Giro drástico
Todo comenzó con una promesa electoral panameñista, y terminó con un cambio, un Cambio Democrático (CD). Hasta ayer, las bases panameñistas se preguntaban hacia dónde había girado su candidato, quien ya hizo formal renuncia a sus aspiraciones presidenciales. Este sábado, serán esas bases las que dispondrán si aceptan, o no, la vicepresidencia ofrecida por quien hace unas semanas los atacaba con improperios. El país ha sido escenario, y los ciudadanos testigos, de una agria pelea mediática entre los dos colectivos, y esta repentina paz no deja de ser, por lo menos, sorpresiva.
Hoy el panameñismo vive un reacomodo relámpago, y no tiene tiempo que perder, pues los estatutos y la ley electoral poseen un calendario que cierra sus opciones para postulaciones de última hora.
Las explicaciones han resultado insuficientes, especialmente para una sociedad harta de las disputas estériles entre los políticos que en público hasta se muerden, pero una vez en el poder (o cerca de él) llegan a acuerdos no siempre caracterizados por su santidad. ¿Por qué Varela se conformó con la candidatura a la vicepresidencia al servicio de CD? ¿Por qué no aparecen en escena otros aliados como Unión Patriótica y MOLIRENA?
Habrá quienes crean que la credibilidad del panameñismo ha sido lesionada públicamente. La última palabra la tendrán los electores el 3 de mayo, y la Historia mucho después, sobre la índole y efecto de este giro dramático. Será hasta entonces cuando los panameños sabremos a quién convino este acuerdo: ¿al panameñismo, al PRD, a Cambio Democrático, al país..., o a nadie?