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Globalización, consecuencias humanas


"El problema de la condición contemporánea de nuestra civilización moderna es que ha dejado de ponerse a sí misma en tela de juicio".
Cornelios Castoriadis. Zygmunt Bauman, el autor de la obra que lleva por título este escrito, es profesor emérito de sociología en las universidades de Leeds y Varsovia; el libro fue traducido al español por Daniel Zadunaiski y publicado por el Fondo de Cultura Económica. Para Bauman, las consecuencias humanas de la globalización: la pobreza, el desempleo, la precariedad del trabajo, etc. son debidas a la contradicción entre movilización/desmovilización. Divide al mundo en dos: el reducido grupo de las elites mundiales y todos los demás. Parte de la afirmación que hace Albert J. Dunlap, famoso racionalizador de la empresa moderna (Transnacional): "La empresa pertenece a las personas que invierten en ella: no a sus empleados, sus proveedores, ni la localidad donde está situada". La empresa tiene libertad para trasladarse; las consecuencias no pueden sino permanecer en el lugar. Los grandes inversores tienen la capacidad de una permanente movilidad; a veces, son sus propios cuerpos, pero siempre su dinero se desplaza a nivel planetario en un instante cero. Estas empresas se sacan de encima la responsabilidad de las consecuencias, que recaen en los debilitados y cada vez más estrechos Estados Nacionales, cuyos administradores quedan convertidos en custodios y protectores de los bienes extranacionales; vale decir, en regímenes policíacos. Por otra parte, la gran mayoría de la población no puede movilizarse, queda confinada, atrapada en su localidad.
Bauman profundiza en esta contradicción. La movilización de las elites les permite "estar" donde su dinero rinda mayor utilidad; las desventajas de los que se mantienen inmóviles en su localidad son: 1. No pueden reclamarle su infortunio a los gobiernos de sus Estados, víctimas también de los fallos inapelables dictados en el paraíso ciberoespacial (léase Mercado Mundial). 2. La pérdida del espacio público, aquel sitio que antaño servía de anfitrión al debate, la tertulia, el saludo íntimo, el "vernos la cara". Contemplamos la inminente "caída del hombre público" y su refugio en la particularidad y el individualismo.
El ser humano de hoy ha dejado de hablarse, o dicho mejor: ha abandonado la conversación colectiva para convertirse en un ser pasivo, receptivo de las "verdades absolutas" que le presentan los medios de comunicación masiva. 3. Este individualismo acentúa los miedos al "enemigo interno": proliferan los sistemas de seguridad, las verjas en las casas, las alarmas y cerraduras de los autos. Todo desconocido es su enemigo potencial. 4. Se establecen nuevos valores: los que envían los "ricos y famosos", a quienes admira y trata de emular. 5. Ignora quienes constituyen las fuerzas forjadoras de carácter transnacional. Ha escuchado de una "mano invisible" que lo maneja todo, no sometida a juicio. 6. Admite que lo que está ocurriendo (el control absoluto del mundo por el capital financiero y las empresas transnacionales y la consiguiente extinción del Estado), obedece a fuerzas naturales, sobre las que no tiene control. 7. Ha aprendido que la academia formadora de la nueva cultura le ha inculcado, como deber superior, el de cumplir su función como consumidor; pero no ha entendido que existe una maquinaria mundial destinada a despertar el deseo que se satisface al momento del consumo y, de inmediato, es seducido a satisfacer otro deseo. Se desata el círculo vicioso: "El deseo desea deseo". El autor no se propone presentar soluciones. Es un libro analítico que nos muestra una conocida realidad: "La libertad de elección de unos es el destino cruel de otros".
(mjzuniga@sinfo.net)

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