Francia defiende la democracia
En la primera vuelta electoral, Jacques Chirac apenas arañó el 20 por ciento de los votos. En el segundo turno, el presidente reeleccionista alcanzó el superlativo porcentaje de más del 80 por ciento de los votos que antes resultaba utópico. La causa de la superabundancia política tiene nombre propio: Jean Marie Le Pen.
Ante el temor de la victoria del candidato del racismo xenófobo y del antintegracionismo europeo, Francia se volcó por entero en defensa de sus tradiciones republicanas, a tal punto de borrar las diferencias ideológicas entre derechistas y socialistas y disipar la abulia de los abstinentes de la primera vuelta para repeler al representante del extremismo fascista.
Los politólogos han empezado a analizar las motivaciones subyacentes del fenómeno que llevó a la inusual unidad electoral entre derechistas e izquierdistas. Investigarán también las raíces profundas de la posición xenófoba del Frente Nacional de Le Pen, quizás partiendo de la Acción Nacional del escritor Charles Maurras y de los antecedentes históricos del régimen pro nazi del Mariscal Petain, establecido en Vichy durante la ocupación alemana.
Dentro de las variedades ideológicas presentes en Francia coexistió, al lado de las fracciones moderadas de derecha y de los matices de la izquierda socialista y marxista, una tendencia afortunadamente minoritaria proclive a un nacionalismo extremado rayano en la xenofobia. Pero en los anales políticos recientes esa tendencia extremista no llegó a los niveles alcanzados por Le Pen, por motivos que se esclarecerán poco a poco. Ortega y Gasset dijo en una ocasión que en Francia existen numerosas tradiciones políticas y que es un país que las acoge a todas democráticamente, pero la constante mayoritaria se inclina a los postulados de libertad, igualdad y fraternidad consagrados por la Revolución Francesa.
Jacques Chirac recibe en este segundo período un compromiso político de carácter plesbicitario, pues las más importantes corrientes ideológicas lo respaldaron para que defienda la pluralidad de las tradiciones republicanas amenazadas por el fascismo.
No somos nosotros a quienes nos toca juzgar las verdaderas intenciones de nadie y mucho menos de un religioso, ni tememos el derecho de usurpar lo que es potestad del Supremo Creador, pero ya dejó de ser un "tabú" el poder discutir públicamente las acciones y los temas que en una forma u otra afectan a nuestra Iglesia Católica y tienen repercusiones en nuestra sociedad.
Ante el temor de la victoria del candidato del racismo xenófobo y del antintegracionismo europeo, Francia se volcó por entero en defensa de sus tradiciones republicanas, a tal punto de borrar las diferencias ideológicas entre derechistas y socialistas y disipar la abulia de los abstinentes de la primera vuelta para repeler al representante del extremismo fascista.
Los politólogos han empezado a analizar las motivaciones subyacentes del fenómeno que llevó a la inusual unidad electoral entre derechistas e izquierdistas. Investigarán también las raíces profundas de la posición xenófoba del Frente Nacional de Le Pen, quizás partiendo de la Acción Nacional del escritor Charles Maurras y de los antecedentes históricos del régimen pro nazi del Mariscal Petain, establecido en Vichy durante la ocupación alemana.
Dentro de las variedades ideológicas presentes en Francia coexistió, al lado de las fracciones moderadas de derecha y de los matices de la izquierda socialista y marxista, una tendencia afortunadamente minoritaria proclive a un nacionalismo extremado rayano en la xenofobia. Pero en los anales políticos recientes esa tendencia extremista no llegó a los niveles alcanzados por Le Pen, por motivos que se esclarecerán poco a poco. Ortega y Gasset dijo en una ocasión que en Francia existen numerosas tradiciones políticas y que es un país que las acoge a todas democráticamente, pero la constante mayoritaria se inclina a los postulados de libertad, igualdad y fraternidad consagrados por la Revolución Francesa.
Jacques Chirac recibe en este segundo período un compromiso político de carácter plesbicitario, pues las más importantes corrientes ideológicas lo respaldaron para que defienda la pluralidad de las tradiciones republicanas amenazadas por el fascismo.
No somos nosotros a quienes nos toca juzgar las verdaderas intenciones de nadie y mucho menos de un religioso, ni tememos el derecho de usurpar lo que es potestad del Supremo Creador, pero ya dejó de ser un "tabú" el poder discutir públicamente las acciones y los temas que en una forma u otra afectan a nuestra Iglesia Católica y tienen repercusiones en nuestra sociedad.