Frustración educativa
Todo parece indicar que nuevamente se repetirá la frustración educativa de todos los años. Habrá escuelas que no cuentan con las instalaciones mínimas necesarias al iniciar clases en marzo; habrá aulas de clases con maestros ausentes, porque no habrán sido nombrados aún; y como colofón, el panorama estará debidamente sazonado con amenazas tempranas de huelga por parte de los gremios de educadores.
Es la frustración educativa, o más bien la frustración en el sector educativo, porque dicha frustración no tiene nada de educativa, pues el Estado nunca aprende a hacer las cosas bien. Sería bueno que la actual Ministra de Educación rindiera cuentas de qué está haciendo para aliviar las deficiencias de las escuelas, al tiempo que propicia la reforma de la entidad central. Nos gustaría saber en qué consistió el “cambio” en materia educativa, y si tenemos algo de que alegrarnos en la sociedad.
Una actitud amable con los educadores y sus gremios es indispensable para que no se rompa el diálogo ante el desacuerdo, pues es la única manera de entendernos antes de llevar el conflicto a las calles. Cuando la rabia y la protesta ya han ocupado las aceras y avenidas, y las pancartas de protesta ondean más firmes que la enseña nacional, ya es demasiado tarde para hacer una promesa. Es un intento vano para enderezar un árbol que arrancó torcido. El momento de la acción es ahora, pues quizás todavía queda algo de tiempo para prevenir una nueva frustración en las escuelas. Pronto veremos si las autoridades están a la altura de los retos.