Fórmula Carter para Venezuela
El recién designado premio Nobel de la Paz y ex presidente norteamericano, Jimmy Carter, ha propuesto una fórmula que podría significar una salida honrosa para las partes en conflicto en Venezuela, donde se desarrolla un paro por parte de los opositores al régimen del presidente Hugo Chávez que ya alcanza los 52 días. Carter plantea que se escoja entre realizar un referéndum revocatorio en agosto que removería o confirmaría al mandatario en el poder o, en su lugar, que se abrevie el plazo de mandato constitucional que es de 6 años, de los cuales le restan 3.
El Consejo Electoral venezolano había decidido en diciembre pasado la realización de un referéndum revocatorio el mes próximo, el cual fue sin embargo rechazado por Chávez y declarado inconstitucional por la Corte Suprema, decisión ésta que no ha acatado ni reconocido el citado organismo electoral que alega su propia autonomía jurisdiccional en sustento de su negativa.
En parte, la inconstitucionalidad había sido declarada porque la Carta Magna, cuya aprobación promoviera el propio Chávez, señala también al mes de agosto, esto es cumplida la mitad del mandato de gobierno, para que tenga lugar a nivel presidencial la consulta revocatoria.
Todo esto es interesante para nosotros los panameños, que carecemos de instituciones tan novedosas como la del referéndum revocatorio popular a todos los niveles; y que vale la pena discutir en el marco de una eventual reforma constitucional. Por lo demás, si el término de duración de gobierno que hoy tenemos es de 5 años y nos parece largo, a los atribulados venezolanos, 6 años les parece eterno, como lo demuestra el actual conflicto.
La Organización de Estados Americanos (OEA), a través de su Secretario General, César Gaviria, está también mediando en la controversia, que tiene a la industria petrolera del país de Bolívar, al borde de la bancarrota, sin aportar hasta ahora ninguna solución que no sea respetar las reglas constitucionales y democráticas. Y en este sentido, la fórmula de Carter tiene la virtud de satisfacer ambos extremos.
Una cosa es cierta, no hay lugar para una salida por la fuerza en Venezuela, salvo para provocar males peores a aquellos que se desea resolver. La solución tiene que surgir por la vía del diálogo y la negociación, la misma que, en nuestro turno, no nos permitió la dictadura de Noriega, con los trágicos resultados conocidos. Y más en el hermano país, que está dividido en dos mitades, una “chavista” y otra en contra.
Que Chávez sea un dictador, es cierto. Pero también es verdad que ha realizado más referéndum democráticos que gobierno alguno en nuestros tiempos y los ha ganado todos.
Igual es cierto que él no tiene culpa de la crisis económica, moral y social que padece Venezuela. El es más bien un producto de la crisis, no su causa. Por eso, insistimos en que se busque una salida negociada y electoral al problema.
El Consejo Electoral venezolano había decidido en diciembre pasado la realización de un referéndum revocatorio el mes próximo, el cual fue sin embargo rechazado por Chávez y declarado inconstitucional por la Corte Suprema, decisión ésta que no ha acatado ni reconocido el citado organismo electoral que alega su propia autonomía jurisdiccional en sustento de su negativa.
En parte, la inconstitucionalidad había sido declarada porque la Carta Magna, cuya aprobación promoviera el propio Chávez, señala también al mes de agosto, esto es cumplida la mitad del mandato de gobierno, para que tenga lugar a nivel presidencial la consulta revocatoria.
Todo esto es interesante para nosotros los panameños, que carecemos de instituciones tan novedosas como la del referéndum revocatorio popular a todos los niveles; y que vale la pena discutir en el marco de una eventual reforma constitucional. Por lo demás, si el término de duración de gobierno que hoy tenemos es de 5 años y nos parece largo, a los atribulados venezolanos, 6 años les parece eterno, como lo demuestra el actual conflicto.
La Organización de Estados Americanos (OEA), a través de su Secretario General, César Gaviria, está también mediando en la controversia, que tiene a la industria petrolera del país de Bolívar, al borde de la bancarrota, sin aportar hasta ahora ninguna solución que no sea respetar las reglas constitucionales y democráticas. Y en este sentido, la fórmula de Carter tiene la virtud de satisfacer ambos extremos.
Una cosa es cierta, no hay lugar para una salida por la fuerza en Venezuela, salvo para provocar males peores a aquellos que se desea resolver. La solución tiene que surgir por la vía del diálogo y la negociación, la misma que, en nuestro turno, no nos permitió la dictadura de Noriega, con los trágicos resultados conocidos. Y más en el hermano país, que está dividido en dos mitades, una “chavista” y otra en contra.
Que Chávez sea un dictador, es cierto. Pero también es verdad que ha realizado más referéndum democráticos que gobierno alguno en nuestros tiempos y los ha ganado todos.
Igual es cierto que él no tiene culpa de la crisis económica, moral y social que padece Venezuela. El es más bien un producto de la crisis, no su causa. Por eso, insistimos en que se busque una salida negociada y electoral al problema.