FRENADESSO al poder
Si los dirigentes del Frente Nacional por la Defensa de la Seguridad Social (FRENADESSO) lo que persiguen es imponer al Presidente de la República sus criterios sobre qué decidir y cómo gobernar, bien harían en dar sustancia a la idea -nacida de sus propias filas- de convertirse en partido político a fin de procurar ganar el poder por los votos, no por los tranques y las piedras.
Las reglas del rejuego democrático muestran el camino. Las protestas son bienvenidas, pero dentro de cierto límite, salvaguardando siempre los derechos de terceros y el orden público. Pero si de remover a un gobernante se trata, la fuerza no tiene cabida sino el mecanismo constitucional de las elecciones cada cinco años.
Dentro de esas reglas, puede que no nos guste el gobierno, ni sus ministros, ni legisladores, ni alcaldes, ni la administración de justicia que deviene de la gestión de ellos, pero al menos tenemos la opción de cambiarlos cada cinco años mediante el ejercicio del sufragio. Pero elige siempre la mayoría, mientras los demás, debemos respetarlo, por más que critiquemos y nos opongamos, acatando siempre el orden y las autoridades legalmente constituidas.
Las mismas reglas nos permiten también tomar el poder, pero por los votos, con el favor de las mayorías. Y quienes no seamos favorecidos por éstas, tenemos derecho a expresarnos con respeto y con la mayor amplitud; pero sin pretender subvertir el sistema, ni sus instituciones, que son el basamento sobre el cual se erige el país.
Las reglas del rejuego democrático muestran el camino. Las protestas son bienvenidas, pero dentro de cierto límite, salvaguardando siempre los derechos de terceros y el orden público. Pero si de remover a un gobernante se trata, la fuerza no tiene cabida sino el mecanismo constitucional de las elecciones cada cinco años.
Dentro de esas reglas, puede que no nos guste el gobierno, ni sus ministros, ni legisladores, ni alcaldes, ni la administración de justicia que deviene de la gestión de ellos, pero al menos tenemos la opción de cambiarlos cada cinco años mediante el ejercicio del sufragio. Pero elige siempre la mayoría, mientras los demás, debemos respetarlo, por más que critiquemos y nos opongamos, acatando siempre el orden y las autoridades legalmente constituidas.
Las mismas reglas nos permiten también tomar el poder, pero por los votos, con el favor de las mayorías. Y quienes no seamos favorecidos por éstas, tenemos derecho a expresarnos con respeto y con la mayor amplitud; pero sin pretender subvertir el sistema, ni sus instituciones, que son el basamento sobre el cual se erige el país.