Género y delincuencia
La delincuencia femenina es un fenómeno poco estudiado, sobre todo desde una perspectiva multi disciplinaria. Salvo mejor criterio, estando como en efecto lo está, inscrita en las desigualdades de género, " dicho análisis no puede abordarse desde un solo campo disciplinario, dado los múltiples y complejos entramados históricos, psíquicos, sociales, políticos, económicos, ideológicos que se inscriben en la llamada condición femenina" (E. Alberti y A. Fernández). Por otra parte, cuando las investigaciones se realizan, tienden a constituir un aspecto suplementario o subordinado de la delincuencia general, sustentado esto en criterios tan simplistas como los referidos al hecho de que las cifras estadísticas de las transgresiones femeninas suelen ser insignificantes (¿?). "En el caso de que las mujeres, por alguna razón fueran menos dadas a participar en actividades desviadas que los hombres, ello no es razón para dejar de tenerlas en cuenta" ( Giddens).
Consignado lo anterior, cabe señalar algunas posturas teóricas de algunos autores que pretenden precisar características específicas correlacionadas con la criminalidad de las mujeres, sin establecer diferencias entre hombres y mujeres, utilizando los marcos conceptuales de trabajos como los de Sutrherland, Cressey, Cohen, y Matza.
Una enfoque persistente en el seudo análisis de esta problemática, se sustenta en la utilización de los criterios biologistas y "naturales propios de las féminas". Así, análisis de contenidos más médicos que jurídicos, destacan el vínculo entre menstruación y delito, como lo plantea en su Tratado de Ginecología, Santiago Dexeus en 1970 : "este síndrome (tensión premenstrual) tiene un aspecto social que obliga a formular diagnósticos. En las mujeres jóvenes existe una mayor predisposición a la delincuencia y alteraciones de la conducta. En las casadas se altera la paz familiar... y a veces una tendencia impulsiva a la violencia y al crimen" (E. Gilberti y A. Fernández ).
Antes, en 1895, Lombroso y Ferreira advertían en la mujer un comportamiento criminalístico durante la etapa de la menstruación de tal manera, que se ha llegado a afirmar que el 80% de los crímenes femeninos se producen durante este periodo (¿?). Aún más audaz, Sigmund Freud pretende explicar las causas de lo anterior en las estructuras más profundas de la personalidad de las mujeres, " allí donde la menstruación les recuerda su status inferior".
Asimismo digno de mencionar es la postura de aquellos que refieren la pubertad, la maternidad y el climaterio como periodos muy relacionados con un incremento en la actividad delictiva "motivados al parecer por una acusada labilidad en el psiquismo femenino durante esos momentos" (P. De La Cuesta Agueda).
Retrotrayéndonos varios lustros, encontramos que el maestro Sócrates observa una inclinación a establecer una serie de trastornos síquicos conductuales y neurovegetativos con la menstruación. Para Plinio, el viejo en el siglo I a. de C. "cuando la mujer en ese estado (menstruando) se aproxima, los vinos nuevos se agrian, los granos que se tocan se vuelven estériles, las plantas de los jardines se secan... Los perros tranquilos (que han comido) se vuelven rabiosos y su mordedura fatal." ( E. Gilberto y A. Fernández) poco más o menos que brujas o satánicas.
Indudablemente, que posturas como las anotadas previamente, representan muestras fehacientes de la inequidad teórica y social conque se aborda, de manera frecuente, la problemática femenina; de hecho constituyen pruebas al calce de los patrones culturales que prevalecen en la cultura patriarcal descalificando a las mujeres como personas y seres sociales aptas, iguales y capaces.
No existe fundamento científico que sostenga la tesis de que la delincuencia femenina, como género, posea orígenes específicos o distintos dentro de la delincuencia general. No obstante, sí resulta válido indagar acerca de algunas variables que permitan establecer una diferenciación tales como : influencia diferencial del control social (causante de que muchas veces la mujer ocupe una posición social de mayor frustración que el hombre) ; circunstancias sociales que rodean las vidas de las mujeres (subordinación, sub-educación, salud, desempleo, pobreza, maltrato, marginalidad, sobrecarga doméstica y otros); desigualdades jurídicas, desconocimiento o inoperancia de las leyes "atravesadas por lo diagonal de lo femenino... las mujeres desconocen la ley vigente que podrían servir para equilibrar situaciones de indefensión" (Alberti y Fernández).
Finalmente el fenómeno de la delincuencia, como cualquier otro de tipo social, se encuentra intrínsecamente ligado a las condiciones sociales de una sociedad determinada; premisa válida para todo tipo de delincuencia que se analice.
Consignado lo anterior, cabe señalar algunas posturas teóricas de algunos autores que pretenden precisar características específicas correlacionadas con la criminalidad de las mujeres, sin establecer diferencias entre hombres y mujeres, utilizando los marcos conceptuales de trabajos como los de Sutrherland, Cressey, Cohen, y Matza.
Una enfoque persistente en el seudo análisis de esta problemática, se sustenta en la utilización de los criterios biologistas y "naturales propios de las féminas". Así, análisis de contenidos más médicos que jurídicos, destacan el vínculo entre menstruación y delito, como lo plantea en su Tratado de Ginecología, Santiago Dexeus en 1970 : "este síndrome (tensión premenstrual) tiene un aspecto social que obliga a formular diagnósticos. En las mujeres jóvenes existe una mayor predisposición a la delincuencia y alteraciones de la conducta. En las casadas se altera la paz familiar... y a veces una tendencia impulsiva a la violencia y al crimen" (E. Gilberti y A. Fernández ).
Antes, en 1895, Lombroso y Ferreira advertían en la mujer un comportamiento criminalístico durante la etapa de la menstruación de tal manera, que se ha llegado a afirmar que el 80% de los crímenes femeninos se producen durante este periodo (¿?). Aún más audaz, Sigmund Freud pretende explicar las causas de lo anterior en las estructuras más profundas de la personalidad de las mujeres, " allí donde la menstruación les recuerda su status inferior".
Asimismo digno de mencionar es la postura de aquellos que refieren la pubertad, la maternidad y el climaterio como periodos muy relacionados con un incremento en la actividad delictiva "motivados al parecer por una acusada labilidad en el psiquismo femenino durante esos momentos" (P. De La Cuesta Agueda).
Retrotrayéndonos varios lustros, encontramos que el maestro Sócrates observa una inclinación a establecer una serie de trastornos síquicos conductuales y neurovegetativos con la menstruación. Para Plinio, el viejo en el siglo I a. de C. "cuando la mujer en ese estado (menstruando) se aproxima, los vinos nuevos se agrian, los granos que se tocan se vuelven estériles, las plantas de los jardines se secan... Los perros tranquilos (que han comido) se vuelven rabiosos y su mordedura fatal." ( E. Gilberto y A. Fernández) poco más o menos que brujas o satánicas.
Indudablemente, que posturas como las anotadas previamente, representan muestras fehacientes de la inequidad teórica y social conque se aborda, de manera frecuente, la problemática femenina; de hecho constituyen pruebas al calce de los patrones culturales que prevalecen en la cultura patriarcal descalificando a las mujeres como personas y seres sociales aptas, iguales y capaces.
No existe fundamento científico que sostenga la tesis de que la delincuencia femenina, como género, posea orígenes específicos o distintos dentro de la delincuencia general. No obstante, sí resulta válido indagar acerca de algunas variables que permitan establecer una diferenciación tales como : influencia diferencial del control social (causante de que muchas veces la mujer ocupe una posición social de mayor frustración que el hombre) ; circunstancias sociales que rodean las vidas de las mujeres (subordinación, sub-educación, salud, desempleo, pobreza, maltrato, marginalidad, sobrecarga doméstica y otros); desigualdades jurídicas, desconocimiento o inoperancia de las leyes "atravesadas por lo diagonal de lo femenino... las mujeres desconocen la ley vigente que podrían servir para equilibrar situaciones de indefensión" (Alberti y Fernández).
Finalmente el fenómeno de la delincuencia, como cualquier otro de tipo social, se encuentra intrínsecamente ligado a las condiciones sociales de una sociedad determinada; premisa válida para todo tipo de delincuencia que se analice.