¿Final o sólo el comienzo de la historia?
El de hoy es sin duda el más trascendental día del siglo para Panamá. Es la culminación de la incansable lucha en relevos, de las distintas generaciones de patriotas panameños comprometidos en el ideal de la consolidación de la soberanía y la independencia nacional comprometidas desde el nacimiento mismo de la República.
Mas en modo alguno significa el fin de la historia, a la manera que planteara el escritor norteamericano Francis Fukuyama; todo lo contrario, el día de hoy marca apenas el comienzo de la verdadera historia que nos toca forjar tras haber invertido casi cien años y girar la existencia del país casi exclusivamente en torno al rescate del área canalera cedida a manos extranjeras para la construcción y manejo de la magna obra de comunicación de dos mares.
Difícilmente encontraremos un país que haya empeñado toda su vida, esfuerzos y atención a un solo problema. Generaciones de patriotas, políticos, poetas, músicos, pintores, intelectuales, escultores y estudiantes, hombre y mujeres, hicieron del Canal y su entorno su tema predilecto, sea para achacarle nuestros males, sea como un ideal de conquista o rescate inalcanzable.
Y en esa lucha tenaz, con su saldo de frustración, muertos y heridos, de honor mancillado, de intervenciones armadas, de banderas desgarradas, heridas y ensangrentadas, de interacción diaria con el más fuerte, fuimos fraguando poco a poco, inadvertidamente, nuestra nacionalidad. "Alcanzamos por fin la victoria", inicia el Himno Nacional, sin advertir entonces don Jerónimo de la Ossa, que el verdadero triunfo, la consolidación de la independencia nacional, sería postergado por casi un siglo.
No es empero la plena victoria, sino apenas la oportunidad del verdadero inicio de la historia patria, la que nos permitirá de hoy en adelante dedicar todo nuestro talento y esfuerzo en cumplir con lo que podría ser el destino histórico de este istmo, servir como puente del mundo, derivando con ello progreso y prosperidad para sus nacionales.
La reivindicación de la totalidad territorio nacional y la transferencia de la vía acuática es pues el nacimiento de la segunda república, que nos llega coincidiendo con un nuevo milenio. Ciertamente es un desafío, pero también una oportunidad inigualable, de cuya conquista debemos sentirnos orgullosos por todas las generaciones de patriotas panameños que la hicieron posible.
En consecuencia, no habrá vacío de objetivos, ni carencia de ideales. En adelante habremos de concentrar nuestro esfuerzo en la modernización del Canal, en hacer de él uno de los tantos puntales de nuestro desarrollo, en sacar el mayor provecho colectivo posible a su área circundante, en forjar un esquema de desarrollo que armonice a la ciudad y el campo, entre el progreso y el medio ambiente, en diversificar nuestra economía y hacernos cada vez mejores ciudadanos y un mejor país.
Mas en modo alguno significa el fin de la historia, a la manera que planteara el escritor norteamericano Francis Fukuyama; todo lo contrario, el día de hoy marca apenas el comienzo de la verdadera historia que nos toca forjar tras haber invertido casi cien años y girar la existencia del país casi exclusivamente en torno al rescate del área canalera cedida a manos extranjeras para la construcción y manejo de la magna obra de comunicación de dos mares.
Difícilmente encontraremos un país que haya empeñado toda su vida, esfuerzos y atención a un solo problema. Generaciones de patriotas, políticos, poetas, músicos, pintores, intelectuales, escultores y estudiantes, hombre y mujeres, hicieron del Canal y su entorno su tema predilecto, sea para achacarle nuestros males, sea como un ideal de conquista o rescate inalcanzable.
Y en esa lucha tenaz, con su saldo de frustración, muertos y heridos, de honor mancillado, de intervenciones armadas, de banderas desgarradas, heridas y ensangrentadas, de interacción diaria con el más fuerte, fuimos fraguando poco a poco, inadvertidamente, nuestra nacionalidad. "Alcanzamos por fin la victoria", inicia el Himno Nacional, sin advertir entonces don Jerónimo de la Ossa, que el verdadero triunfo, la consolidación de la independencia nacional, sería postergado por casi un siglo.
No es empero la plena victoria, sino apenas la oportunidad del verdadero inicio de la historia patria, la que nos permitirá de hoy en adelante dedicar todo nuestro talento y esfuerzo en cumplir con lo que podría ser el destino histórico de este istmo, servir como puente del mundo, derivando con ello progreso y prosperidad para sus nacionales.
La reivindicación de la totalidad territorio nacional y la transferencia de la vía acuática es pues el nacimiento de la segunda república, que nos llega coincidiendo con un nuevo milenio. Ciertamente es un desafío, pero también una oportunidad inigualable, de cuya conquista debemos sentirnos orgullosos por todas las generaciones de patriotas panameños que la hicieron posible.
En consecuencia, no habrá vacío de objetivos, ni carencia de ideales. En adelante habremos de concentrar nuestro esfuerzo en la modernización del Canal, en hacer de él uno de los tantos puntales de nuestro desarrollo, en sacar el mayor provecho colectivo posible a su área circundante, en forjar un esquema de desarrollo que armonice a la ciudad y el campo, entre el progreso y el medio ambiente, en diversificar nuestra economía y hacernos cada vez mejores ciudadanos y un mejor país.