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Final feliz de una negociación


Es posible que con tantos proyectos de ley que afectan el bolsillo de todos los panameños, otros temas de gran interés estén relegados por la prensa local a un segundo plano. Por más de 15 años, cuatro administraciones han hecho importantes esfuerzos por conseguir un acuerdo de libre comercio con EU. Durante estos últimos dos años, se han invertido millones de dólares en asesorías, viajes y viáticos y se ha efectuado un arduo trabajo diplomático y técnico que nos coloca a punto de concluir dicho acuerdo.
Es importante recordar al lector que la oficina de negociaciones comerciales del país norteño (USTR), es posiblemente la más pequeña del engranaje gubernamental y por lo tanto, argumenta que no tiene capacidad ni personal suficiente para negociar con países individualmente, a menos que no representen mercados importantes y de mucho atractivo para la economía de ese país. Panamá, obviamente, no encaja en ninguna de las anteriores definiciones.
Como parte involucrada en esa fase de la negociación, que podríamos determinar como la fase diplomática, les puedo decir que se pudo lograr gracias a la ayuda de muchos amigos, locales y extranjeros. Empresarios y funcionarios que con mucha insistencia, dedicación y astucia logramos convencer a la administración Bush de que somos el sitio en la región de mayor interés para la futura seguridad y trasiego comercial con que cuenta ese país y que no íbamos a conformarnos con la oferta de incluirnos en el tratado negociado con Centroamérica (CAFTA).
En noviembre del 2003, ante la sorpresa de los 32 ministros de Comercio del Hemisferio, en Miami, el secretario Robert Zoelick anunció el inicio de las negociaciones bilaterales con Panamá, un gran triunfo para esta pequeña nación.
Es cierto que cuando se negocia un acuerdo de semejante magnitud e importancia hay que tomar en cuenta a todos los sectores que conforman la economía del país y analizar sus fortalezas y debilidades y así presentar, como lo han hecho nuestros negociadores, los mejores argumentos con el objeto de obtener las mayores ventajas posibles para cada sector. Pero también llega la hora en la cual hay que considerar sacrificar algunas aspiraciones y no poner en riesgo el beneficio total de este instrumento legal para la mayoría de los panameños. Conociendo a la contraparte (USTR), me preocupa que si no hay una definición en la próxima ronda, ésta podrían optar por posponer indefinidamente la negociación (archivo X) e iniciar otras tantas que están en lista de espera, quedándonos sin hacha ni calabaza, especialmente ahora que se anuncian cambios al más alto nivel en la dirección del USTR .
Considero que nuestro equipo negociador ha efectuado una labor extraordinaria, ha enfrentado a una contraparte que cuenta con un equipo técnico experimentado, preparado y con muchos recursos, aún así han conseguido mucho más que otros países con equipos multinacionales. Pero la astucia y la suerte tienen un límite y hay que saber cuánta tensión aguanta la cuerda para que no se rompa. Mis contactos en Washington me indican que la próxima va a ser la última ronda, por lo menos por este año. No sé lo que este mensaje significa.
El estribillo común en este caso es: "Nada está negociado hasta que todo esté concluido". Lo cual es lógico, pues, siempre se van dejando para el final los rublos más complicados, denominados "sensitivos", y éstos se ajustan de acuerdo a las posibilidades en la última ronda de las negociaciones, pero esto también implica que se juega el todo en la última baraja.
Cuando se dio inicio a este proceso algunos sectores agrícolas de ambos lados solicitaban exclusión total de sus productos.
En la medida en que se involucraron en la negociación y se han efectuado estudios técnicos y de mercado, han ido realizando que no conviene estar excluidos y que en la mayoría de los casos con un poco de astucia podrían beneficiarse más que perjudicarse, ya que se abre la posibilidad de exportar sus productos al mercado más grande del mundo. Ya no hay exclusión, las ofertas de protección arancelarias y cuotas por un número importante de años darán el tiempo y oportunidad para mejorar o transformar los cultivos. Convencidos ahora que el status quo los ha mantenido año tras año sumergidos en la pobreza y en la incertidumbre, y que sólo un cambio podrá brindarles las posibilidades de un futuro mejor, los productores han ido cambiando posiciones extremas y nos acercamos a un feliz cierre en la próxima ronda.
Tenemos que aceptar que somos una economía de servicios, con mayor crecimiento en las áreas comercial, de finanzas, marítima y portuaria; por otro lado, el único crecimiento que se ha dado en el sector agrícola está en los cultivos no tradicionales para la exportación (melones, sandías, piñas, etc.). Es allí donde podremos lograr mayores inversiones privadas a futuro y hacer crecer el empleo en el interior del país.
Un acuerdo de libre comercio no es una solución a los problemas, pero sí es una herramienta que el inversionista y el productor local y extranjero aprecia, pues determina las reglas del juego y le da una seguridad jurídica más allá que la que ofrecen las cambiantes instituciones gubernamentales. El propio productor con el tiempo dejará de depender de intermediarios que en ocasiones ganan más que ellos sin arriesgar nada. Sabrá con seguridad que el precio de su cosecha no va a depender de una decisión del oficial de turno del MIDA, IMA, MICI y tendrá decisión en cuanto a quiénes se dará y a cuánto ascenderá la próxima cuota anual de importación o exportación.
Confiando en su buen criterio, felicito desde ya al ministro Alejandro Ferrer y a su equipo de negociadores por el excelente trabajo realizado, y a los funcionarios de nuestra embajada en Washington. Además, a los héroes anónimos que sin su perseverancia y creatividad no estaríamos al final de esta negociación.

101 años de Panamá América

 
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