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Fuerzas visitantes y politiquería tradicional


Leo en La Crítica del 29 de julio del 2000, que tres ex-cancilleres panameños y un ex-vice canciller rechazan cualquier acuerdo de fuerzas visitantes entre E.U. y Panamá como un grave error. No sé qué sentir cuando leo que el Ministro y Viceministro de Economía y Finanzas nos dicen que hay una "desaceleración en la economía" y que "la salida de los norteamericanos representó una gran merma económica al país".
No sé qué decir al leer de la venta, cierre y fusiones de varios hoteles por la crisis del turismo en el país, y luego de escuchar a economistas como Rubén Lachman, hablarnos de confusión económica, y sentenciar que nuestra economía entrará en recesión en los próximos seis meses. ¿Qué debo pensar sobre el anuncio de los presidentes de la Cámara de Comercio y de APEDE, de que la desaceleración en el país continuará en el segundo semestre del 2000, y sobre el anuncio de la Comisión Bancaria de que la demanda de créditos bancarios ha bajado por la recesión?.
¿Qué debo replicar cuando ahora leo artículos de empresarios como Octavio Vallarino Arias en "La voz de las mayorías", lamentar el impacto negativo de la salida norteamericana, diciendo que era predecible, pero que no hubo quién se pronunciara al respecto en el momento oportuno?. El vicepresidente de la asociación bancaria también nos dice que la desaceleración económica se refleja en los bancos y en prácticamente todas las actividades del país, y que nuestra economía no mejorará en lo que resta del año con la inyección del Fondo Fiduciario.
Para mí y para muchos panameños, el arribo de esta crisis era obvia, con excepción de la clase política, que llevaron al pueblo de la mano a creer que la reversión de bienes y la salida de E.U. del país, además de representar una bonanza, era la solución de nuestros problemas económicos, sin importar o tener la visión de advertir que esto provocaría una desesperación generalizada, no sólo entre los elementos directamente afectados, sino también la consternación y violentación del país. Pero da tristeza y provoca ira advertir que ninguno de esos bienes acomodados paladines del nacionalismo están ahora presentes para explicarle al pueblo qué hacer para salir de la situación de extrema pobreza, desempleo y pérdida de medios de subsistencia; y es que el beneficio para los pobres, según nuestros brillantes políticos, será siempre en un futuro que nunca llega.
Todos sabemos, menos nuestros políticos, que es perfectamente constitucional y soberano que nuestro país considere, estudie y escoja la posibilidad que mejor le convenga en los acuerdos sobre fuerzas visitantes o en su nueva relación con los E.U. Pero como alguien una vez dijo: ¿Qué significado pueden tener para los políticos y demagogos de turno, todas esas cosas materiales como trabajo, comida, vivienda, asistencia social y bienestar ciudadana, comparados con conceptos abstractos como soberanía y nacionalismo?.
¿Qué importa si se nos van oportunidades de inversión, de cooperación socio-económica y de crear nuevas plazas de trabajo y paliar en algo la pobreza crítica en el país cuando podemos seguir sintiéndonos soberanos?. ¿Qué importa si ni siquiera hemos considerado con sentido de realidad si nos conviene o no este nuevo acuerdo? El simple hecho de ser una propuesta de E.U. lo desvirtúa, porque hay que mantener nuestra política de resentimientos en nuestras relaciones con los E.U. La pregunta lógica es, ¿cuál será el futuro de Panamá si seguimos influenciados por los mismos viejos políticos de siempre que nos han mantenido en permanente atraso mental y política con actitudes decadentes? ¿Qué futuro tendríamos con políticos que siguen aferrados a viejos moldes pasados sin percatarse que el mundo, los pueblos y las relaciones entre naciones han cambiado? ¿Seguiremos permitiendo que políticos fracasados y con bloques mentales atrasen el progreso del país?.
Con el tema de las fuerzas visitantes, han vuelto a hacer su aparición en escena, los mismos personajes, las mismas voces, los mismos grupos oligárquicos que siempre han dominado la vida política y económica panameña y que jamás han tenido la dignidad de compartir sus riquezas y privilegios para mantener un equilibrio social, con las mismas cantaletas sentimentales y poéticas de soberanía y nacionalismo. Son los mismos políticos que no supieron, luego de tantos años de relaciones estrechas, aprovechar la presencia en el país del imperio económico más grande del mundo para impulsar nuestro desarrollo, los que quieren hacernos repetir nuevamente el esquema de negociación de nuestros intereses con los E.U. abrumados de ceguera nacionalista y terquedad política. El país requiere y demanda cambio de actitudes, de política y de políticos.

101 años de Panamá América

 
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