Fracaso del modelo económico
El deterioro de las condiciones sociales, producto de la globalización comercial, es cada vez mayor. Ya nadie discute esta situación, ahora se habla de la necesidad de la implementación de medidas rectificativas para subsanar los grandes males creados por las despiadadas medidas económicas del neoliberalismo. Resulta que los conocidos "Tigres del Asia", que tanto nos ponían de ejemplo como la meta a alcanzar, se han convertido en tristes tigres tinaqueros. Ahora requieren de enormes empréstitos para sobrevivir. Se les agotó el combustible y vienen en vertiginosa caída de picada. ¿Entonces de qué estamos hablando? Tanto padecimiento y sacrificio para volver a las mismas? ¡Todo es una falacia! Pero lo peor es que todavía escuchamos a los dirigentes de nuestro gobierno hablar de "mejoras en la economía" y otro poco de pamplinadas.
En este orden de ideas el resumen del informe del Banco Mundial de 1995, ya en ese entonces, nos decía que "en los países tanto ricos como pobres se está acentuando la inseguridad a medida que el avance tecnológico, la intensificación de las relaciones internacionales y el debilitamiento de las estructuras sociales tradicionales aparentemente amenazan con eliminar empleos, reducir salarios, socavar el apoyo que necesitan los ancianos. Tampoco se puede decir que el crecimiento económico y la mayor integración hayan resuelto el problema de la pobreza y la miseria en el mundo. Al contrario, es posible que los pobres aumenten aún más en número a medida que la población activa del mundo, que comprende en la actualidad 2,500 millones de personas, ascienda a 3,700 millones en el plazo de 30 años. Más de 1,000 millones de personas subsisten, con un ingreso diario de un dólar e incluso menos, y dependen en su gran mayoría del ingreso miserable que obtienen de su arduo trabajo. En muchos países, los trabajadores no tienen representación alguna y trabajan en condiciones insalubres, peligrosos y degradantes. Entretanto, hay en el mundo unos 120 millones de desocupados, y varios millones más han perdido la esperanza de encontrar trabajo".
Recientemente un diario local, en su sección económica, intituló a cuatro columnas: "Hay 139,107 desocupados" y al desarrollar acotaba que un incremento del 0.6% en la Población Económicamente Activa arrojó un incremento entre los desocupados.
Y eso que el sistema que se emplea para medir la desocupación no es el más apropiado puesto a que el cálculo se hace con base a la Población Económicamente Activa, o sea, aquella que ha trabajado alguna vez y no toma en cuenta la población que nunca ha trabajado y que no puede hacerlo por no tener dónde. A esta categoría pertenecen miles de personas como lo son los estudiantes que abandonan sus estudios para buscar trabajo que no encuentran, los egresados de las escuelas y universidades que tampoco hallan trabajo, la cantidad de mujeres que por exigencias de la vida tienen que abandonar los hogares y recurrir a buscar trabajo para ayudar a la economía hogareña y no les es posible lograrlo, etc. Si al actual porcentaje de desocupados que de acuerdo con la Contraloría General de la República es del 13.2%, agregamos este ingente ejército de panameños que pertenecen a las categorías antes indicadas, sin duda el porcentaje de desocupados sería mayor, quizás por el orden del 20%, un escándalo. ¡Ah! y qué decir de los sub empleados que apenas si devengan una cuarta parte del salario mínimo y que no están incluidos tampoco en el porcentaje anunciado por la Contraloría. La situación es realmente alarmante y digna de nuestra primerísima atención. No existe, a nuestro entender, problema de mayor envergadura social.
Claro que esta triste situación no es exclusiva nuestra. Existe también en otros países y continentes pero allá sí se le presta atención. Muy recientemente, el 20 de noviembre del año pasado, representantes de 15 gobierno y Estados europeos se reunieron en Luxemburgo en la que se ha denominado La Primera Cumbre sobre el Empleo con el grave reto de buscar soluciones al problema del paro que afecta alrededor de 18 millones de ciudadanos europeos. Esta cumbre extraordinaria tuvo como objetivo único "combatir en forma coordinada la lucha contra el desempleo". Se ha llegado al grado de conciencia de que no pueden dejarlo todo a la retórica, aunque la capacidad de maniobra es reducida, dado a los compromisos de la Unión Europea. Se impusieron el objetivo cuantificado de reducir el paro en Europa al 7% para el año 2,000 mediante la creación de 12 millones de empleos. Muchas han sido las propuestas tales como el disminuir la jornada laboral a 35 horas semanales pero, en esencia, son dos las propuestas mínimas aceptadas entre los Estados europeos y estas son el extender la formación hasta el 25% de la población en paro y el conceder "una oportunidad" a los jóvenes tras seis meses inscritos en el paro y a los adultos tras un año. La "oportunidad" puede significar un empleo, un cursillo de formación o una beca.
La reunión, aunque con resultados humildes tiene importancia, desde el punto de vista de que además del crecimiento económico los gobiernos deben hacer converger sus metas laborales y que tras los criterios de Maastricht, de ahora en adelante, deben estar los objetivos de Luxemburgo, es decir que las discusiones traten más sobre la gente que sobre las reglas de la industria y comercio.
En este orden de ideas el resumen del informe del Banco Mundial de 1995, ya en ese entonces, nos decía que "en los países tanto ricos como pobres se está acentuando la inseguridad a medida que el avance tecnológico, la intensificación de las relaciones internacionales y el debilitamiento de las estructuras sociales tradicionales aparentemente amenazan con eliminar empleos, reducir salarios, socavar el apoyo que necesitan los ancianos. Tampoco se puede decir que el crecimiento económico y la mayor integración hayan resuelto el problema de la pobreza y la miseria en el mundo. Al contrario, es posible que los pobres aumenten aún más en número a medida que la población activa del mundo, que comprende en la actualidad 2,500 millones de personas, ascienda a 3,700 millones en el plazo de 30 años. Más de 1,000 millones de personas subsisten, con un ingreso diario de un dólar e incluso menos, y dependen en su gran mayoría del ingreso miserable que obtienen de su arduo trabajo. En muchos países, los trabajadores no tienen representación alguna y trabajan en condiciones insalubres, peligrosos y degradantes. Entretanto, hay en el mundo unos 120 millones de desocupados, y varios millones más han perdido la esperanza de encontrar trabajo".
Recientemente un diario local, en su sección económica, intituló a cuatro columnas: "Hay 139,107 desocupados" y al desarrollar acotaba que un incremento del 0.6% en la Población Económicamente Activa arrojó un incremento entre los desocupados.
Y eso que el sistema que se emplea para medir la desocupación no es el más apropiado puesto a que el cálculo se hace con base a la Población Económicamente Activa, o sea, aquella que ha trabajado alguna vez y no toma en cuenta la población que nunca ha trabajado y que no puede hacerlo por no tener dónde. A esta categoría pertenecen miles de personas como lo son los estudiantes que abandonan sus estudios para buscar trabajo que no encuentran, los egresados de las escuelas y universidades que tampoco hallan trabajo, la cantidad de mujeres que por exigencias de la vida tienen que abandonar los hogares y recurrir a buscar trabajo para ayudar a la economía hogareña y no les es posible lograrlo, etc. Si al actual porcentaje de desocupados que de acuerdo con la Contraloría General de la República es del 13.2%, agregamos este ingente ejército de panameños que pertenecen a las categorías antes indicadas, sin duda el porcentaje de desocupados sería mayor, quizás por el orden del 20%, un escándalo. ¡Ah! y qué decir de los sub empleados que apenas si devengan una cuarta parte del salario mínimo y que no están incluidos tampoco en el porcentaje anunciado por la Contraloría. La situación es realmente alarmante y digna de nuestra primerísima atención. No existe, a nuestro entender, problema de mayor envergadura social.
Claro que esta triste situación no es exclusiva nuestra. Existe también en otros países y continentes pero allá sí se le presta atención. Muy recientemente, el 20 de noviembre del año pasado, representantes de 15 gobierno y Estados europeos se reunieron en Luxemburgo en la que se ha denominado La Primera Cumbre sobre el Empleo con el grave reto de buscar soluciones al problema del paro que afecta alrededor de 18 millones de ciudadanos europeos. Esta cumbre extraordinaria tuvo como objetivo único "combatir en forma coordinada la lucha contra el desempleo". Se ha llegado al grado de conciencia de que no pueden dejarlo todo a la retórica, aunque la capacidad de maniobra es reducida, dado a los compromisos de la Unión Europea. Se impusieron el objetivo cuantificado de reducir el paro en Europa al 7% para el año 2,000 mediante la creación de 12 millones de empleos. Muchas han sido las propuestas tales como el disminuir la jornada laboral a 35 horas semanales pero, en esencia, son dos las propuestas mínimas aceptadas entre los Estados europeos y estas son el extender la formación hasta el 25% de la población en paro y el conceder "una oportunidad" a los jóvenes tras seis meses inscritos en el paro y a los adultos tras un año. La "oportunidad" puede significar un empleo, un cursillo de formación o una beca.
La reunión, aunque con resultados humildes tiene importancia, desde el punto de vista de que además del crecimiento económico los gobiernos deben hacer converger sus metas laborales y que tras los criterios de Maastricht, de ahora en adelante, deben estar los objetivos de Luxemburgo, es decir que las discusiones traten más sobre la gente que sobre las reglas de la industria y comercio.