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Fidel Castro y Hugo Chávez


Hugo Chávez, el Presidente de Venezuela, trata de emular en todo a Fidel Castro. Las personalidades de ambos tienen algunas similitudes.
Hugo, en su afán de imitar a Fidel, usualmente pronuncia largos discursos e intervenciones radiales en su programa “Aló, Presidente”, de 4 a 6 horas. Se viste con frecuencia con uniforme de “fatiga” al estilo de Castro y cambia la gorra por la boina. Su orientación política es marxista, aunque a diferencia de Castro lo niega, y califica a su movimiento de Revolucionario Bolivariano.
Siempre tiene a mano, como en los tiempos de la revolución cultural de Mao Tse Tung, un librito rojo que él llama la Constitución Bolivariana. Ambos, es imposible negarlo, son líderes muy carismáticos “que encienden pasiones” y son autocráticos y ególatras. Me parece que allí terminan las semejanzas entre las personalidades de los dos dirigentes.
Fidel Castro, a pesar del secretismo que rodea su vida privada da la impresión, o al menos esa es la que pretende dar, de ser un hombre austero y la percepción que se tiene de él es que tiene costumbres y hábitos de vida sencillos y evita dar muestras de opulencia. Hugo Chávez, por su parte, es todo lo contrario y parece disfrutar mucho ostentando sus excesos.
La revista Gato Pardo, una de las mejores del continente, en la que aparece como Editor General, nuestro buen amigo y muy conocido en Panamá, Miguel Silva, nos trae en su último número un largo y muy interesante trabajo investigativo sobre las extravagancias del presidente venezolano Hugo Chávez, que el artículo denomina: “Los gastos del oficio”.
Hugo Chávez, lo describe la autora del escrito, Elizabeth Araujo, como un hombre de gustos muy refinados, se viste con trajes hechos a la medida, confeccionados por Armani y Brioni, corbatas Hermes y camisas Sulka que cuestan $700.00 cada una; sólo usa relojes Cartier y Boucheron. Lo primero que hizo cuando asumió el mando fue adquirirse un moderno “jet airbus” que costó $70 millones y que los venezolanos llaman el “chupa dólares”, y su utilización, en un solo viaje a Sudáfrica, con 36 horas de vuelo, tuvo un costo para el fisco de $1,080,000.
Lo increíble de todos estos gastos superfluos del mandatario venezolano es que están incluidos en el presupuesto de gastos de la Nación. No sé si además tiene a su disposición una “partida secreta”. El artículo no lo menciona. Dicho presupuesto, con sus gastos personales para Chávez, es aprobado por una Asamblea dócil que acepta sin ruborizarse “gastos de prendas de vestir” para él por un monto de $18,500 mensuales, y para viáticos y pasajes $2,244,614 al año.
En el mencionado artículo, donde señala las extravagancias y abusos del presidente Chávez, la autora del interesante trabajo investigativo manifiesta que con el presupuesto y gasto de vestirse de Hugo Chávez se habría podido brindar solución a 256 viviendas para las familias venezolanas o se le hubiera podido pagar el salario mínimo a 17,956 personas.
Si los refinados gastos de Hugo Chávez los pagara con su dinero nada se tendría que objetar; pero si, por supuesto, son los contribuyentes venezolanos los que cubren estos excesos merece la repulsa colectiva de quienes criticamos la corrupción de los gobernantes.
Estos abusos del presidente Chávez han contribuido, sin duda alguna, de manera significativa a disminuir el nivel de respaldo popular que de un 89% está hoy día en un 27% en las encuestas de opinión, que ayer él las elogiaba y hoy las repudia.
Contrasta también Chávez con el Dr. Salvador Allende. Se decía que el mandatario chileno le gustaba mucho el buen comer, el arte y vestirse muy bien. Nadie le criticó darse sus gustos, pues lo hacía con su propio dinero.
El Dr. Allende fue el primer socialista que fue electo, por votación popular, presidente de un país. Los otros fueron jefes de Estado, pero ocuparon su posición por medios violentos.
¿Será que hoy día estamos frente a un moderno Luis XIV cuando dijo: “El Estado soy yo”?

101 años de Panamá América

 
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