Fiscalizadora y propositiva
A partir del próximo 1º de septiembre, al Partido Arnulfista le corresponderá encabezar la oposición, especialmente desde la Asamblea Legislativa.
Como colectivo político, tendremos la segunda bancada en importancia, así como la mayor cantidad de alcaldes y representantes de corregimiento opositores al PRD a lo largo y ancho del país.
Ante el triunfo contundente en las pasadas elecciones de nuestro principal contrincante, tenemos que jugar, con mucha inteligencia, un papel de balance, que impida que el exceso de poder de que gozará el próximo Presidente se traduzca en excesos contra la democracia o contra el bienestar general del país.
El reto que se presenta ante los arnulfistas, en específico, es superar anímica y estructuralmente el estrepitoso fracaso electoral en las pasadas elecciones presidenciales.
Tenemos que superar con éxito el proceso de transición hacia un Partido más moderno y participativo, evitando que en el camino nos resquebrajemos en pequeñas sectas y surjan heridas que luego sea imposible sanar.
Al mismo tiempo, los partidos opositores al PRD, en general, tenemos un gran reto: conformar en los próximos cinco años una alternativa de oposición, coherente e incluyente, partiendo de un escenario, que hoy en día, luce fragmentado y heterogéneo.
No hay fórmulas mágicas para tan monumentales desafíos.
Si queremos ganar las elecciones presidenciales del 2009, no podemos descansar únicamente en la expectativa de los errores y faltas que puedan cometer nuestros adversarios, sino que tenemos que diseñar estrategias hábiles y estructurar planteamientos de fondo que nos conviertan en una opción real, que goce de la credibilidad ciudadana.
En lo personal, como miembro del Partido Arnulfista y Legislador de la República, considero que hay dos caminos que corren paralelos, pero que debemos recorrer a velocidades distintas: por un lado, la reestructuración interna de nuestro Partido; y por otro lado, realizar una intensa labor como Oposición, una oposición que sea, a la vez que fiscalizadora inflexible de la labor gubernamental, propositiva, esto es, que establezca objetivos de cosas por hacer, desde la oposición, y haga propuestas, estructure apoyo político a éstas y logre su concreción, estableciendo una agenda propia y constructiva.
En otras palabras, a mi juicio, el país espera una oposición que no se reduzca a oponerse a todo lo que proponga el Gobierno, sino que sea capaz de hacer un efectivo contrapeso con firmeza e inteligencia, procurando concretar, hacer cosas, en beneficio del país.
El principal desafío político para la sociedad panameña en los próximos años es demostrar que la democracia en Panamá puede funcionar, respetando el querer de las mayorías y las garantías de las minorías, aún cuando un partido político tiene la Presidencia de la República, mayoría clara y sumisa en la Asamblea Legislativa, así como las principales alcaldías y concejos municipales. Eso sin hablar de la influencia que podrá ejercer el Ejecutivo sobre los otros entes de control, como el Organo Judicial, el Tribunal Electoral y la Contraloría, amén de la innegable influencia que puede ejercer el Presidente electo en los principales medios de comunicación, gracias a los vínculos de amistad y de intereses que le unen con propietarios y directivos de varios de estos medios.
Ante ese escenario, evitar que no haya abusos, garantizar que las decisiones de Estado no sean impuestas y que la labor del Gobierno sea efectivamente fiscalizada son algunas de las tareas imprescindibles que deberá realizar la oposición partidista en alianza con sectores de la sociedad civil.
Los próximos cinco años, sin lugar a dudas, para el país en general y en especial, para quienes estaremos en la oposición, serán años de mucho movimiento y de mucha estrategia, pero sobre todo, serán cinco años fundamentales en la consolidación de nuestra democracia.
Como colectivo político, tendremos la segunda bancada en importancia, así como la mayor cantidad de alcaldes y representantes de corregimiento opositores al PRD a lo largo y ancho del país.
Ante el triunfo contundente en las pasadas elecciones de nuestro principal contrincante, tenemos que jugar, con mucha inteligencia, un papel de balance, que impida que el exceso de poder de que gozará el próximo Presidente se traduzca en excesos contra la democracia o contra el bienestar general del país.
El reto que se presenta ante los arnulfistas, en específico, es superar anímica y estructuralmente el estrepitoso fracaso electoral en las pasadas elecciones presidenciales.
Tenemos que superar con éxito el proceso de transición hacia un Partido más moderno y participativo, evitando que en el camino nos resquebrajemos en pequeñas sectas y surjan heridas que luego sea imposible sanar.
Al mismo tiempo, los partidos opositores al PRD, en general, tenemos un gran reto: conformar en los próximos cinco años una alternativa de oposición, coherente e incluyente, partiendo de un escenario, que hoy en día, luce fragmentado y heterogéneo.
No hay fórmulas mágicas para tan monumentales desafíos.
Si queremos ganar las elecciones presidenciales del 2009, no podemos descansar únicamente en la expectativa de los errores y faltas que puedan cometer nuestros adversarios, sino que tenemos que diseñar estrategias hábiles y estructurar planteamientos de fondo que nos conviertan en una opción real, que goce de la credibilidad ciudadana.
En lo personal, como miembro del Partido Arnulfista y Legislador de la República, considero que hay dos caminos que corren paralelos, pero que debemos recorrer a velocidades distintas: por un lado, la reestructuración interna de nuestro Partido; y por otro lado, realizar una intensa labor como Oposición, una oposición que sea, a la vez que fiscalizadora inflexible de la labor gubernamental, propositiva, esto es, que establezca objetivos de cosas por hacer, desde la oposición, y haga propuestas, estructure apoyo político a éstas y logre su concreción, estableciendo una agenda propia y constructiva.
En otras palabras, a mi juicio, el país espera una oposición que no se reduzca a oponerse a todo lo que proponga el Gobierno, sino que sea capaz de hacer un efectivo contrapeso con firmeza e inteligencia, procurando concretar, hacer cosas, en beneficio del país.
El principal desafío político para la sociedad panameña en los próximos años es demostrar que la democracia en Panamá puede funcionar, respetando el querer de las mayorías y las garantías de las minorías, aún cuando un partido político tiene la Presidencia de la República, mayoría clara y sumisa en la Asamblea Legislativa, así como las principales alcaldías y concejos municipales. Eso sin hablar de la influencia que podrá ejercer el Ejecutivo sobre los otros entes de control, como el Organo Judicial, el Tribunal Electoral y la Contraloría, amén de la innegable influencia que puede ejercer el Presidente electo en los principales medios de comunicación, gracias a los vínculos de amistad y de intereses que le unen con propietarios y directivos de varios de estos medios.
Ante ese escenario, evitar que no haya abusos, garantizar que las decisiones de Estado no sean impuestas y que la labor del Gobierno sea efectivamente fiscalizada son algunas de las tareas imprescindibles que deberá realizar la oposición partidista en alianza con sectores de la sociedad civil.
Los próximos cinco años, sin lugar a dudas, para el país en general y en especial, para quienes estaremos en la oposición, serán años de mucho movimiento y de mucha estrategia, pero sobre todo, serán cinco años fundamentales en la consolidación de nuestra democracia.