Fórmula de retroceso
España presenta una de las economías más boyantes del mundo. País que exportaba seres humanos, por su inestabilidad y otras precarias condiciones, agravadas por cruenta guerra civil, al momento, y para admiración de la comunidad internacional, recibe oleadas de personas que buscan y encuentran trabajo, bienestar y prosperidad para sus familias.
Lo que se ha llamado el "milagro español", simple y llanamente, es producto de los pactos de la Moncloa; es decir, de la voluntad colectiva de ir en pos de mejores días, partiendo, básicamente, de la concertación de sus líderes que entendieron que la concordia y el consenso, dentro de las lógicas divergencias democráticas, constituyen cimientos para el desarrollo.
Estas reflexiones son pertinentes efectuarlas con motivo de la visita a Latinoamérica de José María Aznar, artífice mayor de tan positivo cambio.
En una conferencia sustentada en República Dominicana, el ex presidente del Gobierno español ha manifestado que "a más globalización, más desarrollo, y a menos globalización, más pobreza". Esta es una verdad objetiva y aleccionadora, especialmente para las naciones que aún viven sujetas a las taras del pasado, a políticas belicosas, excluyentes y limitantes y, por tanto, al subdesarrollo.
Aznar también ha señalado que la receta que forman Hugo Chávez y Fidel Castro es pésima, ya que con su modelo peligran la libertad y la democracia, que el mandatario venezolano está haciendo lo posible para expandir su modelo político a la región y que el riesgo es contaminante, particularmente para Bolivia, Ecuador o Colombia, por cuanto esa fórmula está regada de petrodinero. Iguales argumentaciones habría que hacer en lo atinente a los países centroamericanos, si se analiza sus idénticas condiciones sociológicas y geopolíticas.
A lo que conduce dicha fórmula es únicamente al constante engaño, la dictadura vitalicia, la opresión para quienes piensan diferente (recuérdese los centenares de escritores y periodistas que están prisioneros en las mazmorras cubanas), la pobreza y la desesperanza. El pensamiento y la lucha de Simón Bolívar son todo lo contrario a las teorías y prácticas marxistas. El Libertador fue blanco de los insultos más atroces por parte de Carlos Marx.
Fue muy triste el papel que hicieron, en la reciente cumbre de presidentes, en Argentina, el exaltado Chávez y Maradona, ex astro del fútbol, sumido en el abismo moral y la crónica desorientación, a consecuencia de las drogas.
Lo que se ha llamado el "milagro español", simple y llanamente, es producto de los pactos de la Moncloa; es decir, de la voluntad colectiva de ir en pos de mejores días, partiendo, básicamente, de la concertación de sus líderes que entendieron que la concordia y el consenso, dentro de las lógicas divergencias democráticas, constituyen cimientos para el desarrollo.
Estas reflexiones son pertinentes efectuarlas con motivo de la visita a Latinoamérica de José María Aznar, artífice mayor de tan positivo cambio.
En una conferencia sustentada en República Dominicana, el ex presidente del Gobierno español ha manifestado que "a más globalización, más desarrollo, y a menos globalización, más pobreza". Esta es una verdad objetiva y aleccionadora, especialmente para las naciones que aún viven sujetas a las taras del pasado, a políticas belicosas, excluyentes y limitantes y, por tanto, al subdesarrollo.
Aznar también ha señalado que la receta que forman Hugo Chávez y Fidel Castro es pésima, ya que con su modelo peligran la libertad y la democracia, que el mandatario venezolano está haciendo lo posible para expandir su modelo político a la región y que el riesgo es contaminante, particularmente para Bolivia, Ecuador o Colombia, por cuanto esa fórmula está regada de petrodinero. Iguales argumentaciones habría que hacer en lo atinente a los países centroamericanos, si se analiza sus idénticas condiciones sociológicas y geopolíticas.
A lo que conduce dicha fórmula es únicamente al constante engaño, la dictadura vitalicia, la opresión para quienes piensan diferente (recuérdese los centenares de escritores y periodistas que están prisioneros en las mazmorras cubanas), la pobreza y la desesperanza. El pensamiento y la lucha de Simón Bolívar son todo lo contrario a las teorías y prácticas marxistas. El Libertador fue blanco de los insultos más atroces por parte de Carlos Marx.
Fue muy triste el papel que hicieron, en la reciente cumbre de presidentes, en Argentina, el exaltado Chávez y Maradona, ex astro del fútbol, sumido en el abismo moral y la crónica desorientación, a consecuencia de las drogas.