Fondos del SIACAP, ¿una alternativa?
Teóricamente, la variación de los gastos globales, llámesele de consumo, inversión o de gobierno, determinan el nivel de la actividad económica nacional. Entiéndase, entre mayor sean estos gastos, la dinámica económica será superior. Con apego a esta máxima, guarda sentido la intensión de liberar los fondos del SIACAP (arriba de 300 millones). No obstante, cabe comentar ciertos rasgos de nuestra alicaída economía, a fin de advertir sobre algunas consecuencias de esta posible medida.
Evidentemente, la ausencia de un crecimiento sostenido de mayor proporción en nuestra economía, se explica por la caída del consumo, condicionada a la vez, por la retirada de los norteamericanos del área del Canal, lo que significa un faltante monetario mayor de 150 millones al año "99, según Boletín del MEF. Igualmente cabe destacar la coyuntura inflacionaria del mercado petrolero que conlleva a una mayor fuga de dinero por tratarse de un país importador de este rubro. Colateralmente se varía la estructuración del gasto del consumidor en perjuicio de otros bienes y servicios.
El efecto nocivo sobre los gastos totales proviene, muy particularmente, de la aplicación de política privatizadoras, con ventas de activos públicos a transnacionales (la telefonía, energía eléctrica, entre otros). Esto ha derivado en transferencias de utilidades con efectos multiplicadores en otros mercados, generando el vacío respectivo de circulante en la economía local. La contracción de los gastos vino por el agotamiento de la capacidad de endeudamiento de sectores con ingresos medios, hacia arriba, pero tradicionalmente deficitarios.
En otras palabras, la economía panameña experimenta hoy, lo que algunos economistas advertían: insuficiencia de circulante efectivo, pues parte de sus propios generadores se agota. En medio de un modelo de actividad económica que enfatiza el déficit de la balanza comercial, casi en una proporción exportación-importación de 1-4, esta situación sugiere la inminente interrupción de la rotación continua del capital, pues al faltar el circulante no se puede vender ni tampoco importar.
A la luz de estas circunstancias, una propuesta que permite el uso de un dinero equivalente a los ahorros canalizados por el SIACAP mediante títulos negociables, promete aumentar la oferta monetaria, y por esta vía, los gastos de consumo y un mayor crecimiento. Sin embargo, ante este aspecto de expectativa racional cabe preguntarse: ¿Se convertirá esta medida en "pan para hoy y hambre para mañana" para un gran segmento de la población? ¿Se estará atentando con el logro de mejores días en el futuro?
Seguramente será preocupante contar en un futuro, no muy lejano, con un contingente extra de jubilados protestándole al resto de la sociedad por lo bajo de sus ingresos, sin querer recordar que tenían que haber practicado el ahorro en los años de su mayor productividad, no sólo como garantía de un bienestar individual en el futuro sino social, toda vez que ello promueve hábitos similares en las nuevas generaciones que no querrán verse reflejadas en el espejo del jubilado de hoy.
Sentimos que la medida en cuestión no deja de ser conspiradora de la "cultura del ahorro", de hecho nada o poco practicaba en este país, concebida como base para la inversión, promotora de la expansión a partir de recursos propios y no ajenos, en sectores como el primario y secundario de la economía que coadyuve a la conversión de carácter transitista de la misma y deficitario de su comercio exterior.
Evidentemente, la ausencia de un crecimiento sostenido de mayor proporción en nuestra economía, se explica por la caída del consumo, condicionada a la vez, por la retirada de los norteamericanos del área del Canal, lo que significa un faltante monetario mayor de 150 millones al año "99, según Boletín del MEF. Igualmente cabe destacar la coyuntura inflacionaria del mercado petrolero que conlleva a una mayor fuga de dinero por tratarse de un país importador de este rubro. Colateralmente se varía la estructuración del gasto del consumidor en perjuicio de otros bienes y servicios.
El efecto nocivo sobre los gastos totales proviene, muy particularmente, de la aplicación de política privatizadoras, con ventas de activos públicos a transnacionales (la telefonía, energía eléctrica, entre otros). Esto ha derivado en transferencias de utilidades con efectos multiplicadores en otros mercados, generando el vacío respectivo de circulante en la economía local. La contracción de los gastos vino por el agotamiento de la capacidad de endeudamiento de sectores con ingresos medios, hacia arriba, pero tradicionalmente deficitarios.
En otras palabras, la economía panameña experimenta hoy, lo que algunos economistas advertían: insuficiencia de circulante efectivo, pues parte de sus propios generadores se agota. En medio de un modelo de actividad económica que enfatiza el déficit de la balanza comercial, casi en una proporción exportación-importación de 1-4, esta situación sugiere la inminente interrupción de la rotación continua del capital, pues al faltar el circulante no se puede vender ni tampoco importar.
A la luz de estas circunstancias, una propuesta que permite el uso de un dinero equivalente a los ahorros canalizados por el SIACAP mediante títulos negociables, promete aumentar la oferta monetaria, y por esta vía, los gastos de consumo y un mayor crecimiento. Sin embargo, ante este aspecto de expectativa racional cabe preguntarse: ¿Se convertirá esta medida en "pan para hoy y hambre para mañana" para un gran segmento de la población? ¿Se estará atentando con el logro de mejores días en el futuro?
Seguramente será preocupante contar en un futuro, no muy lejano, con un contingente extra de jubilados protestándole al resto de la sociedad por lo bajo de sus ingresos, sin querer recordar que tenían que haber practicado el ahorro en los años de su mayor productividad, no sólo como garantía de un bienestar individual en el futuro sino social, toda vez que ello promueve hábitos similares en las nuevas generaciones que no querrán verse reflejadas en el espejo del jubilado de hoy.
Sentimos que la medida en cuestión no deja de ser conspiradora de la "cultura del ahorro", de hecho nada o poco practicaba en este país, concebida como base para la inversión, promotora de la expansión a partir de recursos propios y no ajenos, en sectores como el primario y secundario de la economía que coadyuve a la conversión de carácter transitista de la misma y deficitario de su comercio exterior.