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¡Gobierno para una nación!


Hoy por hoy, al parecer, hay interés de parte del actual gobierno, verdadero interés, en adormecer la conciencia crítica de Panamá. Que no suenen voces valientes y desapasionadas ni se piense en transformaciones de interés patriótico. Queden todavía cerrado con triple valla el camino de la nueva política. Al parecer, nadie del actual gobierno siente curiosidad por ensayar otros sistemas, otras ideas, otros hombres y mujeres. Que continúe imponiéndose "lo malo conocido". ¿Quién piensa en "lo bueno por conocer"? Y si hubiera de interés algún cambio, ahí están para la salvación segura de nuestros destinos todos los jefes de partido, de los ya famosos "clanes familiares" y de "asesores" que vienen gobernando a Panamá desde hace 20 meses con tan exacto tino que no han provocado más que desdichas.
Todo parece indicar que en actual gobierno, unos y otros sienten una gran fruición por las situaciones ilegales; no les irrita el imperio de la ilegalidad, con tal que sea la administrada por cada uno de ellos. Coinciden, en mucho, en cierta peregrina hipocresía, diríamos paradójicamente, en una hipocrecía de buena fe, que les permite escribir programas y pronunciar palabras que no expresan nunca exactamente lo que en sus actos ejecutan y en sus latentes intenciones germinan. Los principios del que predicó amor y comprensión entre los humanos los hallamos convertidos, a menudo, en sólo palabras. El egoísmo, la hipocresía, la mentira, el nepotismo, la pasión sectaria, muy propios de este gobierno, podrían asechar también a la juventud panameña en todos sus caminos.
Clarividencia, serenidad, idoneidad, "justicia igual para todos", honestidad y decisión (condiciones esenciales en todo puesto de mando), son virtudes innatas que reclamamos de nuestros gobernantes. Las multitudes panameñas fatigadas de las estériles luchas sectarias, exigen un cambio que favorezca un Gobierno para la Nación, que no un desgobierno que le sirva a un solo partido, o a los partidos que componen la coalición del gobierno de turno (como acontece ahora). Y es que ni la honestidad de procederes, ni los auténticos sentimientos cristianos brillan ahora esplendorosamente, como antaño, para tornarnos confiados y borrar todo escepticismo.
Rechazamos los gobiernos cuyos fines sean practicar el hábito de usar los caudales públicos para cancelar compromisos personales contraídos en las luchas políticas, porque crea graves males (la lotería política empobrece el carácter, como la de los billetes; destruye en sus raíces la nación). Sabemos, además, que están muy lejos de ser ciudadanos útiles y ejemplares los que se abstienen de toda actividad frente a la malevolencia de los rectores de la cosa pública. ¡Tampoco se conducen rectamente quienes viven con indiferencia en medio de la corrupción oficial.
¿Qué va a ser de Panamá en los próximos 5, 15 ó 20 años? Definitivamente, lo dirá con sus hechos, la juventud de hoy. Por algo han querido los políticos mediocres del momento apoderarse de la juventud. Pero, nosotros, cumpliendo nuestra misión de "maestro de ciudadanos", hemos de aprovechar la oportunidad y crear desde la escuela, y a través de los medios de comunicación (prensa, radio y televisión), la mentalidad del hombre y la mujer libre, crítico, honesto, consciente y responsable para su propio bien y el máximo bien de los suyos. Porque Panamá necesita hombres y mujeres a quienes la vanidad no les haga pensar nunca que son infalibles. Hombres y mujeres atentos a la consideración de toda nueva idea, dispuestos siempre a rectificar sus propios errores y conceptos frente a aquellos que puedan traer una nueva luz.

101 años de Panamá América

 
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