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Gas natural, única alternativa (II)


En nuestro artículo de ayer, comentamos la problemática generada por los precios del petróleo en el panorama mundial debido, en gran parte, al incremento de consumo por parte de China y EU, y sobre lo que están haciendo estos países para mitigar la situación. Ahora, trataré de poner en su justa perspectiva cómo y cuánto nos afecta esto a nosotros y qué alternativas tenemos.
Cuando renegociamos el contrato ley No. 35 con la Refinería Panamá en 1992, se ejecutaron varias medidas que resultaron de vital importancia para el futuro económico del país. Este conjunto de regulaciones que denominamos "La liberación del mercado de petróleo en Panamá" (ver publicación de la Dirección de Hidrocarburos del MICI, Nov. 2003) comprendían los Decretos de Gabinete 29 y 38 de 1992, y 4 y 14 de 1993. En su normativa, fueron eliminados subsidios (exoneraciones) al transporte público y la industria pesquera, manteniendo sólo el subsidio al tanque de gas de 25 libras por razones netamente de carácter social y para evitar el uso indiscriminado de leña para cocinar. Se crearon, asimismo, las Zonas Libres de Petróleo y se redujeron en un 50% los impuestos a la gasolina. Se implementó la fórmula "Paridad de Importación" con el objeto de indexar los precios de venta al por mayor de los derivados en el área del Caribe a la producción local de la Refinería Panamá. Finalmente, la Oficina de Regulación de Precios fue relevada de fijar los precios de venta al por menor de todos los derivados y los mismos se dejaron a la libre competencia en manos de los distribuidores y surtidores.
Gracias a esas medidas, hemos disfrutado más de una década donde las estaciones de expendio han sido renovadas, se instalaron fincas de almacenaje de derivados en diferentes puntos del país, se incrementaron las ventas de búnker a las naves en tránsito por el Canal y hemos vivido una pacífica convivencia sin mayores reclamos o paros en el sector transporte.
Los alarmantes precios del crudo, nunca antes vistos, han puesto nuevamente a las autoridades en el ojo del huracán y las consecuencias no se han hecho esperar: alza de la electricidad, posible incremento del costo del transporte público y un aumento considerable en los subsidios al tanque de gas de cocinar de 25 libras. Esta vez, lamentablemente, las posibilidades de solución al problema están fuera del control del gobierno. En una reciente reunión del presidente de la empresa Chevron-Texaco con la Cámara de Comercio de EU, éste declaró que "los gobiernos del mundo tendrán que ser creativos, eficientes y flexibles en sus políticas energéticas si quieren lograr energía asequible y confiable para el futuro". Es entonces primordial que el gobierno panameño tome esa advertencia e inicie consultas con todos los sectores y conforme un consejo permanente de política energética que proceda a tomar medidas de inmediato y que aporten soluciones a corto y mediano plazo para mitigar este problema global.
Durante mi reciente misión al frente de nuestra Embajada en Washington, pude asistir a varias charlas y seminarios sobre el tema de la situación mundial del petróleo y sobre algunas medidas que han tomado algunos países productores y no productores para hacerle frente. Todos coinciden en una cosa, la situación no va a mejorar en los próximos años y las posibles alternativas que están en proceso de invención y desarrollo no las veremos en esta década.
Entonces, ¿qué están haciendo las grandes potencias? Están invirtiendo billones de balboas en buscar fuentes de energía más baratas y de menor perjuicio ecológico, como la energía eólica, la solar y principalmente, el gas natural. Esta última opción cobra relevancia por el hecho de que su costo de producción es menor al del petróleo, no necesita utilizar mucha energía para ser extraída del suelo y representa una fuente altamente benigna para el medio ambiente. El mayor problema que presenta es que para poder transportarlo se requiere reducir considerablemente su volumen y convertirlo en gas líquido, para luego revertir el proceso, antes de ser utilizado en el lugar de recepción. Para ello, hay que recurrir a la construcción de plantas de conversión y reconversión, que suelen pasar de los mil millones de balboas en inversión. Esto resulta incosteable para países con volúmenes pequeños como el nuestro.
Siempre he pensado que Jesucristo debe haber sido panameño; no importa los errores que cometamos, se nos presenta siempre una salida externa. En el caso que nos ocupa afortunadamente existen importantes yacimientos de gas natural muy cerca de nuestra frontera. En La Guajira colombiana están los de Chuchupa, Ballena y Río Hacha, en donde hay una capacidad de producción de más de 220 millones de pies cúbicos de gas por día, y que ya está conectada por tubería hasta Cartagena. También se han descubierto, y están en proceso de explotación, varios yacimientos en el Caribe venezolano conocida como la plataforma marítima Deltana con reservas comprobadas de gas natural estimada en 12 trillones de pies cúbicos. Ambas fuentes están asequibles desde Panamá por medio de un gaseoducto submarino. El año pasado, Colombia y Venezuela suscribieron un acuerdo para la instalación de una tubería submarina que unirá La Guajira colombiana con el lago Maracaibo y que, a su vez, podría fácil integrarse a una red que uniría a Cartagena con Colón. De lograr esta interconexión de gas natural, Panamá tendría garantizado una fuente inagotable de energía a costos razonables y con la posibilidad de convertirnos en exportadores al resto de la región y al Caribe. El costo de este proyecto estaría cerca de los cien millones de balboas y la inversión podría ser asumida por alguna de las empresas que tienen concesiones de explotación de los yacimientos en Colombia y Venezuela. La duración de esta obra será de unos 18 meses, una vez que el gobierno conceda las autorizaciones necesarias y sean cubiertos los trámites burocráticos. Los beneficios de tener disponible esta forma de energía más barata abre un abanico de interés para que se establezcan en el país nuevas industrias (TLC con EU), ya que al reducir las plantas de producción eléctrica sus costos, se reducen las cuentas de luz al consumidor. El gobierno no tendría que seguir subsidiando el gas de cocinar, lo que significa que tendrá disponible más de B/. 20 millones al año para realizar nuevas obras de interés social. Si mis cálculos no me fallan, las plantas térmicas en Panamá consumen un aproximado de B/. 150 millones al año entre diesel y búnker; sólo en este reglón podríamos tener un ahorro de más de 40 millones, amén de lo que se podría ahorrar en el sector transporte. Es cierto que surgirán algunas otras recomendaciones que, de aplicarse, ayudarían también a mitigar este grave problema. Por lo pronto, considero que a corto y mediano plazo, nuestra mejor y única alternativa es el gas natural.

101 años de Panamá América

 
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