Fiscal Cornejo, ejemplar valenta
El país está urgido de ciudadanos y funcionarios como la fiscal Maribel Cornejo. Uno puede o no estar de acuerdo con su proceder jurídico, pero lo que nadie puede escatimarle es su determinación, dignidad y coraje en el cumplimiento de su deber. A ella se le designó para investigar actos de corrupción y eso hizo. Siguió el extremo de un hilo que conducía hacia la máxima corporación de justicia, y no se detuvo hasta que la presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Graciela Dixon, y la procuradora general de la Nación, su superiora, Ana Matilde Gómez, unieron fuerzas para parar aquel tren expreso. Hasta ese momento, habría sido para ella más fácil seguir haciendo lo de todos, hacerse de la vista gorda y mirar hacia otro lado.
Con ella pasó, como en todos los casos, que aquél que pase la raya y se acerque en demasía al nauseabundo aparato que lucra de la corrupción, se convierte de acusador en acusado y enjuiciado, cuando no en desquiciado. Porque, se dice, que sólo alguien que no esté en su sano juicio, sería capaz de desafiar el poderoso aparato delincuencial enquistado en todos los estratos del poder público.
Este diario jamás ha sido pesimista sobre el futuro bienhechor que aguarda el futuro a nuestro país. Y no lo seremos en esta ocasión. Panamá progresa, avanza y crece pese a sus gobernantes mediocres y funcionarios corruptos. Así de bien iluminado por el Creador está. No obstante, necesitará de más ciudadanos como la fiscal Maribel Cornejo para recortar tiempo y sufrimiento en esa senda hacia un mejor mañana. Porque somos un país compuesto de gente, en su mayoría buena, que todavía no se ha decidido a exigir orden y a imponerlo. Pero llegará.
En más de una ocasión reciente, la Asamblea Nacional ha declinado el ejercicio de su facultad constitucional de investigar los cargos que comprometen a los magistrados de la Corte. Casi siempre alega falta de pruebas, por más que obren frente a sus narices; y al menos en dos casos, ha sugerido que carece de facultad para adelantar pesquisa alguna, apuntando para ello, hacia el Ministerio Público. Pues de eso se trata, de un expediente de investigación que adelantaba la fiscal Cornejo, no contra magistrado alguno, sino contra un hecho que podría constituir un delito y comprometer ciudadanos, miembros o no del máximo tribunal.
Obviamente, si de sus pesquisas surgía que los hechos apuntaban hacia un magistrado, remitiría su investigación, terminado su trabajo -no antes- a la Asamblea Nacional. Pero no se le dejó continuar su trabajo. Los poderes se protegen unos a otros.