Fútbol, la historia siempre se repite
Cada vez que veo un partido de nuestras selecciones de fútbol termino diciendo que no vuelvo a ver ni uno más, porque estoy aburrido que siempre pase lo mismo. Los comentarios generales son lo bien que jugamos, tuvimos el balón la mayoría del tiempo, las mejores oportunidades de gol, dominamos el encuentro, etc.; pero, en partidos cruciales el resultado es siempre igual: ¡Perdimos! Sin embargo, como panameño que soy, no puedo dejar de darle apoyo a mi equipo y continúo viendo los juegos... y decepcionándome.
No hay dudas que, en los últimos años, nuestro fútbol ha mejorado grandemente. Tenemos excelentes jugadores, muchos de los cuales se destacan en importantes ligas en el extranjero. Nuestra técnica futbolística ha progresado, hay mejor preparación física y campos de juego, hay mejor organización en las ligas internas, entre otros. Entonces, ¿dónde estamos fallando? Mi opinión es que se trata de un problema de actitud mental y emocional.
Desde hace varios años he sostenido la teoría que a nuestros jugadores, como parte de su entrenamiento y capacitación, los deben encerrar en un cuarto y pasarle vídeos del mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos: Michael Jordan. Me dirán: ¡Estás loco!, ¿acaso no sabes que estos son dos deportes totalmente diferentes? Claro que lo sé, pero es que no se trata sobre el deporte en sí. Ya lo dije, nuestros jugadores, técnicas, condiciones, estrategias son buenas. Lo que a nosotros nos destruye son las emociones, pues no las sabemos controlar.
Michael Jordan era un jugador excepcional. El no se dejaba perturbar ni por el marcador, ni el reloj, ni el público, ni el árbitro, ni el contrincante, ni nada ni nadie. Para él sólo estaba la importancia de ganar, metiendo bola en la canasta contraria y evitando que aquéllos la metieran en la suya. Y lo hacía con frialdad y serenidad, no permitiendo que ni las emociones ni la mente fueran un obstáculo para lograrlo. Esa es la actitud que tienen que adoptar nuestros jugadores de fútbol. Allí está nuestro talón de Aquiles.
Hay que llamarle al pan, pan y al vino, vino. Aunque nos duela aceptarlo, nuestras selecciones de fútbol no han alcanzado los niveles deseados y siempre nos quedamos en el camino. O sea que, aunque hemos avanzado, aún estamos en la medianía (con todo respeto).
Esa es una triste realidad que tiene que ser cambiada. A los responsables de nuestro fútbol les tocará tomar las decisiones sobre lo que van a hacer para lograr que saboreemos lo más dulce del triunfo. Mientras tanto, los fanáticos continuamos a la expectativa con la esperanza, nublada por las dudas a causa de la recurrente mala experiencia, de ver a nuestras selecciones finalmente alzar la copa.