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Fuerzas visitantes y la guerra en Colombia


El argumento de que el convenio de tropas visitantes propuesto por Estados Unidos compromete nuestra seguridad, viola nuestra neutralidad y nos involucra en un conflicto ajeno, es serio y merece atenta consideración.
No obstante, está fuera de discusión que se trata de un convenio usual, que reviste distintas modalidades. De modo que, siendo como es, una propuesta y no un contrato de adhesión, no tenemos por qué aceptarlo como está; y ni siquiera tenemos que firmarlo si no conviene a los intereses nacionales.
Al analizar los intereses nacionales, tenemos que descartar la demagogia politiquera, que abunda cada vez que se trata de hablar de cooperación entre Panamá y Estados Unidos, como si se tratara de antiguos o presentes enemigos. El gobierno de Pérez Balladares estuvo a punto de firmar uno más comprometedor. Pero los mismos que estuvieron a un tris de hacerlo entonces, hoy rechazan uno mil veces más inocuo.
Vietnam, por ejemplo, que libró una guerra a muerte con Estados Unidos y lo venció, tiene hoy con ese país un convenio de tropas visitantes. La cooperación entre ambos es estrecha y creciente, dando lugar al flujo de inversiones e intercambio. El pequeño guerrero está en vías de convertirse en un nuevo "tigre asiático", gracias a la asistencia norteamericana.
Hace poco se anunció que Vietnam recibiría de Estados Unidos ayuda por varios millones de dólares para la limpieza de vastas áreas saturadas de minas y bombas sin explotar. En el intenso conflicto, Estados Unidos arrojó sobre la patria de Ho Chi Min más tóxicos y explosivos que todos los lanzados durante la Segunda Guerra Mundial. Y aun así nadie puede acusar a Vietnam de no ser patriota. ¿Lo seríamos menos los panameños? ¿O como los vietnamitas, es cuestión de conveniencia?
Nuestra lucha de independencia, que se consolidó con la entrega del Canal y la reversión soberana de la antigua Zona del Canal, terminó. Ahora nos corresponde pasar a otra cosa, a una nueva relación con Estados Unidos, basada en el interés y respeto mutuos. Y en eso, hemos propuesto estrechar nuestras relaciones comerciales y en otras áreas de interés común, como la seguridad y el narcotráfico. El gobierno nacional, con todo tino, ha adicionado la cooperación en áreas sociales.
Del propuesto convenio nos preocupa no ese tipo de visitante preavisado, contado y controlado, uniformado y dotado de un arma de reglamento, que llega en tránsito hacia otro país, o a ejecutar temporalmente labores de acción cívica o de capacitación de nuestros policías. Nos preocupan otros visitantes, aquellos que vienen entrando sin permiso por Darién, armados hasta los dientes, sin documentos y sin pedir permiso, que roban, secuestran, matan y amenazan a nuestros compatriotas.
Cuando la guerra se incremente en Colombia, serán miles los que entrarán. Y no será una romántica declaración de neutralidad la que los detendrá. Costa Rica, durante la guerra de Nicaragua, recibió un millón de refugiados. ¿Qué nos va a pasar con Colombia, que tiene ocho veces más habitantes que Nicaragua? ¿Pararemos la marea con cinco mil policías de frontera en piraguas?

101 años de Panamá América

 
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