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Fin


Se acerca el fin del año, fin del siglo, fin del milenio. Contrario a lo que se difunde tenemos que aceptar que todo seguirá igual, amanecerá, atardecerá, anochecerá y volverá a amanecer. Esa es la verdad. Todo lo demás son variaciones sobre el tema.
Ya ocurrió hace mil años. Debemos de reconocer que al principio de este año, aparecieron en los rotativos noticias alarmantes sobre sectas fundamentalistas, que se dirigían a Tierra Santa para presenciar allí el final del milenio y con él la Parusía y el fin del mundo.
Se habla concretamente de dos de ellas: "la de los Cristianos preocupados" y la de los "Cristianos renacidos", cuyos miembros o pretenden cometer suicidio colectivo en la Ciudad santa el último día del milenio o piensan reunirse el mismo día en el Monte de los Olivos, como el lugar más seguro para sobrevivir al cataclismo que se abatirá sobre la humanidad en el 2000. No es la primera vez que esto acontece. Sin ir más lejos, el final del primer milenio fue testimonio de fenómenos parecidos. Una interpretación literalista y anacrónica de la literatura apocalíptica, en especial el capítulo 20 del 1-15, está en la raíz del milenarismo: El Reinado de Cristo con los suyos en la tierra durante mil años y de las posturas sectarias que arrastran a miles de personas, las cuales han perdido el norte de sus vidas y la auténtica fe en el Jesús del Evangelio.
Con tales antecedentes, debemos recordar que la índole y el significado de la literatura, apocalíptica que tuvo sus momentos álgidos en las horas bajas del judaísmo y del cristianismo primitivo y que usando simbolismos y lenguaje críptico y cifrado, típico de los tiempos de persecución, se proponía levantar el ánimo y estimular la esperanza de los creyentes.
Será el Día del Juicio o del Jubileo. "¿Cuál es tu señal de tu llegada y del fin del mundo?" Mt.24,3.
San Agustín cierra sus reflexiones con esta observación: Hay tres actitudes posibles de la persona que desea el retorno del Señor. Uno puede decir: "Estemos alerta y mantengámonos en oración porque su venida es inminente." Otro puede pensar: "Estemos alerta y mantengámonos en oración, porque, aunque el Señor se haga esperar, esta vida es corta e incierta". Un tercero puede reafirmarse en su actitud de espera diciéndose así mismo:
"Estemos alerta y mantengámonos en oración, porque la vida es corta e incierta y no sabemos cuándo vendrá el Señor". Pues bien, concluye el Santo, es esta tercera actitud la que al reconocer su ignorancia, toma más en serio la exhortación del Evangelio a la vigilancia.
La tentación de utilizar las imágenes y lenguaje de distintos pasajes de la Biblia como base para considerar la propia época como la etapa final del mundo ha continuado viva después de las preguntas de Hesiquio a San Agustín en el 418 sobre el fin del mundo, luego del saqueo de Roma en el 410 por Alarico.
El entusiasmo por hallar en las Escrituras indicaciones proféticas claras para poder afirmar que el final esta cerca continúa hoy en día entre muchos cristianos evangélicos, sobre todo, entre iglesias protestantes fundamentalistas. Los hay premilenaristas y postmilenaristas, según esperen el retorno del Señor antes o después del período de paz y concordia que representaría la plenitud del Reino de Dios en la Tierra.
Pese a la gran diversidad de variantes y matices, este tipo de concepción ejerce enorme poder sobre muchas mentes religiosas. Sorprende eso sí, que pese a la cantidad de veces en que ese intentó de datar la fecha de la Parusía (La Venida del Señor) se ha visto desmentido tantas veces por la realidad de las cosas, la expectación apocalíptica continua jugando un papel dominante en numerosos grupos cristianos.
¿A qué se deberá esa insistencia en cambiar de fecha es algo que se escapa a nuestra explicación, de todos modos se seguirá pronosticando con la misma terquedad de siempre.
Ahora bien, nosotros debemos ver el año 2000 como el Año de Gracia?. El Año Jubilar. Año en el que debemos intentar un cambio en nuestras vidas personales y en nuestro modo de proceder colectivamente, lo cual no es tan imposible con el poder de Dios.

101 años de Panamá América

 
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