Frases célebres o simple charlatanería
En estas elecciones la lucha por alcanzar votos y salir electo(a), ha llevado a los candidatos a hacer uso de una imaginación extraordinaria, lo que dirán algunos o de monumentales ocurrencias, dirán otros. La ciudad está inundada de pancartas, carteles, y toda clase de signos y símbolos alusivos a las bondades de cada candidato y sus promesas, algunas insulsas, otras descabelladas y pocas acertadas.
Llama la atención aquellas frases que supuestamente ensalzan dizque las virtudes del susodicho, pero que en muchos casos realmente “no dicen nada que valga medio”. Así vemos cómo algunos candidatos resaltan su larga permanencia en el puesto, y se promueven diciendo algo así: “De nuevo voy, vota por mí”; otros que se lanzan por primera vez lo enfatizan diciendo: “Ya ahora sí voy ya”. Otros sobre enfatizan sus pasiones como un valor agregado para el logro de sus aspiraciones políticas. Pero, como le digo a la gente, los candidatos más bien deberían resaltar sus competencias en relación con el puesto al que aspiran, ya que eso lo que los electores queremos o deberíamos saber para ver si sirven o no.
Algunos candidatos advierten el que “ahora sí puedo ser candidato”, dejando a los ciudadanos con la interrogante, ¿y por qué antes no? Quizás fue por maldad que le cerraron la puerta, o se le cerró por el propio peso de sus iniquidades. Pero por ahora toca vivir con la duda, ya que nadie va aclarar nada, después de todo como dijo un ilustre pensador, la política es el paraíso de los charlatanes.
“Aquí estoy por si no me han visto”, parece ser otro clamor de los que entran a esta vorágine por primera vez. Andan como “arriera sin pestaña” buscando a ver cómo logran convencernos de que ellos son los que dicen ser. Pero, a algunos se les va la mano, especialmente los que irreverentemente recurren a glosas religiosas, ya sea para ensalzarse o compararse con las divinidades, produciendo más náuseas que adherentes.
Todos hablan y opinan acerca de los demás, sacándoles los trapos sucios, reales o imaginarios, pero sin ver los suyos. Por eso es que este proceso ha sido un derroche de procacidades, de conspiraciones peligrosas de las que nadie se salva y de bochinches tan enmarañados como cerebro de loco.
Louis Dumur dijo una frase que nos debe servir de reflexión: “La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos”. Si esto es cierto, no hay nada que hacer sino esperar el siniestro desenlace de este torneo electoral, ya que, quien sea que gane dará lo mismo (aunque hay unos peores que otros). Si no es cierto, tenemos la esperanza de que entre esta barahúnda de locos y cuerdos haya alguien con decencia que sí piense en la gente, que responda a sus patrones, que somos nosotros y nos deba fidelidad.
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