivo que declara día no laborable el nueve, con el propósito de tender un puente de un largo week-end favorable supuestamente al desarrollo turístico.
Este es un caso típico de conflicto de poderes entre el gobierno nacional, amparado en criterios económicos y el gobierno municipal, sustentado en la defensa del significado de una efemérides de innegable trascendencia nacional. En la búsqueda de salidas armónicas, el Ejecutivo podría exceptuar a la provincia de Los Santos de la norma general y autorizar que el día diez no sea declarado laborable y así permitir que el pueblo santeño celebre a plenitud el primer grito de la independencia nacional.
En verdad, el gesto de los santeños debería enorgullecernos a todos. Ante la tentación del mercantilismo, los santeños cierran filas en su tierra y en otros lugares, dándonos una lección magistral de pedagogía en defensa de valores espirituales imbricados en la trama del ser histórico de la panameñidad.
Los llamados puentes turísticos tienen innegablemente fines de recreación que compensa especialmente el esfuerzo cotidiano de la población económicamente activa. Sin embargo, los excesos recreativos tienden a mermar el sentimiento de patria en lo que se refiere a la cabal celebración de las efemérides nacionales de auténtica trascendencia. Este es un aspecto primordial que deberíamos defender a toda costa.
En el reciente desfile escolar ha extrañado la escasa voluntad del público en lucir la bandera nacional y en algunos colegios se advierte la tendencia de preferir lo decorativo en uniformes femeninos más apropiados para vestimenta juvenil que en la conmemoración de la máxima fiesta nacional.
A ojos vistas hay una merma preocupante en la austeridad y majestad del calendario patriótico a la que colabora el traslado de las fechas. Estamos marchando a contracorriente en circunstancias históricas en que debería robustecerse, sobre todo en los jóvenes, el respeto estricto a las efemérides patrióticas.
En resguardo del sentimiento patriótico de los santeños, la alcaldesa de Los Santos, Josefa de Monterrey, decretó feriado el día diez, desconociendo el decreto-ley del Organo Ejecutivo que declara día no laborable el nueve, con el propósito de tender un puente de un largo week-end favorable supuestamente al desarrollo turístico.
Este es un caso típico de conflicto de poderes entre el gobierno nacional, amparado en criterios económicos y el gobierno municipal, sustentado en la defensa del significado de una efemérides de innegable trascendencia nacional. En la búsqueda de salidas armónicas, el Ejecutivo podría exceptuar a la provincia de Los Santos de la norma general y autorizar que el día diez no sea declarado laborable y así permitir que el pueblo santeño celebre a plenitud el primer grito de la independencia nacional.
En verdad, el gesto de los santeños debería enorgullecernos a todos. Ante la tentación del mercantilismo, los santeños cierran filas en su tierra y en otros lugares, dándonos una lección magistral de pedagogía en defensa de valores espirituales imbricados en la trama del ser histórico de la panameñidad.
Los llamados puentes turísticos tienen innegablemente fines de recreación que compensa especialmente el esfuerzo cotidiano de la población económicamente activa. Sin embargo, los excesos recreativos tienden a mermar el sentimiento de patria en lo que se refiere a la cabal celebración de las efemérides nacionales de auténtica trascendencia. Este es un aspecto primordial que deberíamos defender a toda costa.
En el reciente desfile escolar ha extrañado la escasa voluntad del público en lucir la bandera nacional y en algunos colegios se advierte la tendencia de preferir lo decorativo en uniformes femeninos más apropiados para vestimenta juvenil que en la conmemoración de la máxima fiesta nacional.
A ojos vistas hay una merma preocupante en la austeridad y majestad del calendario patriótico a la que colabora el traslado de las fechas. Estamos marchando a contracorriente en circunstancias históricas en que debería robustecerse, sobre todo en los jóvenes, el respeto estricto a las efemérides patrióticas.