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¿Flexibilizar la sanidad agropecuaria?


El país que se atreve a darse el lujo de flexibilizar su sanidad agropecuaria es, definitivamente, porque le importa muy poco su sector primario. Hoy vemos con preocupación cómo algunos funcionarios del MIDA, empezando por su ministro y siguiendo por su director de cuarentena, se abocan a tratar de tirar por tierra una ley como lo es la 44 del 1 de agosto de 2001, con el cuento de una flexibilización que permita la importación de productos procedentes de países con enfermedades exóticas que no tiene Panamá.
Dicha ley surgió como una necesidad impostergable de proteger la sanidad agropecuaria de este país, frente a las importaciones de productos y subproductos procedentes de países con enfermedades exóticas que no existen en Panamá. Entre ellas, la encefalopatía espongiforme bovina (mal de las vacas locas), la peste porcina clásica, el newcastle y la fiebre aftosa, frente a las cuales sólo es factible el rifle sanitario, ya que son mortales para la industria ganadera, avícola y porcina de cualquier país.
Cuando la Ley 44 se encontraba en pleno debate, su proponente, el H.L. Laurentino Cortizo, presidente de la Comisión de Comercio de la Asamblea Legislativa, invitó a todos los interesados (gremios ganaderos, profesionales e instituciones) para que emitieran su opinión, con el fin de que dicha ley sirviera para proteger realmente la sanidad agrícola y pecuaria panameña frente a la posible introducción de una enfermedad exótica que pudiera causar estragos en la producción nacional, trayendo consigo no sólo los graves perjuicios económicos que ello acarrearía, sino también provocando un aumento considerable en la tasa de desempleo, desnutrición y pobreza. Lo extraño de todo es que en ese momento, algunos de los que hoy llaman a "flexibilizar esa ley" le dieron su bendición a la misma, y respaldaron al H.L. Cortizo y a los ganaderos, pues estaba de moda el "mal de las vacas locas" y la fiebre aftosa en Europa.
Señores, ésta no es una moda que pasa de "moda", pues las enfermedades están ahí, a la vuelta de la esquina; por ello, Panamá no puede bajar la guardia ni mucho menos ceder a las presiones de los importadores, pues lo que está en riesgo es mucho más que la simple importación de un producto. Aquí lo que está en riesgo es la estabilidad económica y social de todo un sector del país que depende de la actividad agropecuaria. Volver a recuperar una economía como la nuestra, de un país en vías de desarrollo, no sería nada fácil, y por el contrario, sí muy difícil, pues volver a ganar la confianza de un mercado nacional e internacional, es especialmente traumático; si no observen el caso de Inglaterra con las vacas locas y después la fiebre aftosa; miren el caso de Argentina donde la industria ganadera ha estado a punto de colapsar por esta fiebre. Entonces, ¿por qué exponer la sanidad agropecuaria a los vaivenes inseguros de una importación?
Panamá, como bien lo señala la Ley 23 del 15 julio de 1997, es soberana para acogerse a las medidas de protección sanitaria que así estime conveniente, y esa Ley 44 del 1 de agosto de 2001 que hoy pretende el MIDA "flexibilizar" para permitir la importación de productos elaborados con materia prima de origen animal (bovino, porcino y avícola) es hoy la única defensa real con que cuentan nuestros productores; pues incluye además sanciones tanto para aquellos que permiten una importación riesgosa como para el que la solicita y la comercializa.
¿Creen ustedes que después de haber vivido los ganaderos europeos esas dos graves enfermedades, aceptarían flexibilizar sus leyes para permitir la importación de algún producto que podría poner, aunque sea en riesgo mínimo su producción ganadera o agrícola? Definitivamente, no. Entonces, ¿por qué los panameños tenemos que ser los más aperturistas; por qué tenemos que correr un riesgo permitiendo la introducción de productos importados procedentes de países afectados con enfermedades exóticas que no existen aquí?
Nadie se opone a la importación de productos, subproductos, equipos, etc., siempre y cuando sea de países libres de enfermedades que no existen en este país, pues hay que recordar que algunas de éstas son zoonosis, o sea transmisibles al ser humano. La pregunta que cabe es: ¿Por qué nuestras autoridades agropecuarias practican ese adagio de "luz para la calle y oscuridad para su casa"? Hay influenza aviar en Estados Unidos (declarada desde abril/02) y en Chile (declarada este mes de junio/02), entonces ¿por qué todavía no han reaccionado nuestras autoridades, así como lo hicieron muy efectivamente con el brote de peste porcina en Costa Rica? Ya en México y Honduras prohibieron las importaciones de productos y subproductos avícolas, así como aves vivas de esos dos países; entonces ¿por qué Panamá teniendo una importante industria avícola aún no ha tomado ninguna acción al respecto?
Señores de Cuarentena del MIDA, ¿por qué los productores y los consumidores de este país debemos aceptar que ustedes flexibilicen nuestras medidas sanitarias? Recuerden que Panamá como país soberano tiene todo el derecho de mantener esas medidas sanitarias, y ustedes, como funcionarios, tienen el deber de velar por su aplicación. Si eso es así, nos preguntamos, ¿por qué han violado la Ley 44 (la cual ahora pretenden flexibilizar) permitiendo la importación de productos provenientes de países aftosos?
*La autora es especialista en periodismo agropecuario y directora de Ecos del Agro.
(blancagomez@tutopia.com)

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