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Fin de labor


Al finalizar nuestra gestión como embajador y ministro plenipotenciario en Italia; representante permanente ante los organismos de las Naciones Unidas en Roma (FAO, FIDA y PMA); y embajador concurrente en Malta, Turquía y San Marino, debo registrar mi satisfacción por una labor cumplida. Con la ayuda del escaso número de colaboradores logramos dejar bien sentado el nombre de nuestro país. Manifiesto con orgullo que hemos contribuido positivamente a estrechar aún más nuestras tradicionales cordiales relaciones con Italia. En reconocimiento de esta labor, recibimos el alto honor de ser condecorados con la Orden de Solidaridad Italiana en el grado de Gran oficial.

Termino mi gestión siendo vicedecano del cuerpo diplomático latinoamericano en Roma. En la misma, respaldamos con éxito los esfuerzos de nuestra cancillería en lograr salir de la llamada “lista negra” de Italia y entrar en su “lista blanca”. Este logro, unido a la firma de un tratado de protección a las inversiones, elimina escollos y facilita la inversión italiana en nuestro país y hace más posible la apertura de bancos italianos, hoy ausentes en nuestro centro bancario.

En la FAO logramos la reelección de Panamá al Consejo de administración y su escogencia como sede de la oficina sub-regional de la FAO para América Central. Además, el suscrito fue escogido, a título personal, como miembro del Comité de finanzas de la FAO para el periodo 2007-09.

El proyecto de ampliación del Canal de Panamá generó amplio interés, por lo que organizamos y participamos en presentaciones sobre el proyecto en numerosas ciudades y auditorios italianos

Limitaciones de recursos han impedido la apertura de embajadas permanentes en Malta y Turquía; los presidentes de ambos países han expresado deseos de solidificar nuestras relaciones con la mutua apertura de embajadas permanentes. Ambos países presentan consideraciones estratégicas y políticas interesantes. Malta, como Panamá, es un país marítimo, con una economía basada en servicios, mantiene un registro marino importante; es, para efectos prácticos, el puerto de entrada del canal de Suez al Mediterráneo. Ha entrado en la zona del euro como paso inicial hacia un ingreso a la Unión Europea.

Turquía, es el país musulmán más occidentalizado. Posee una economía floreciente, con una entrada per cápita similar a la nuestra; una alta penetración bancaria privada con presencia de banca internacional; cuenta con una industria marina importante, un tercio del tráfico marino en aguas bajo su control porta nuestra bandera. Las condiciones políticas de la región han creado interés en los inversionistas turcos en nuevos mercados que incluyen Latinoamérica y Panamá, pero se quejan de las restricciones que les imponemos para viajar aquí. Hay que agilizar el otorgamiento de visas a ciudadanos turcos que involucra aprobación del Consejo de seguridad, un remanente histórico anacrónico.

Debo cerrar con unas reflexiones: Tradicionalmente, nuestros gobiernos tratan a nuestras embajadas en Europa como “embajadas culturales” o, más grave, como “espacios políticos”. Muchos de mis coterráneos aún piensan que los embajadores en Europa venimos a pasar el tiempo entre recepciones y actos culturales. Nada más alejado de la verdad. Además, el alto costo de vida y el cambio monetario desfavorable no nos permiten vivir la supuesta “dolce vita” que muchos asumen disfrutamos.

Mantener la actitud tradicional hacia la embajadas en Europa y no orientarla hacia el concepto moderno de la función profesional de un embajador, limita el acceso y aprovechamiento de recursos y ayudas económicas, culturales, educacionales y de otras naturalezas que el país anfitrión pone a disposición de sus países amigos. Como también limita la promoción de nuestro país.

El embajador de hoy debe ser un profesional, preferiblemente un funcionario diplomático de carrera; el mundo moderno de relaciones diplomáticas así lo exige. Ese concepto moderno del embajador, lo comprenden bien nuestros colegas latinoamericanos, incluyendo los del istmo centroamericano, que equipan sus embajadas con recursos humanos competentes, si bien tan escasos como los nuestros.

La Unión Europea ofrece grandes oportunidades dentro del ámbito diplomático, económico, desarrollo, cultural y científico. El nuevo gobierno tiene la oportunidad de desviarse del método tradicional e impulsar mayor profesionalismo en la estructuración de su nuevo cuerpo diplomático asignado a Europa.

101 años de Panamá América

 
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