Frontera: la paz necesaria
Un día como hoy, hace 35 años, Colón vivió la represión y el conflicto de alta intensidad. Como respuesta a las protestas estudiantiles y ciudadanas por el asesinato de Juan Navas, la Guardia Nacional se abatió sobre la población con un saldo de tres muertos, heridos y detenidos. Esa dura jornada la compartí -entre otros- con Rómulo Emiliani, ambos estudiantes abelistas. Estoy seguro que el horror de esos acontecimientos sumados a los del 9 de enero, dos años antes, marcaron la vocación de paz y justicia de los que las sufrimos.
Siete lustros después, los asesinatos siguen impunes, pero mi amigo Rómulo -Obispo del Darién- está fuera del país como producto de las amenazas contra su vida, por su compromiso con los pobres y vivencia integral del cristianismo. A él le dedico esta columna, pues en sus escritos desgarrados por el dolor de la ausencia está ejemplificado los peligros del impacto de la crisis y guerra colombiana en nuestro país, pero también las esperanzas en un mundo mejor. "Sé agarrarme de la esperanza y sostenerme con manos de hierro" escribió el poeta Guillermo Delgado.
Ambos lados de la frontera colombo panameña forman una unidad parcial, pues están estructurados en regiones con condiciones y realidades muy similares. Constituyen poblaciones pluriculturales en pobreza o extrema pobreza instaladas sobre territorios ricos en biodiversidad, recursos naturales terrestres y acuáticos, minerales, con poca presencia del Estado y la sociedad civil nacional, situadas en la mira de grandes intereses económicos globales. Las diferencias se encuentran en la dimensión espacial y caudal poblacional, los procesos políticos de ambos países y la violencia armada que invade progresivamente ambas regiones, directa(Colombia) o indirectamente(Panamá).
La crisis colombiana se expresa en un epicentro de multiviolencia, que tienen complejas raíces estructurales y genera efectos perjudiciales en la sociedad panameña. El escalamiento del conflicto armado y la profundización de la crisis colombiana tiene repercusiones en la Frontera Este y el contexto socioeconómico político nacional, situación que empeorará con la aplicación del Plan Colombia. Panamá debe establecer sus estrategias y articulaciones para contrarrestar las repercusiones del conflicto y la crisis colombiana, que debe estar estructuradas sobre la base de una visión integral, democrática, equitativa e incluyente.
Quiero sumar la posibilidad de constituir a la región de la Frontera Este como Zona de Paz. Es bueno recordar que organizaciones ecologistas y de derechos humanos de Ecuador buscan espacios para lograr la creación de una zona de paz en la frontera con Colombia. La propuesta es que la zona de paz esté ubicada en tres provincias colindantes con Colombia constituyendo un cordón para evitar la guerra o sus secuelas. Ecuador y Colombia comparten una frontera de 600 kilómetros, cerca de Putumayo, uno de los principales objetivos dentro del Plan. La propuesta de los activistas se contrapone al "Plan de reactivación de la zona nororiental", que el gobierno del presidente ecuatoriano Gustavo Noboa prepara, tendiente a desarrollar la zona al tiempo que conformar un contingente militar disuasivo que evite la incursión de grupos armados colombianos en el país. Organizaciones ecológicas insisten en esta propuesta, ya que la posible aerofumigación en Colombia de sembradíos de coca con hongos ocasionarían "daños ecológicos irreparables a toda la amazonía y (...) pueden considerarse armas químicas". (Reuter)
La zona de paz en la región fronteriza puede parecer utópica, pero no lo es, aunque es una gestión difícil dada la complejidad de la situación que se atraviesa ante el escalamiento de la crisis y guerra en la hermana nación colombiana.
Panamá, también, debe establecer una política de desplazamiento sobre la base de elementos como estos:(Ver Comisión Interamericana de Derechos Humanos. OEA. Tercer Informe sobre la situación de los Derechos Humanos en Colombia): El Estado panameño debe requerir a todas sus instituciones y agentes respetar las normas internacionales y nacionales relativas a los desplazados y refugiados, en particular la obligación de respetar los derechos a la vida, integridad física y seguridad personal de los desplazados. Debe coordinar con el Estado colombiano el reasentamiento o regreso a los lugares habituales de residencia. El retorno deben efectuarse de manera voluntaria, y en condiciones de seguridad y dignidad. Debe desarrollar una campaña comunicativa sobre la situación de los desplazados enfatizando su calidad de población civil, no combatiente ni asimilable a ninguna de las partes en el conflicto
El Estado panameño debe ejecutar los programas de asistencia humanitaria y de desarrollo en coordinación con entidades internacionales con experticia en el tema, asegurando que se facilite el alojamiento adecuado, se cumpla con las reglas básicas en materia de salud e higiene, y se respeten las unidades familiares y el contexto cultural. Debe garantizar el respeto por parte de todas las autoridades nacionales y locales, elegidas o designadas, de los principios de igualdad y no discriminación a los desplazados internos, para evitar situaciones de rechazo. En coordinación con el Estado colombiano, debe documentar a los desplazados, tomando en cuenta la experiencia de varios países de la región y la cooperación de las organizaciones con experiencia en esta tema. Debe fortalecer la presencia y coordinación del sector internacional para compartir y coordinar programas eficaces de atención que permitan soluciones coherentes y duraderas.
Es necesario que estalle la paz, pero esto exige compromiso de todos y todas en función de una visión y acción conjunta, que nos permita conjugar momentos de tanto peligro. A Colón el recuerdo de los caídos y afectados. Para Rómulo, un abrazo solidario. (raulleisr@hotmail.com)
Siete lustros después, los asesinatos siguen impunes, pero mi amigo Rómulo -Obispo del Darién- está fuera del país como producto de las amenazas contra su vida, por su compromiso con los pobres y vivencia integral del cristianismo. A él le dedico esta columna, pues en sus escritos desgarrados por el dolor de la ausencia está ejemplificado los peligros del impacto de la crisis y guerra colombiana en nuestro país, pero también las esperanzas en un mundo mejor. "Sé agarrarme de la esperanza y sostenerme con manos de hierro" escribió el poeta Guillermo Delgado.
Ambos lados de la frontera colombo panameña forman una unidad parcial, pues están estructurados en regiones con condiciones y realidades muy similares. Constituyen poblaciones pluriculturales en pobreza o extrema pobreza instaladas sobre territorios ricos en biodiversidad, recursos naturales terrestres y acuáticos, minerales, con poca presencia del Estado y la sociedad civil nacional, situadas en la mira de grandes intereses económicos globales. Las diferencias se encuentran en la dimensión espacial y caudal poblacional, los procesos políticos de ambos países y la violencia armada que invade progresivamente ambas regiones, directa(Colombia) o indirectamente(Panamá).
La crisis colombiana se expresa en un epicentro de multiviolencia, que tienen complejas raíces estructurales y genera efectos perjudiciales en la sociedad panameña. El escalamiento del conflicto armado y la profundización de la crisis colombiana tiene repercusiones en la Frontera Este y el contexto socioeconómico político nacional, situación que empeorará con la aplicación del Plan Colombia. Panamá debe establecer sus estrategias y articulaciones para contrarrestar las repercusiones del conflicto y la crisis colombiana, que debe estar estructuradas sobre la base de una visión integral, democrática, equitativa e incluyente.
Quiero sumar la posibilidad de constituir a la región de la Frontera Este como Zona de Paz. Es bueno recordar que organizaciones ecologistas y de derechos humanos de Ecuador buscan espacios para lograr la creación de una zona de paz en la frontera con Colombia. La propuesta es que la zona de paz esté ubicada en tres provincias colindantes con Colombia constituyendo un cordón para evitar la guerra o sus secuelas. Ecuador y Colombia comparten una frontera de 600 kilómetros, cerca de Putumayo, uno de los principales objetivos dentro del Plan. La propuesta de los activistas se contrapone al "Plan de reactivación de la zona nororiental", que el gobierno del presidente ecuatoriano Gustavo Noboa prepara, tendiente a desarrollar la zona al tiempo que conformar un contingente militar disuasivo que evite la incursión de grupos armados colombianos en el país. Organizaciones ecológicas insisten en esta propuesta, ya que la posible aerofumigación en Colombia de sembradíos de coca con hongos ocasionarían "daños ecológicos irreparables a toda la amazonía y (...) pueden considerarse armas químicas". (Reuter)
La zona de paz en la región fronteriza puede parecer utópica, pero no lo es, aunque es una gestión difícil dada la complejidad de la situación que se atraviesa ante el escalamiento de la crisis y guerra en la hermana nación colombiana.
Panamá, también, debe establecer una política de desplazamiento sobre la base de elementos como estos:(Ver Comisión Interamericana de Derechos Humanos. OEA. Tercer Informe sobre la situación de los Derechos Humanos en Colombia): El Estado panameño debe requerir a todas sus instituciones y agentes respetar las normas internacionales y nacionales relativas a los desplazados y refugiados, en particular la obligación de respetar los derechos a la vida, integridad física y seguridad personal de los desplazados. Debe coordinar con el Estado colombiano el reasentamiento o regreso a los lugares habituales de residencia. El retorno deben efectuarse de manera voluntaria, y en condiciones de seguridad y dignidad. Debe desarrollar una campaña comunicativa sobre la situación de los desplazados enfatizando su calidad de población civil, no combatiente ni asimilable a ninguna de las partes en el conflicto
El Estado panameño debe ejecutar los programas de asistencia humanitaria y de desarrollo en coordinación con entidades internacionales con experticia en el tema, asegurando que se facilite el alojamiento adecuado, se cumpla con las reglas básicas en materia de salud e higiene, y se respeten las unidades familiares y el contexto cultural. Debe garantizar el respeto por parte de todas las autoridades nacionales y locales, elegidas o designadas, de los principios de igualdad y no discriminación a los desplazados internos, para evitar situaciones de rechazo. En coordinación con el Estado colombiano, debe documentar a los desplazados, tomando en cuenta la experiencia de varios países de la región y la cooperación de las organizaciones con experiencia en esta tema. Debe fortalecer la presencia y coordinación del sector internacional para compartir y coordinar programas eficaces de atención que permitan soluciones coherentes y duraderas.
Es necesario que estalle la paz, pero esto exige compromiso de todos y todas en función de una visión y acción conjunta, que nos permita conjugar momentos de tanto peligro. A Colón el recuerdo de los caídos y afectados. Para Rómulo, un abrazo solidario. (raulleisr@hotmail.com)