Género, equidad y desarrollo
Uno de los rasgos menos divulgados del estilo de desarrollo que caracteriza la economía panameña es la inequidad de género. Esta se detecta, en primera instancia, al tener en cuenta que la mujer, de manera significativa, se ve reducida al trabajo dentro del hogar. Es así que actualmente el 52.8% de las mujeres en edad de trabajar no participan en la población económicamente activa, hecho que contrasta con el caso de los hombres donde este indicador es de apenas el 18.5%.
El trabajo en el hogar es, como es conocido, una actividad fundamental desarrollada principalmente por las mujeres, ya sea que trabajen solo en el hogar o lo hagan también fuera de el, que asegura la reproducción y disponibilidad de la fuerza de trabajo nacional. Se trata de un trabajo no remunerado, el que, por las normas de conteo vigentes en la contabilidad social, tampoco se cuantifica en el PIB, lo cual tiende a invisibilizarlo. Tomando como base las mujeres que únicamente trabajan dentro del hogar, asumiendo que su costo de oportunidad es la productividad media de los trabajos fuera del hogar, se puede llegar a la conclusión que para el 2008 este trabajo se podría llegar a valorizar en cerca de 5.5 miles de millones de balboas a precios de 1996.
Por lo que respecta al trabajo femenino en el mercado laboral este resulta relativamente precario y mal remunerado. El 41% de las mujeres que se consideran ocupadas son trabajadoras domésticas, trabajadoras no remuneradas de un negocio familiar o trabajadoras por cuenta propia, esto contrasta con los hombres que solo en el 33% de los casos se encuentran en situación similar. La tasa de desocupación de la mujer alcanza al 7.5%, la de los hombres se calcula en un 4.4%.
A todo esto se debe agregar que entre los sectores más golpeados por la actual crisis se encuentran aquellos en los que más se concentra el trabajo femenino. Es así, por ejemplo, que la rama del comercio donde se agrupa el 20% de la ocupación femenina, muestra una tasa de decrecimiento de su actividad económica de casi el 10%, mientras que la agricultura que reúne el 5.8% del trabajo de las mujeres muestra una tasa de decrecimiento de 6%. Las actividades inmobiliarias donde labora el 5% de la fuerza de trabajo femenina muestra una recesión del 8.5%.
En resumidas cuentas el actual estilo de crecimiento concentrante y excluyente apunta hacia la invisibilización, precarización y exclusión del trabajo de las mujeres panameñas. La necesidad de superar esta situación lleva a la necesidad de impulsar un nuevo estilo de desarrollo centrado en la equidad social y la sostenibilidad ambiental. El mismo, entre otras cosas, deberá entender la equidad de género no como un objetivo microeconómico más, sino como verdadero objetivo macroeconómico fundamental. Solo la participación activa de las mujeres al más alto nivel de la formulación de la política económica y social podrá asegurar que esto se haga realidad.
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