Garzón, corrupción y otras paradojas
En un país donde se multiplican, a la par de la corrupción, las prácticas de las autoridades para amordazar y desinformar a los ciudadanos, resulta paradójico y refrescante -por decir lo menos- las visitas del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) y del Juez español Baltazar Garzón. El CEJIL es una organización regional de defensa y promoción de los Derechos Humanos fundada en 1991. Su objetivo principal es asegurar la plena implementación de normas internacionales de Derechos Humanos en los Estados miembros de la OEA, mediante el uso efectivo del Sistema Interamericano de Derechos Humanos y otros mecanismos de protección internacional. La creación de esta organización no gubernamental y sin fines lucrativos, que ofrece un servicio jurídico gratuito, surgió de la iniciativa de destacados defensores de Derechos Humanos de nuestro continente para asegurar a las víctimas de violaciones, un mayor acceso al Sistema Interamericano, cuyos mecanismos ofrecen un recurso indispensable en la búsqueda de justicia por abusos cometidos en países donde la impunidad prevalece.
El Juez español Baltazar Garzón, enemigo declarado de la corrupción, el narcotráfico y que, al decir de la prestigiosa periodista Pilar Urbano, es "un hombre infatigable...que aplica inexorable la ley aunque sepa que con eso está cargando las tormentas", que ha labrado su bien ganado prestigio al saber llevar la toga sin miedo y -al decir de él mismo: "con altas dosis de fortaleza y llevando esculpida la ley en su conciencia".
Panamá es un país cuyas estructuras sociales, económicas y políticas, descansan sobre un andamiaje legal represivo, autoritario, inquisidor y perseguidor que no ha logrado la más mínima armonía con los progresos alcanzados por el Sistema Interamericano de promoción y protección de Derechos Humanos. Panamá es también (¡cómo olvidarlo!) un Estado donde la corrupción aumenta a diario de la mano de la impunidad por la acción u omisión de los rectores de los Organos del Estado.
Para quienes estamos interesados en el imperio de la Ley y en el buen funcionamiento de las instituciones propias de un Estado de Derecho, las visitas a Panamá del CEJIL y del Juez Garzón, cobran particular importancia a pesar de la manifiesta indiferencia de las autoridades para con las mismas. Y es que los Derechos Humanos requieren de un ambiente propicio en el que puedan ser respetados y se hace entonces necesario crear el ambiente allí donde este no existe.
A su paso por Panamá, CEJIL nutre las esperanzas de quienes se sienten perseguidos y amenazados por practicar la libertad de expresión, que las cosas puedan mejorar frente a un gobierno que considera toda crítica como una amenaza a su "autoridad" y que se dedica a "acosar" judicialmente a los periodistas. La conferencia que dictará el Juez Garzón -por invitación del Colegio Nacional de Abogados y del Centro Latinoamericano de Periodismo- ha despertado prontamente el interés de quienes aborrecemos la corrupción política pues nos trae, sin duda, el mensaje de que los ciudadanos y no el gobierno, somos los verdaderos poseedores del derecho a un mejor mañana.
Sin embargo, no podemos dejar de resaltar la paradoja que levantan estas visitas y en estos momentos. Los intentos gubernamentales de acallar las críticas a la corrupción, mediante la persecución a periodistas y a la libertad de expresión, valiéndose del Ministerio Público y de algunos jueces y Magistrados del Organo Judicial, hace reaccionar a organismos como CEJIL que, expresan con su visita, su solidaridad frente al terrorismo judicial y las abusadoras prácticas del Ministerio Público y sus agentes. Y, al igual que CEJIL, otras organizaciones que velan por la libertad de expresión y el derecho a la información, como el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), o Reporteros sin Fronteras (RSF), Periodistas Frente a la Corrupción (PFC), expresan su rechazo a las acciones gubernamentales violatorias de los principios básicos de libertad de expresión.
No faltarán aquellos funcionarios corruptos del Ejecutivo o del Legislativo que se apresurarán a codearse en las primeras filas -en la Conferencia de Garzón- con sus compinches del Ministerio Público, olvidando así que Garzón se ha caracterizado por repudiar la vulgaridad de la hipocresía que caracteriza a los corruptos y que, aunque no los conozca, los olfateará. Por su parte, aquellos del Organo Judicial que concurran a escuchar a Garzón, ojalá que terminen por aprender de "el hombre que veía amanecer" que: "Cada vez que dejamos un crimen sin castigo, hacemos posible que ese crimen se repita. El riesgo de la justicia humana es que uno puede equivocarse. Cualquier juez sensato está en vilo y sufre por ello. Puedes equivocarte, sí; pero nunca des motivos para que te echen en cara que tu error fue...convertir tu voluntad en ley, abusar de tu poder como juez."
A pesar pues de lo paradójico que resulte recibir la visita de CEJIL y del juez Baltazar Garzón en medio de la arremetida contra la libertad de expresión y del apogeo de la corrupción, es preciso que no olvidemos nuestra lucha por anular los intentos cotidianos por amordazar a los ciudadanos.
(mabernal@sinfo.net)
El Juez español Baltazar Garzón, enemigo declarado de la corrupción, el narcotráfico y que, al decir de la prestigiosa periodista Pilar Urbano, es "un hombre infatigable...que aplica inexorable la ley aunque sepa que con eso está cargando las tormentas", que ha labrado su bien ganado prestigio al saber llevar la toga sin miedo y -al decir de él mismo: "con altas dosis de fortaleza y llevando esculpida la ley en su conciencia".
Panamá es un país cuyas estructuras sociales, económicas y políticas, descansan sobre un andamiaje legal represivo, autoritario, inquisidor y perseguidor que no ha logrado la más mínima armonía con los progresos alcanzados por el Sistema Interamericano de promoción y protección de Derechos Humanos. Panamá es también (¡cómo olvidarlo!) un Estado donde la corrupción aumenta a diario de la mano de la impunidad por la acción u omisión de los rectores de los Organos del Estado.
Para quienes estamos interesados en el imperio de la Ley y en el buen funcionamiento de las instituciones propias de un Estado de Derecho, las visitas a Panamá del CEJIL y del Juez Garzón, cobran particular importancia a pesar de la manifiesta indiferencia de las autoridades para con las mismas. Y es que los Derechos Humanos requieren de un ambiente propicio en el que puedan ser respetados y se hace entonces necesario crear el ambiente allí donde este no existe.
A su paso por Panamá, CEJIL nutre las esperanzas de quienes se sienten perseguidos y amenazados por practicar la libertad de expresión, que las cosas puedan mejorar frente a un gobierno que considera toda crítica como una amenaza a su "autoridad" y que se dedica a "acosar" judicialmente a los periodistas. La conferencia que dictará el Juez Garzón -por invitación del Colegio Nacional de Abogados y del Centro Latinoamericano de Periodismo- ha despertado prontamente el interés de quienes aborrecemos la corrupción política pues nos trae, sin duda, el mensaje de que los ciudadanos y no el gobierno, somos los verdaderos poseedores del derecho a un mejor mañana.
Sin embargo, no podemos dejar de resaltar la paradoja que levantan estas visitas y en estos momentos. Los intentos gubernamentales de acallar las críticas a la corrupción, mediante la persecución a periodistas y a la libertad de expresión, valiéndose del Ministerio Público y de algunos jueces y Magistrados del Organo Judicial, hace reaccionar a organismos como CEJIL que, expresan con su visita, su solidaridad frente al terrorismo judicial y las abusadoras prácticas del Ministerio Público y sus agentes. Y, al igual que CEJIL, otras organizaciones que velan por la libertad de expresión y el derecho a la información, como el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), o Reporteros sin Fronteras (RSF), Periodistas Frente a la Corrupción (PFC), expresan su rechazo a las acciones gubernamentales violatorias de los principios básicos de libertad de expresión.
No faltarán aquellos funcionarios corruptos del Ejecutivo o del Legislativo que se apresurarán a codearse en las primeras filas -en la Conferencia de Garzón- con sus compinches del Ministerio Público, olvidando así que Garzón se ha caracterizado por repudiar la vulgaridad de la hipocresía que caracteriza a los corruptos y que, aunque no los conozca, los olfateará. Por su parte, aquellos del Organo Judicial que concurran a escuchar a Garzón, ojalá que terminen por aprender de "el hombre que veía amanecer" que: "Cada vez que dejamos un crimen sin castigo, hacemos posible que ese crimen se repita. El riesgo de la justicia humana es que uno puede equivocarse. Cualquier juez sensato está en vilo y sufre por ello. Puedes equivocarte, sí; pero nunca des motivos para que te echen en cara que tu error fue...convertir tu voluntad en ley, abusar de tu poder como juez."
A pesar pues de lo paradójico que resulte recibir la visita de CEJIL y del juez Baltazar Garzón en medio de la arremetida contra la libertad de expresión y del apogeo de la corrupción, es preciso que no olvidemos nuestra lucha por anular los intentos cotidianos por amordazar a los ciudadanos.
(mabernal@sinfo.net)