Forjadores de sueños
Hace unos días recibí una llamada telefónica de un viejo amigo torrijista de la primera hora. De aquellos que se sumaron a la causa del General por convicción y no por comisión, tan pronto reconocieron que Omar se preocupaba y ocupaba de las necesidades de la gente humildes, porque al parecer también las había padecido. Me decía este copartidario que se está organizando un acto en reconocimiento a un hombre que sin lugar a dudas fue el artífice y la inspiración de este partido extraordinario que ha sobrevivido y desafiado a lo largo de veinte años; la manipulación de los militares, la indiferencia y conveniencia de algunos de sus dirigentes y hasta la negación en ocasiones de sus postulados. Y es que en la mente de Ascanio Villalaz, su creador espiritual, este ente político fue fraguado con la clara concepción que debería de ser un organismo dinámico y vivo, que amalgamara en su seno a gente de todos los estratos de nuestra sociedad, para que nadie jamás creyera que era su dueño y que estuviese basado en la permanente consulta y participación de las grandes mayorías y en la más pura decisión democrática a la hora de escoger a sus dirigentes y a sus candidatos a puestos de elección.
Todavía recuerdo las jornadas de hace 2 décadas cuando junto a idealista como Inés y Daniel Robleto, Ovigildo Herrera y César Robles, recorríamos todos los círculos electorales de la nación, difundiendo y discutiendo sobre los principios y bases programáticas de este nuevo partido, que comenzaba a enraizarse en el alma de los que menos tienen, al tiempo que la teoría que lo sustentaba, era puesta en práctica por el gobierno de Torrijos.
Yo estoy convencido que los tiempos cambian y que debemos de amoldarnos a las nuevas circunstancias pero no estoy muy seguro de que el hambre y la desnutrición hayan cambiado de imagen, la enfermedad de aroma, el analfabetismo de color y la desocupación y la desesperanza de textura. Probablemente lo que sí ha cambiado son las marcas de los carros la ubicación y costo de las viviendas o el monto de las cuentas bancarias de algunos de nuestros ideólogos originales, a quienes se les está olvidando de dónde vienen y a fuerza de entrar al Club Unión y de andar por el primer mundo, están por creer que nacieron en Europa y que acá llegaron porque los trajo la cigüeña.
De una cosa no tengo duda algunas, y es de que a pesar de todos los vientos neoliberales que recorren el mundo descarnando la piel de los descamisados, Ascanio Villalaz se hubiera esforzado de manera permanente para que el producto del crecimiento y desarrollo integral, que todos deseamos para nuestro país, hubiese llegado también a la mayor cantidad de panameños en el día a día de la subsistencia, mientras avanzamos con las luces largas hacia el siglo XX1, que al parecer nos espera pletórico de bienestar y felicidad. Es muy cómodo para una gran cantidad de pseudodirigentes progresistas, expresar en voz baja, que están en espera de la inminente crisis de esta sociedad de consumo, mientras se pasean en carros de lujos, lejos del mundanal ruido y de quienes hacen super en Cerro Patacón y sus sucursales.
Creo que por la memoria de Ascanio y Omar, dos forjadores de sueños quienes jamás morirán porque viven en nuestros corazones, es ahora de que el PRD reasuma con valentía y pragmatismo político, el sendero que nos trazamos y del cual quizás sin quererlo nos hemos ido apartando. En este momento recuerdo una frase de los jesuitas que reza, "de qué te sirve ganar todo el mundo si pierdes tu alma", lo que traducido al contexto de la política sería como de qué te sirve elevar el ingreso per cápita de tu país, si todavía persisten grandes bolsones de postergación con gente desocupada o mal pagada, a quienes definitivamente no les alcanza para asumir con plena responsabilidad y sin el auxilio del Estado, la provisión a sus familias de la alimentación, vivienda, salud, educación y recreación de manera suficiente y adecuada.
Todavía recuerdo las jornadas de hace 2 décadas cuando junto a idealista como Inés y Daniel Robleto, Ovigildo Herrera y César Robles, recorríamos todos los círculos electorales de la nación, difundiendo y discutiendo sobre los principios y bases programáticas de este nuevo partido, que comenzaba a enraizarse en el alma de los que menos tienen, al tiempo que la teoría que lo sustentaba, era puesta en práctica por el gobierno de Torrijos.
Yo estoy convencido que los tiempos cambian y que debemos de amoldarnos a las nuevas circunstancias pero no estoy muy seguro de que el hambre y la desnutrición hayan cambiado de imagen, la enfermedad de aroma, el analfabetismo de color y la desocupación y la desesperanza de textura. Probablemente lo que sí ha cambiado son las marcas de los carros la ubicación y costo de las viviendas o el monto de las cuentas bancarias de algunos de nuestros ideólogos originales, a quienes se les está olvidando de dónde vienen y a fuerza de entrar al Club Unión y de andar por el primer mundo, están por creer que nacieron en Europa y que acá llegaron porque los trajo la cigüeña.
De una cosa no tengo duda algunas, y es de que a pesar de todos los vientos neoliberales que recorren el mundo descarnando la piel de los descamisados, Ascanio Villalaz se hubiera esforzado de manera permanente para que el producto del crecimiento y desarrollo integral, que todos deseamos para nuestro país, hubiese llegado también a la mayor cantidad de panameños en el día a día de la subsistencia, mientras avanzamos con las luces largas hacia el siglo XX1, que al parecer nos espera pletórico de bienestar y felicidad. Es muy cómodo para una gran cantidad de pseudodirigentes progresistas, expresar en voz baja, que están en espera de la inminente crisis de esta sociedad de consumo, mientras se pasean en carros de lujos, lejos del mundanal ruido y de quienes hacen super en Cerro Patacón y sus sucursales.
Creo que por la memoria de Ascanio y Omar, dos forjadores de sueños quienes jamás morirán porque viven en nuestros corazones, es ahora de que el PRD reasuma con valentía y pragmatismo político, el sendero que nos trazamos y del cual quizás sin quererlo nos hemos ido apartando. En este momento recuerdo una frase de los jesuitas que reza, "de qué te sirve ganar todo el mundo si pierdes tu alma", lo que traducido al contexto de la política sería como de qué te sirve elevar el ingreso per cápita de tu país, si todavía persisten grandes bolsones de postergación con gente desocupada o mal pagada, a quienes definitivamente no les alcanza para asumir con plena responsabilidad y sin el auxilio del Estado, la provisión a sus familias de la alimentación, vivienda, salud, educación y recreación de manera suficiente y adecuada.