Ganó Bush
La reelección del presidente George Bush mueve el péndulo político más hacia la derecha. Su estrecho pero indiscutido triunfo, se dio tanto a nivel del Colegio Electoral como del voto popular y se reflejó con un aumento en la mayoría republicana en el Senado y en la Cámara de Representantes. No sólo triunfaron los Republicanos en el Congreso sino que, por primera vez en 50 años, desbancaron a un Líder Demócrata en el Senado, Tom Daschle.
Un presidente reelecto, que cuenta con mayoría en ambas cámaras del Congreso y que tendrá muchas posibilidades de nombrar algunos magistrados en la Corte Suprema de Justicia, y con una oposición perpleja que en cada elección pierde más terreno y que se debate en una esquizofrenia ideológica; un presidente así, que dirige un país que enfrenta una guerra mundial, la cual ha dado como razón para aumentar los poderes del Estado, es un presidente muy poderoso. Si este presidente encabeza la hiperpotencia del mundo, alguna vez ha dicho que actúa por designio divino, es alérgico a los procesos de consenso internacional y actúa enmarcado en un proyecto ideológico muy específico, podemos comprender la importancia de la elección que se ha dado ayer en los Estados Unidos. Por algo han dicho algunos observadores, que en las elecciones norteamericanas debieran votar todos los ciudadanos del mundo, ya que lo que se decide en ellas nos afecta a todos.
Los temas de la campaña se centraron en la seguridad nacional y la guerra contra el terrorismo, el déficit fiscal y los impuestos, el estilo de liderazgo y los valores familiares. Once estados, incluyendo el crítico Ohio, aprobaron enmiendas a su constitución estatal prohibiendo el matrimonio entre homosexuales, veinticinco por ciento de los votantes se identificó como miembro de una corriente cristiana fundamentalista. Los estadounidenses favorecieron el liderazgo proactivo y algo simplista de George Bush al más orientado al consenso ilustrado de John Kerry. El mensaje de Osama bin Laden motivó más a votar a los halcones que a las palomas. A pesar de ser indiscutible el triunfo fue reñido. Los Estados Unidos están divididos.
El segundo mandato de George Bush puede ser arrollador. Es en el segundo mandato que los presidentes norteamericanos buscan establecer su "legado", esto es, lo que hará que los recuerden. La conformación del nuevo gabinete nos señalará si se fortalece el ala internacionalista, el ala aislacionista o el ala neoconservadora. Si la fuerza de los Estados Unidos se usa para luchar contra la barbarie, sin caer en ella, para defender la libertad, sin limitarla, para fortalecer la familia, no sólo la de Bush, y para promover la prosperidad, para todos, habrá dejado un legado importante.
George W. Bush ha generado muchos detractores, pero hasta hora ha logrado sus propósitos a pesar de ellos. A Bush se le ha acusado de simplista y hasta maniqueo, tal vez habrá que prepararse para un mundo en blanco y negro por lo menos por cuatro años más.
En los considerandos del fallo se argumenta que el contexto económico, social e institucional que rodeó a las medidas no puede ser soslayado. En otras palabras, la ley y la moral dejan de ser objetivas para pasar a ser algo interpretado al antojo del juez de turno. Este fallo de la Corte destruye toda posibilidad de recuperación moral de la Argentina.
(*) Miembro del Departamento de Investigaciones de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresaswww.aipenet.com
Un presidente reelecto, que cuenta con mayoría en ambas cámaras del Congreso y que tendrá muchas posibilidades de nombrar algunos magistrados en la Corte Suprema de Justicia, y con una oposición perpleja que en cada elección pierde más terreno y que se debate en una esquizofrenia ideológica; un presidente así, que dirige un país que enfrenta una guerra mundial, la cual ha dado como razón para aumentar los poderes del Estado, es un presidente muy poderoso. Si este presidente encabeza la hiperpotencia del mundo, alguna vez ha dicho que actúa por designio divino, es alérgico a los procesos de consenso internacional y actúa enmarcado en un proyecto ideológico muy específico, podemos comprender la importancia de la elección que se ha dado ayer en los Estados Unidos. Por algo han dicho algunos observadores, que en las elecciones norteamericanas debieran votar todos los ciudadanos del mundo, ya que lo que se decide en ellas nos afecta a todos.
Los temas de la campaña se centraron en la seguridad nacional y la guerra contra el terrorismo, el déficit fiscal y los impuestos, el estilo de liderazgo y los valores familiares. Once estados, incluyendo el crítico Ohio, aprobaron enmiendas a su constitución estatal prohibiendo el matrimonio entre homosexuales, veinticinco por ciento de los votantes se identificó como miembro de una corriente cristiana fundamentalista. Los estadounidenses favorecieron el liderazgo proactivo y algo simplista de George Bush al más orientado al consenso ilustrado de John Kerry. El mensaje de Osama bin Laden motivó más a votar a los halcones que a las palomas. A pesar de ser indiscutible el triunfo fue reñido. Los Estados Unidos están divididos.
El segundo mandato de George Bush puede ser arrollador. Es en el segundo mandato que los presidentes norteamericanos buscan establecer su "legado", esto es, lo que hará que los recuerden. La conformación del nuevo gabinete nos señalará si se fortalece el ala internacionalista, el ala aislacionista o el ala neoconservadora. Si la fuerza de los Estados Unidos se usa para luchar contra la barbarie, sin caer en ella, para defender la libertad, sin limitarla, para fortalecer la familia, no sólo la de Bush, y para promover la prosperidad, para todos, habrá dejado un legado importante.
George W. Bush ha generado muchos detractores, pero hasta hora ha logrado sus propósitos a pesar de ellos. A Bush se le ha acusado de simplista y hasta maniqueo, tal vez habrá que prepararse para un mundo en blanco y negro por lo menos por cuatro años más.
En los considerandos del fallo se argumenta que el contexto económico, social e institucional que rodeó a las medidas no puede ser soslayado. En otras palabras, la ley y la moral dejan de ser objetivas para pasar a ser algo interpretado al antojo del juez de turno. Este fallo de la Corte destruye toda posibilidad de recuperación moral de la Argentina.
(*) Miembro del Departamento de Investigaciones de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresaswww.aipenet.com