G'e9nesis 37
En el ciclo de lecturas del Antiguo Testamento, del Año Litúrgico hace ya un par de semanas nos encontramos de nuevo en el libro de Génesis con la figuras de Abraham, Isaac, Ismael, Jacob, Esaú y las distintas mujeres, Saray, Rebeca, Lía, Raquel, Bilá y Zelfa. Son material de la historia sagrada que con gusto recordamos en la lectura y en estos tiempos que nos toca vivir de disensiones escandalosas en la Corte, en estos tiempos en que nos enteramos que no se puede investigar la corrupción administrativa cuando se trata de magistrados a no ser que sea por la Asamblea, quedando en que nadie puede investigar actos de corrupción en la Asamblea sino la Corte , y en la Corte sino la Asamblea.
Así que la corrupción va a ser como el aire que respiramos, por eso volvemos al Sagrado Texto que leemos donde campean los valores que echamos de menos.
La narración sobre José es algo nuevo en el Génesis: es la más amplia y la mejor compuesta -nos dice un entendido- con mayor variedad de personajes y situaciones que demuestran una singular maestría en el arte narrar. El personaje principal reúne una serie de aspectos en una figura ideal, humanamente ejemplar.
El escenario tiene un razonable color local que muestra conocimiento de primera y o de segunda mano de las costumbres egipcias.
El tono de la narración es nuevo: más tranquilo, más lírico, humanismo más consciente , más civilizado. Muchos de los motivos literarios entretejidos de la narración son comunes a otras culturas: la seductora despreciada, que se venga, el hermano menor que se impone, el sueño que se cumple, el inocente encarcelado que triunfa. De aquí un cierto carácter internacional de la narración.
La intervención de Dios ha cambiado el método: no hay apariciones, ni oráculos, no hay visiones, ni altares. Los sueños que dirigen la acción no se definen como visiones Dios. Y, sin embargo, Dios actúa en la historia, el protagonista es consciente y el autor reconoce la presencia y la acción de un Dios escondido. Es un nuevo modo sapiencial, el que informa estas páginas. Y es el primer ejemplo del hebreo que llega a alto funcionario en la corte extranjera, modelo que reaparecerá en épocas y culturas posteriores.
En el capítulo 37 se inicia lo que se suele llamar el Ciclo de José.
La historia de José empieza aquí y sigue hasta el final del Génesis, como una transición entre los patriarcas y los acontecimientos del Éxodo.
José, el penúltimo de los hijos de Jacob es presentado como el más importante de los doce hermanos. Los sueños del joven José nos indican que todo lo que le va a ocurrir no es pura casualidad , sino que sirve a los planes de Dios; por medio de él, Dios salvará del hambre a toda su familia.
La larga historia tan conmovedora de José vendido por su hermanos y salvador de ellos, es en la Biblia la primera figura de la Pasión, de la Muerte y Resurrección de Cristo. Jacob lo quería por ser el hijo de su vejez. El hijo más querido y también el más delicado. Entre sus hermanos, rudos y poco escrupulosos José demuestra nobleza; desde su juventud ese hijo de pastores manifiesta que está hecho para grandes cosas.
La envidia de los hermanos de José alcanza límites impensados, hasta la locura y el crimen entre hermanos. Dios acepta que los hermanos sigan caminos opuestos, unos hacia el bien, otros hacia el mal, pero no quiere decir que los buenos se parten y se olviden de los malos, José salvará a sus hermanos.
Indiscutiblemente, debemos decir que todos gozamos al ver cómo el que se escapó de que, sin ningún motivo procedente, lo quisieran sus hermanos eliminar y terminarán vendiéndolo, resultara, volteándose la tortilla, teniéndolos en sus manos a su merced; y en vez de vengarse, que es lo menos cristiano, pero lo que se esperaría, los perdona y olvida, como hace con nosotros cada día nuestro Padre del Cielo.
Así que la corrupción va a ser como el aire que respiramos, por eso volvemos al Sagrado Texto que leemos donde campean los valores que echamos de menos.
La narración sobre José es algo nuevo en el Génesis: es la más amplia y la mejor compuesta -nos dice un entendido- con mayor variedad de personajes y situaciones que demuestran una singular maestría en el arte narrar. El personaje principal reúne una serie de aspectos en una figura ideal, humanamente ejemplar.
El escenario tiene un razonable color local que muestra conocimiento de primera y o de segunda mano de las costumbres egipcias.
El tono de la narración es nuevo: más tranquilo, más lírico, humanismo más consciente , más civilizado. Muchos de los motivos literarios entretejidos de la narración son comunes a otras culturas: la seductora despreciada, que se venga, el hermano menor que se impone, el sueño que se cumple, el inocente encarcelado que triunfa. De aquí un cierto carácter internacional de la narración.
La intervención de Dios ha cambiado el método: no hay apariciones, ni oráculos, no hay visiones, ni altares. Los sueños que dirigen la acción no se definen como visiones Dios. Y, sin embargo, Dios actúa en la historia, el protagonista es consciente y el autor reconoce la presencia y la acción de un Dios escondido. Es un nuevo modo sapiencial, el que informa estas páginas. Y es el primer ejemplo del hebreo que llega a alto funcionario en la corte extranjera, modelo que reaparecerá en épocas y culturas posteriores.
En el capítulo 37 se inicia lo que se suele llamar el Ciclo de José.
La historia de José empieza aquí y sigue hasta el final del Génesis, como una transición entre los patriarcas y los acontecimientos del Éxodo.
José, el penúltimo de los hijos de Jacob es presentado como el más importante de los doce hermanos. Los sueños del joven José nos indican que todo lo que le va a ocurrir no es pura casualidad , sino que sirve a los planes de Dios; por medio de él, Dios salvará del hambre a toda su familia.
La larga historia tan conmovedora de José vendido por su hermanos y salvador de ellos, es en la Biblia la primera figura de la Pasión, de la Muerte y Resurrección de Cristo. Jacob lo quería por ser el hijo de su vejez. El hijo más querido y también el más delicado. Entre sus hermanos, rudos y poco escrupulosos José demuestra nobleza; desde su juventud ese hijo de pastores manifiesta que está hecho para grandes cosas.
La envidia de los hermanos de José alcanza límites impensados, hasta la locura y el crimen entre hermanos. Dios acepta que los hermanos sigan caminos opuestos, unos hacia el bien, otros hacia el mal, pero no quiere decir que los buenos se parten y se olviden de los malos, José salvará a sus hermanos.
Indiscutiblemente, debemos decir que todos gozamos al ver cómo el que se escapó de que, sin ningún motivo procedente, lo quisieran sus hermanos eliminar y terminarán vendiéndolo, resultara, volteándose la tortilla, teniéndolos en sus manos a su merced; y en vez de vengarse, que es lo menos cristiano, pero lo que se esperaría, los perdona y olvida, como hace con nosotros cada día nuestro Padre del Cielo.