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Gente miedosa


El mundo entero sufre de miedos que, técnicamente, reciben el nombre de fobias: miedo a las alturas, miedo al veneno, a las culebras, a los políticos, a los encierros, a los extranjeros, a la inseguridad ciudadana, a la delincuencia que prolifera, a que nos hagan daño físico o de cualquier otra naturaleza, etc. Sin duda alguna, existen múltiples y variadas clases de fobias. Del miedo no escapan mediocres, cultos o intelectuales, ricos ni pobres, negros ni blancos, altos ni bajos, y tampoco gordos ni flacos.

En una audiencia por homicidio distinguía ante el jurado los conceptos de miedo y terror. Les decía que el terror es superlativo frente al miedo. Todos podemos sentir miedo; es una sensación de negativa impresión que un hecho o una circunstancia, una idea o un pensamiento, causa en nuestra mente o en nuestro espíritu. Se trata de un opacamiento de la razón, del alma y del espíritu. Tanto el miedo como el terror pueden, en menor o en mayor grado, opacar u obnubilar la capacidad de razonar nítida y claramente.

Se ha sostenido que el miedo es una emoción que se puede moldear por medio de la educación, la cultura y la influencia del medio ambiente que nos rodea. Puede ir desde el terror intenso hasta una ligera aprensión. Desde el punto de vista positivo se ha dicho también que el miedo tiene como función el de protegernos de algún peligro real y que, gracias a que sentimos miedo, sobrevivimos como especie. El miedo, como el dolor para el cuerpo, nos permite reconocer todas aquellas situaciones que nos ponen en peligro.

Es normal que sintamos miedo frente al fracaso, al rechazo, a las pérdidas y mucho miedo frente a los cambios. Hay que evitar que el miedo pase a un nivel grave y delicado: que se convierta en terror. La Palabra de Dios dice: ¡No temas!

No es difícil advertir que el miedo nos acompaña a lo largo de nuestra vida expresándose en todas aquellas situaciones cuando tenemos la incertidumbre, por ejemplo, de qué será el día de mañana, qué sucederá con nuestras familias, nuestros hijos, nuestra vida futura; cómo marchará la economía, los ingresos, si podemos pagar o no las hipotecas, los préstamos, la escuela de los muchachos, etc. Es entonces cuando nos atosiga la inseguridad y la incertidumbre se posesiona de nuestro ser.

Hay gente que le tiene miedo a la misma sociedad, y no deja de tener razón. La sociedad panameña vive en medio del miedo y el menosprecio del primigenio valor que representa la vida. Para muestra un botón: Sólo entre las comunidades de Chepo, Darién, San Miguelito y otros puntos de Panamá Este, durante el año pasado, se registraron más de 400 casos de homicidios dolosos. Son casos en los que media una intención criminal, una voluntad impulsada por el ánimo de causar la muerte a un semejante.

Pero necesitamos, para encarar y manejar el miedo, reconocer que se tiene miedo. Hecho esto, pasamos al segundo paso: reconocer a qué le tememos. No dudaré en expresar, sin rodeo alguno, que en la mayoría de las veces nos cuesta mucho reconocer exactamente a qué le tememos.

Usted, por si acaso, no tenga miedo al año que inicia. Todo saldrá bien.

101 años de Panamá América

 
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