Futuro de la carrera administrativa
Una de las principales causas reivindicatorias en nuestro país ha sido la del trabajador del sector público quien por años ha tratado de alcanzar la estabilidad dentro de su posición laboral. Esta preocupación se hace latente cada vez que se acerca una contienda electoral, no siendo para menos, ya que está comprobado que de lado y lado se da lo que comúnmente se le llama barrerías, pero que denominaré "tsunami en las oficinas públicas".
No podemos calificar ese temor de infundado, ya que lamentablemente esta práctica se ha dado por décadas en nuestra cultura política. Pero ya es hora que sea corregida. Y no sólo en virtud del principio que encierra la Carrera Administrativa, pero también bajo el convencimiento que a quien designen dentro de un cargo público llene los requerimientos mínimos de un perfil.
El Frente Nacional de Servidores Públicos ha servido de catapulta política para algunos. Al alcanzar altos cargos públicos no es mucho lo que han hecho por mejorar los niveles de seguridad que garanticen la estabilidad en un cien por ciento a sus ex compañeros de lucha. A pesar de la puesta en vigencia de la Ley que proclama la Carrera Administrativa que, a su vez, crea la instancia gubernamental que la regula, poco se ha logrado en mejorar la calidad del servicio y en garantizar en virtud de méritos la estabilidad del funcionario.
Proponemos que se revise científicamente la materia y cambiemos a un sistema similar al del servicio civil anglosajón. Esto traería como resultado un servidor público profesional, quien tendría la estabilidad como uno de sus elementos, pero también permitiría pagar mejores salarios, elevaría la calidad del servicio brindado al usuario, disminuiría los riesgos de corrupción, ya que ello pondría en peligro su pensión, la cual a su vez se convierte en una premiación por años de dedicación y esfuerzo que una persona ha puesto en el desempeño de su trabajo.
Pasaría a ser historia el clientelismo político y hasta el nepotismo, por lo menos a ciertos niveles. Sería difícil, sino imposible, sustituir a un buen empleado público por un mediocre cuyos méritos se amparan en una membresía de partido o parentesco con un alto jerarca del Gobierno. Este tipo de medidas es la que hacen al país más competitivo, pues un ejército de eficientes funcionarios es más efectivo en el desarrollo económico y social de un país que cualquier otra cosa. Tómese como ejemplo el modelo de Singapur y aprovechemos su presencia corporativa en Panamá para copiar lo mejor de esa nación asiática.
Debemos pensar en el futuro, en el anhelo de ser un país de primer mundo. Tratemos a nuestros servidores públicos con la dignidad que se merecen. Que el carné de un partido político mayoritario sea sustituido por el orgullo que la satisfacción del deber cumplido produce. Así realmente se hace Patria y se deja un legado difícil de superar a las futuras generaciones.