Frecuencia electoral
En veinte años los panameños hemos acudido a las urnas en cuatro ocasiones para renovar a todos nuestros dirigentes políticos: desde el Presidente de la República hasta el más recóndito concejal o representante de corregimiento. Reitero, en 20 años cada panameño hemos elegido cuatro presidentes, cuatro diputados, cuatro alcaldes y cuatro concejales; es dramático que en veinte años nos consultan cuatro veces salvo excepciones como en el referéndum.
Resulta imperativo entonces, reformar a fondo el sistema electoral panameño; hacer que se justifique electoralmente la existencia de un tribunal electoral permanente que no tiene justificación alguna en su sentido de permanencia ya que solamente organiza elecciones una vez cada cinco años. No parece justo con la esperanza democrática de las masas la cual encuentra su máxima expresión en la pulcritud del torneo electoral.
El hecho de que un gobernante sea electo no es patente de corso para hacer y deshacer. Debería tenerse el mecanismo jurídico electoral idóneo para medir la aceptación de su mandato. Es decir: las elecciones intermedias, por así llamarlas, en las cuales se escoge escalonadamente una porción de los diputados, de los concejales, de los alcaldes, y por qué no, de los gobernadores. De esta forma superaríamos el irrespeto presidencial de tener al pueblo y a su partido de rehén de su mayoría legislativa durante cinco años. Cabe recordar que este sistema es el que impera en los países de mayor fuerza democrática: Estados Unidos (que en Noviembre celebra comicios), Chile, Colombia, Argentina, para citar pocos ejemplos solo de América.
Mientras no se permita al pueblo panameño acudir con mayor frecuencia a las urnas para expresar sus malestares y opiniones políticas y rotar no sólo a las autoridades para un cambio generalizado de todos sus dignatarios, sino para cambios parciales que permitan el monitoreo de la opinión de la voluntad popular a sus gobernantes electos en un momento histórico dado, no podremos hablar con seriedad de torneos electorales en donde la voluntad del pueblo se toma en cuenta para una legítima gobernabilidad del país.
Lo mínimo que la responsabilidad histórica nos reclama como hacedores de la historia a los ciudadanos es la creación y activación militante de un comité para elecciones independientes que nos permita ir marcando derroteros hacia una mayor vida electoral para el pueblo panameño.
Finalmente he encontrado a sacerdotes y diáconos en la catedral de Fresing, donde también ya fui ordenado presbitero".
El Papa ha pedido disculpas, una y otra vez, que han sido recibidas por unos pero por otros quieren más disculpas o muestras de reparación. ¿A saber cuáles?
El 4 de enero subió a un avión procedente de Miami, donde al llegar fue recluido en el condado Dade en espera de juicio.
Noriega fue condenado a 40 años de prisión como prisionero de guerra.
En Panamá quedan huellas imborrables y aún hay quienes se preguntan qué pasó con todos sus bienes, entre ellos sus residencias.
Resulta imperativo entonces, reformar a fondo el sistema electoral panameño; hacer que se justifique electoralmente la existencia de un tribunal electoral permanente que no tiene justificación alguna en su sentido de permanencia ya que solamente organiza elecciones una vez cada cinco años. No parece justo con la esperanza democrática de las masas la cual encuentra su máxima expresión en la pulcritud del torneo electoral.
El hecho de que un gobernante sea electo no es patente de corso para hacer y deshacer. Debería tenerse el mecanismo jurídico electoral idóneo para medir la aceptación de su mandato. Es decir: las elecciones intermedias, por así llamarlas, en las cuales se escoge escalonadamente una porción de los diputados, de los concejales, de los alcaldes, y por qué no, de los gobernadores. De esta forma superaríamos el irrespeto presidencial de tener al pueblo y a su partido de rehén de su mayoría legislativa durante cinco años. Cabe recordar que este sistema es el que impera en los países de mayor fuerza democrática: Estados Unidos (que en Noviembre celebra comicios), Chile, Colombia, Argentina, para citar pocos ejemplos solo de América.
Mientras no se permita al pueblo panameño acudir con mayor frecuencia a las urnas para expresar sus malestares y opiniones políticas y rotar no sólo a las autoridades para un cambio generalizado de todos sus dignatarios, sino para cambios parciales que permitan el monitoreo de la opinión de la voluntad popular a sus gobernantes electos en un momento histórico dado, no podremos hablar con seriedad de torneos electorales en donde la voluntad del pueblo se toma en cuenta para una legítima gobernabilidad del país.
Lo mínimo que la responsabilidad histórica nos reclama como hacedores de la historia a los ciudadanos es la creación y activación militante de un comité para elecciones independientes que nos permita ir marcando derroteros hacia una mayor vida electoral para el pueblo panameño.
Finalmente he encontrado a sacerdotes y diáconos en la catedral de Fresing, donde también ya fui ordenado presbitero".
El Papa ha pedido disculpas, una y otra vez, que han sido recibidas por unos pero por otros quieren más disculpas o muestras de reparación. ¿A saber cuáles?
El 4 de enero subió a un avión procedente de Miami, donde al llegar fue recluido en el condado Dade en espera de juicio.
Noriega fue condenado a 40 años de prisión como prisionero de guerra.
En Panamá quedan huellas imborrables y aún hay quienes se preguntan qué pasó con todos sus bienes, entre ellos sus residencias.