Gobernante panameño derrota a la delincuencia
Cuando el mandatario hondureño, Ricardo Maduro, cese en el cargo el 30 de enero del 2006, bien puede volver a correr por la presidencia, aunque no se permita la reelección; porque siendo también panameño, puede perfectamente candidatizarse al cargo en Panamá, lugar de su nacimiento y del cual es nacional su padre, y de ese modo volver a ser presidente en el 2008. Maduro goza de doble nacionalidad.
Mientras más seguimos su trayectoria, más envidia tenemos de su obra como gobernante de Honduras, porque nos gustaría tener para nuestro país a un presidente de sus quilates. Maduro centró su exitosa campaña electoral en el combate de la delincuencia, salida de cauce. Llegado al poder, en menos de dos años lo ha logrado.
La semana pasada, anunció que su declarada "guerra contra los maras" o pandillas juveniles había logrado una reducción de hasta el 60% de la incidencia criminal en todo el país, en lo que los expertos - incluso de oposición - reconocen como un sorprendente éxito. Es tal la repercusión del hecho, que en el exterior se apresuran a estudiar la experiencia hondureña en el tema, con miras a trasladar su estrategia a otros países de gran incidencia criminal, como Brasil, México, El Salvador y Guatemala. ¿Cómo hizo?
Antes de que asumiera la presidencia, las diversas pandillas "maras" sumaban unos 50 mil miembros armados, incluso con fusiles de asalto, que controlaban amplios sectores de las zonas urbanas, en los barrios marginales. Al segundo día de su toma de posesión, irrumpió a la cabeza de un gigantesco operativo policial en los barrios más temidos, protegido con casco y chaleco antibalas. La policía se sintió respaldada y altamente motivada con el ejemplo de su máximo comandante civil y militar.
En los momentos más álgidos de la lucha, cuando los "maras" empezaron a responder con lanzacohetes y a movilizarse en forma de columnas, Maduro no dudó en convocar al ejército, incluso a los tanques, y ordenar tirar a matar. Las cárceles se colmaron rápidamente, mientras Maduro seguía cada noche al mando de los operativos sorpresa, golpeando cuando menos se esperaba. De inmediato ordenó ampliar la capacidad de las cárceles. "Mejor tras las rejas, que en las calles", decía. Hoy, toda la comunidad habla de que hay una "mejor seguridad".
Su estrategia es simple, operar rápidamente, con la máxima fuerza cada vez, robando la iniciativa a los delincuentes y anticipando sus movimientos mediante un trabajo de servicio de inteligencia. En sus propias palabras, se trata de "una estrategia dinámica que busca ir un paso delante de ellos, de tal forma que nunca puedan regresar" una vez golpeados. Los allanamientos diarios se suman por miles cada vez. No hay respiro.
Mientras más seguimos su trayectoria, más envidia tenemos de su obra como gobernante de Honduras, porque nos gustaría tener para nuestro país a un presidente de sus quilates. Maduro centró su exitosa campaña electoral en el combate de la delincuencia, salida de cauce. Llegado al poder, en menos de dos años lo ha logrado.
La semana pasada, anunció que su declarada "guerra contra los maras" o pandillas juveniles había logrado una reducción de hasta el 60% de la incidencia criminal en todo el país, en lo que los expertos - incluso de oposición - reconocen como un sorprendente éxito. Es tal la repercusión del hecho, que en el exterior se apresuran a estudiar la experiencia hondureña en el tema, con miras a trasladar su estrategia a otros países de gran incidencia criminal, como Brasil, México, El Salvador y Guatemala. ¿Cómo hizo?
Antes de que asumiera la presidencia, las diversas pandillas "maras" sumaban unos 50 mil miembros armados, incluso con fusiles de asalto, que controlaban amplios sectores de las zonas urbanas, en los barrios marginales. Al segundo día de su toma de posesión, irrumpió a la cabeza de un gigantesco operativo policial en los barrios más temidos, protegido con casco y chaleco antibalas. La policía se sintió respaldada y altamente motivada con el ejemplo de su máximo comandante civil y militar.
En los momentos más álgidos de la lucha, cuando los "maras" empezaron a responder con lanzacohetes y a movilizarse en forma de columnas, Maduro no dudó en convocar al ejército, incluso a los tanques, y ordenar tirar a matar. Las cárceles se colmaron rápidamente, mientras Maduro seguía cada noche al mando de los operativos sorpresa, golpeando cuando menos se esperaba. De inmediato ordenó ampliar la capacidad de las cárceles. "Mejor tras las rejas, que en las calles", decía. Hoy, toda la comunidad habla de que hay una "mejor seguridad".
Su estrategia es simple, operar rápidamente, con la máxima fuerza cada vez, robando la iniciativa a los delincuentes y anticipando sus movimientos mediante un trabajo de servicio de inteligencia. En sus propias palabras, se trata de "una estrategia dinámica que busca ir un paso delante de ellos, de tal forma que nunca puedan regresar" una vez golpeados. Los allanamientos diarios se suman por miles cada vez. No hay respiro.