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Gobierno sin mentalidad burocrática


El Gobierno actual (y el próximo 2014-2019), debe reflejar no solo una conducta sino también un temperamento, un ritmo de acción y de trabajo y una sensibilidad para ver y para entender. Esto se explica por la supuesta personalidad del jefe de Estado, quien por su capacidad y dinamismo, debiera estar especialmente dotado para la acción creadora. Es importante trazarle a Panamá, un nuevo estilo de acción porque nuestro país ha venido convirtiendo el tiempo útil en tedio y en inercia. La influencia política, lamentablemente, ha ablandado la voluntad, y se ha venido extendiendo una especie de auto-indulgencia nacional para no hacer las tareas, para hacerlas a medias o para rodear todas las actividades, especialmente las del Estado, en un desgano general.

El Estado panameño, entre sus muchos defectos, padece de una enfermedad: la modorra. Los funcionarios públicos se han educado en la peor escuela de la mala crianza y del maltrato a los ciudadanos. Por esta razón, sería de desear que el Presidente de la República instruyera al ministro de la Presidencia, para que dirija una circular a toda la Administración Pública a fin de que se mejore el trato a los ciudadanos ya que la grosería, la mala educación y la patanería han venido imperando en muchas de las oficinas gubernamentales. No se atiende a los ciudadanos y ciudadanas o se los atiende mal, se les hace ir y venir muchas veces en un continuo juego irritante e inaceptable. Por esa circunstancia es necesario que el funcionario público sepa que tiene que cumplir y no a medias sino cabalmente con las exigencias de su cargo. Si los funcionarios públicos ven que el Alto Gobierno trabaja, no encontrarán excusas para una conducta negligente.

De igual modo la acción del Gobierno repercute en todo el conjunto de la sociedad. ¡El país despierta si el Gobierno está despierto! A la gente se le contagia la actividad de la misma manera como se le comunica la pereza y el “juega vivo”. Este sería uno de los grandes méritos del Presidente y de su Gobierno. No obstante, alguna gente critica la velocidad del Gobierno por considerarla desarticulada, lo cual aconseja planificar y coordinar las actividades, sin menguar en la velocidad misma de los acontecimientos.


Desde el Ministerio de la Presidencia se observa todo el Gobierno porque la función esencial que cumple este cargo es de coordinación. Comprendemos, empero, que trabajar con una maquinaria tan lenta y tan pesada no es fácil. En todo caso, con todos los defectos hay que utilizar los instrumentos de que se dispone tratando de cambiarles lo más pronto posible la mentalidad. Urge, pues, tratar los asuntos del Gobierno sin mentalidad burocrática; y, ¡reclutar inteligencias, el bien más escaso y más difícil de encontrar!

101 años de Panamá América

 
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