¡Fin al vía crucis de los darienitas!
El vía crucis es la situación por la que han venido pasando los habitantes de esta importante región de Panamá -y también de Colombia- desde que la descubrieron los españoles hasta hoy.
Al comunicarle hace unos días a mi hermano Norman -quien por 15 años se desempeñó como maestro de escuela primaria en Tucutí y El Real antes de obtener su título de economista en la Universidad de Panamá y regresar a Darién- sobre mi renuncia del cargo de director ejecutivo del Programa de Desarrollo Sostenible de Darién, su reacción instantánea fue recordar el "vía crucis de una región", uno de los títulos que desarrolla la excepcional obra de Teodoro E. Méndez: "El Darién, imagen y proyecciones (1979)". La reacción de mi hermano me sorprendió y me hizo reflexionar. El y yo, como panameños oriundos de Darién, no sólo valoramos la obra de Méndez, sino que la damos a conocer.
Mi hermano vive en carne propia su vía crucis darienita, digno de mencionar, ya que en julio fue víctima de un diagnóstico desacertado del médico Carlos Hutchinson, flamante director médico del centro de salud de Santa Fe, quien le determinó leismaniasis. En el prestigioso Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudio de la Salud le diagnosticaron lo contrario, es decir, que no tenía dicha enfermedad. Pero ya Norman había recibido 30 inyecciones de "stibo-gluconato de sodio" lo que considera le ha producido un desequilibrio en su estado de salud. A esto hay que agregar que al poner al corriente al médico de marras de su diagnóstico incorrecto recibió como respuesta el desplante de "bueno, ¡y qué!". Definitivamente que estos diagnósticos descabellados bien pueden formar parte del título de la obra a que hemos hecho referencia.
Méndez, en "Vía crucis de una región", resume en forma apretada las terribles matanza de que fueron víctima los indígenas, la existencia de la Orden Real de extinción de los nativos darienitas y años después la Cédula Real que ordenó abandonarla, ; el ataque de que fue víctima la región de pitaras ingleses, franceses y holandeses; el fracaso de la colonización escocesa en Darién; la guerra del Chucunaque, por la explotación del caucho negro; las vicisitudes de los darienitas después de la independencia de Colombia, así como la existencia de "funcionarios a mucha distancia de los intereses e inquietudes de gente tan humilde como los darienitas". Este vía crucis de los darienitas lo describe Méndez hasta la segunda mitad de la del década del 60 del siglo pasado. Con ciertas variables, se extiende hasta nuestros días.
A lo anterior hay que agregar el vía crucis que hoy vive el Darién panameño para que se materialice la construcción de la carretera Panamericana entre el puente Bayano y Yaviza. Hay que destacar que esta construcción debió realizarse entre los años 2000 y 2004. El mismo lo constituyen unos 186 kilómetros divididos en cinco tramos. El tramo I, puente Bayano-Tortí, con una longitud de unos 59 km; el tramo II, Tortí-Agua Fría, de 25 km; el tramo III, Agua Fría-Metetí, de unos 51 km (a este tramo se adicionan los 18 km de Metetí a Puerto Quimba); el tramo IV, Metetí-Canglón, de 24 km; y el tramo V, Canglón-Yaviza, de unos 27 km. Se considera que este tramo presenta mayor dificultad en su construcción. Realizada la licitación del quinto y último tramo -el pasado 12 de octubre- el Estado Panameño se apresta a terminar invirtiendo sólo en la construcción de esta parte de la Panamericana, 41 millón 748 mil 062 balboas. ¿Pero en qué consiste el vía crucis en la construcción de esta importante carretera? En la pésima calidad del trabajo realizado. Basta recorrer los tramo I y II para comprobarlo. Se trata de un trabajo "concluido" en el 2003. La constructora de estos dos tramos fue una empresa panameña.
El otro aspecto de la tortura lo constituye el excesivo retraso e incompetencia de otra compañía constructora, en este caso de origen colombiano. Basta igualmente recorrer el tramo III para comprobarlo.
Con relación a los tramos IV y V, sencillamente, la comunidad darienita desconfía que las empresas que han ofrecido los montos más bajos construyan la carretera, no sólo en el tiempo previsto sino con la calidad debida. Y hay que reconocer que en este caso la comunidad tiene toda la razón. ¿Qué cabe en este caso? La organización de la misma que exija la obra a tiempo y con la calidad debida, para dejar de ser entonces la participación un mero "slogan" para convertirse en una acción que ponga fin al largo vía crucis darienita. Confiamos que así será.
Al comunicarle hace unos días a mi hermano Norman -quien por 15 años se desempeñó como maestro de escuela primaria en Tucutí y El Real antes de obtener su título de economista en la Universidad de Panamá y regresar a Darién- sobre mi renuncia del cargo de director ejecutivo del Programa de Desarrollo Sostenible de Darién, su reacción instantánea fue recordar el "vía crucis de una región", uno de los títulos que desarrolla la excepcional obra de Teodoro E. Méndez: "El Darién, imagen y proyecciones (1979)". La reacción de mi hermano me sorprendió y me hizo reflexionar. El y yo, como panameños oriundos de Darién, no sólo valoramos la obra de Méndez, sino que la damos a conocer.
Mi hermano vive en carne propia su vía crucis darienita, digno de mencionar, ya que en julio fue víctima de un diagnóstico desacertado del médico Carlos Hutchinson, flamante director médico del centro de salud de Santa Fe, quien le determinó leismaniasis. En el prestigioso Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudio de la Salud le diagnosticaron lo contrario, es decir, que no tenía dicha enfermedad. Pero ya Norman había recibido 30 inyecciones de "stibo-gluconato de sodio" lo que considera le ha producido un desequilibrio en su estado de salud. A esto hay que agregar que al poner al corriente al médico de marras de su diagnóstico incorrecto recibió como respuesta el desplante de "bueno, ¡y qué!". Definitivamente que estos diagnósticos descabellados bien pueden formar parte del título de la obra a que hemos hecho referencia.
Méndez, en "Vía crucis de una región", resume en forma apretada las terribles matanza de que fueron víctima los indígenas, la existencia de la Orden Real de extinción de los nativos darienitas y años después la Cédula Real que ordenó abandonarla, ; el ataque de que fue víctima la región de pitaras ingleses, franceses y holandeses; el fracaso de la colonización escocesa en Darién; la guerra del Chucunaque, por la explotación del caucho negro; las vicisitudes de los darienitas después de la independencia de Colombia, así como la existencia de "funcionarios a mucha distancia de los intereses e inquietudes de gente tan humilde como los darienitas". Este vía crucis de los darienitas lo describe Méndez hasta la segunda mitad de la del década del 60 del siglo pasado. Con ciertas variables, se extiende hasta nuestros días.
A lo anterior hay que agregar el vía crucis que hoy vive el Darién panameño para que se materialice la construcción de la carretera Panamericana entre el puente Bayano y Yaviza. Hay que destacar que esta construcción debió realizarse entre los años 2000 y 2004. El mismo lo constituyen unos 186 kilómetros divididos en cinco tramos. El tramo I, puente Bayano-Tortí, con una longitud de unos 59 km; el tramo II, Tortí-Agua Fría, de 25 km; el tramo III, Agua Fría-Metetí, de unos 51 km (a este tramo se adicionan los 18 km de Metetí a Puerto Quimba); el tramo IV, Metetí-Canglón, de 24 km; y el tramo V, Canglón-Yaviza, de unos 27 km. Se considera que este tramo presenta mayor dificultad en su construcción. Realizada la licitación del quinto y último tramo -el pasado 12 de octubre- el Estado Panameño se apresta a terminar invirtiendo sólo en la construcción de esta parte de la Panamericana, 41 millón 748 mil 062 balboas. ¿Pero en qué consiste el vía crucis en la construcción de esta importante carretera? En la pésima calidad del trabajo realizado. Basta recorrer los tramo I y II para comprobarlo. Se trata de un trabajo "concluido" en el 2003. La constructora de estos dos tramos fue una empresa panameña.
El otro aspecto de la tortura lo constituye el excesivo retraso e incompetencia de otra compañía constructora, en este caso de origen colombiano. Basta igualmente recorrer el tramo III para comprobarlo.
Con relación a los tramos IV y V, sencillamente, la comunidad darienita desconfía que las empresas que han ofrecido los montos más bajos construyan la carretera, no sólo en el tiempo previsto sino con la calidad debida. Y hay que reconocer que en este caso la comunidad tiene toda la razón. ¿Qué cabe en este caso? La organización de la misma que exija la obra a tiempo y con la calidad debida, para dejar de ser entonces la participación un mero "slogan" para convertirse en una acción que ponga fin al largo vía crucis darienita. Confiamos que así será.