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Fiscalización de Obras Públicas


Si el Ministerio de Obras Públicas no fiscaliza adecuadamente las obras que encarga o realiza, terminará descubriendo, tras el primer aguacero del invierno, que habrá botado el dinero de los contribuyentes. Además, debe tenerse presente que se trata de parches, no de resaltos o "policías muertos", cosa que no entendieron quienes repararon la autopista Arraiján-La Chorrera y la Interamericana.
La reparación de las calles no necesariamente es pegar parches de piedra y alquitrán. A veces es mejor levantar la placa de hormigón dañada y reemplazarla totalmente. En esto vale el refrán "lo barato sale caro".
Otro detalle es el robo. Si se contratan tantas yardas de asfalto son ésas y no menos. Pero ahora lo que hacen es recortar a ambos lados algunas pulgadas al ancho de la vía con el nuevo material, de modo que se "ahorran" material. Obviamente, repetimos, es un engaño, una estafa.
La calidad del material también es un problema, aunque menos frecuente luego que algunas empresas han sido obligadas a rehacer trabajos y otras han perdido sus bonos de cumplimiento, el asunto sigue siendo tema de fiscalización.
Por otra parte, la supervisión de los pesos y medidas debe ser más celosa. El auge de la construcción ha relajado el respeto de los reglamentos vigentes en esta materia; y alguna suerte de impuesto adicional debe aplicarse a las industrias que se dedican a transportar material y equipo pesado para crear un fondo de reparación, a más de que se les debe obligar a transitar sólo por ciertas rutas para evitar el deterioro de otras vías y prevenir, al mismo tiempo, la ocurrencia de accidentes.

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