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Frontera y multiviolencia


El territorio panameño vecino de la línea fronteriza, sigue constituyendo para la mayoría de la población una especie de "far west" (far east, en todo caso) mirado como una zona ignota, ubérrima, salvaje, vacía y ahora también ardiente como producto del conflicto colombiano.

Las regiones fronterizas son espacios terrestres y/o acuáticos donde se tocan la presencia soberana de Estados diversos. En el caso de la Frontera Este (provincia de Darién, comarcas Kuna Yala, Emberá y Wargandí), este espacio ha estado desvinculado efectivamente del desarrollo y la acción social del Estado, sin vías de comunicación modernas. Es expresión de una periferia excluida, y es vista como un ente, separado y segregado del resto del territorio y su población, cuando no es así.

La exclusión histórica de la región Frontera Este por su rol periférico y extractivista crea las condiciones suficientes para acentuar la extrema vulnerabilidad de la zona. Es un espacio común de pobreza y exclusión social, pues ambos lados de la frontera tienen un bajo índice de poblamiento, densidad de población y un alto nivel de pobreza. Se tocan dos realidades en la línea divisoria: del otro lado, un país de 30 millones de habitantes envuelto en un conflicto armado y en una espiral de multiviolencia; y de este lado, un país de tres millones desarmado y desmilitarizado, que corre el peligro de la resurrección de militarismos internos peligrosos para su democracia y de la militarización externa amenazante de su soberanía.

Con la crisis y el conflicto que atraviesa la sociedad colombiana, la construcción geopolítica de la región Frontera Este está envuelta en parte de las contradicciones emanadas de esa situación, y se constituye en una prolongación del conflicto colombiano del cual no somos  inmunes. La crisis colombiana se centra en una sociedad profundamente dividida y armada por grupos de intereses contrapuestos.

La frontera se encuentra muy cerca del vórtice del huracán, próxima a un activo teatro de guerra. La multiviolencia, guerrilleros, paramilitares, ejército, narcotráfico y delincuencia común se disputan sitios claves para sus respectivas estrategias y proyectos. En sus planes ven el territorio fronterizo como un espacio de refugio para unos, pero que atrae como imán la represalia o acciones de castigo de otros, lo que puede tener como efecto pérdida de vida, daños a la economía y la violación de los derechos humanos de la población que allí reside. El país mismo no escapa de esta situación que se proyecta en algunas de las situaciones de violencia y crimen organizado.

Es clave aumentar la vigilancia y seguridad en la frontera sin por ello militarizarnos, pero al mismo tiempo debe enfatizarse en el desarrollo socioeconómico y la descentralización. Sería un positivo abrir un espacio amplio de diálogo sobre un tema que nos afecta a todos y todas, y a partir de ello tomar mejores y más provechosas iniciativas.

raulleisr@hotmail.com

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