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Frustración y esperanza


Si hemos de encontrar culpables de lo sucedido con un grupo de estudiantes del Instituto Nacional, que se dedicaron por tres días consecutivos a cerrar calles y tirar piedras, tendremos que levantar el dedo acusador contra padres de familia y educadores, quienes no han sabido inculcar valores a sus hijos y alumnos. Es lamentable ver el espectáculo de jóvenes que aparecen enmascarados, ocultando su identidad como delincuentes comunes para atacar con piedras a un enemigo inexistente. Esto pone en duda la capacidad de sus educadores para enseñarles formas de comportamiento que vayan de la mano con el desarrollo humano.
Sería inútil buscar razones adultas que justifiquen su actuar. A esa edad no están en condiciones de analizar con sabiduría algunos de los complejos temas que se debaten en el mundo de hoy. Para eso precisamente están en las aulas de clases donde deben recibir la preparación necesaria que los convierta en la esperanza de un futuro mejor. Con este fin, invertimos todo el esfuerzo de un escuálido presupuesto familiar y estatal.
Pero existe un alto porcentaje de hogares donde el padre no está presente como ejemplo orientador a sus hijos, porque irresponsablemente abandonó sus deberes para seguir el camino del desorden social perseguido solamente por pensiones alimenticias que sirven nada más, para aliviar sus conciencias, pero que nunca reemplazarán el vacío que dejan en sus familias disueltas.
Si más adelante este joven carente de formación moral básica cae en manos de un educador que también abandona sus deberes para dedicarse a la política, suspendiendo labores en contra de la decisión de las autoridades a las que debe respeto, o que los incita para que reemplacen sus libros por biombos, o que les tolera de manera permisiva actitudes indebidas, hemos completado las distorsiones del carácter que producen los resultados que hoy lamentamos.
Ya sea por imitación de lo que ven en otras latitudes, o actuando como simples marionetas de intereses mezquinos, o simplemente para divertirse jugando al gato y al ratón con los agentes del orden público, los jóvenes que así actúan sin guía ni orientación están desvirtuando la misión de aprender que les encomienda la sociedad. Lo que se espera de ellos es dedicación al estudio para que luego puedan actuar con propiedad cuando así les corresponda aportando su saber y su voluntad en la solución de los graves problemas sociales que afronta la Nación.
Los hechos ocurridos alimentan nuestra frustración frente al destino de nuestra sociedad y únicamente recobramos la esperanza cuando reconocemos que solamente se trata de un pequeño grupo de revoltosos que se aprovechan de nuestra actitud tolerante; pero que existe una gran mayoría de jóvenes y de educadores responsables que construyen la reserva moral de la patria de la que depende la riqueza, la justicia y la paz en Panamá y en el mundo.
Quisiera anotar que cuando el Lic. Guillermo Endara fue presidente de la República, también fue duramente criticado, y luego de finalizado su período, muchos se han dado cuenta del valor que tuvo un presidente como él, y es arnulfista; hoy día tal vez no entendamos el gobierno de la Primera Mujer Presidenta de nuestro Panamá, pero quiero señalar que ser Presidenta o Presidente de un país que fluctúa entre: la salida de las bases militares, los efectos de la globalización y privatización y la crisis económica que agobia a los países del sur, específicamente Argentina, Colombia, Perú y Venezuela que repercute grandemente en el uso de la Zona Libre de Colón y que afecta por todos lados la economía nacional; para ella y su equipo que la acompañan no resulta fácil, sin embargo, no nos amilanamos y todo el gobierno arnulfista sigue "Trabajando Juntos por Panamá".

101 años de Panamá América

 
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