Gobierno y Agro
Si la actual administración ha hecho retroceder al país en su senda hacia la globalización y la apertura, debe ser para ganar tiempo suficiente a fin de modernizar aquellos sectores que requieren fortalecerse y hacerse más competitivos respecto a sus similares de otros países.
Está bien la gradualidad, de la que aquí hemos sido fieros defensores, pero hemos de tener presente que ésta a su vez supone un plazo de vencimiento hacia la plenitud. En este sentido, ella no es un fin en sí misma sino que tan solo es un medio hacia cierto objetivo, que en este caso es la completa apertura.
A partir del año próximo, Panamá será sede temporal hasta el año 2003 del ALCA, cuya capital actual es Miami. Se trata de un organismo nacido de una cumbre de mandatarios del Continente, que se verificó en diciembre de 1994, y de la cual surgió el compromiso de integrar a todas sus naciones en un solo mercado, al estilo de la Unión Europea, fijándose como meta para cumplir ese proceso el año 2005.
La apertura es pues un imperativo para que esa integración cristalice; y en ese avance gradual e inexorable, estamos empeñados todos. No es una carrera en solitario, con la sola excepción de Cuba, por razones conocidas. Y en el caso nuestro, la industria y la agricultura, son las más afectadas. Pero cualquier atraso en la apertura de uno o ambos, será más evidente para los demás socios del ALCA, siendo como seremos, su sede bianual.
El gobierno anterior abrió el mercado agropecuario a las importaciones extranjeras en una forma drástica, como quien apura un trago amargo, de un solo golpe. Provocó una hambruna horrible en el campo, y que un par de importadores llenaran sus bolsillos, sin mayor impacto positivo en los precios al consumidor.
El actual gobierno ha dado marcha atrás, elevando los aranceles, para brindar protección al sector por algún tiempo. Pero el 2005 está muy cercano y para esa fecha, la mayoría de los productos de intercambio debe tener un arancel uniforme para todos los países, muy cercano a cero. Por ende, hay que apurar el paso a la modernización.
Ella a su vez implica hacerse eficientes y competitivos. Y en ese camino, el gobierno ha enfatizado en la producción, pero se ha olvidado de las dos etapas ulteriores, el mercadeo y la exportación. Para ambas, los agricultores requieren asesoría y educación, porque de lo contrario zozobrarán en su competencia con sus colegas de otros países. Ellos requieren también que se les dote de un modelo funcional cooperativo que les permitirá ahorrar costos y hacerse más fuertes.
Está bien la gradualidad, de la que aquí hemos sido fieros defensores, pero hemos de tener presente que ésta a su vez supone un plazo de vencimiento hacia la plenitud. En este sentido, ella no es un fin en sí misma sino que tan solo es un medio hacia cierto objetivo, que en este caso es la completa apertura.
A partir del año próximo, Panamá será sede temporal hasta el año 2003 del ALCA, cuya capital actual es Miami. Se trata de un organismo nacido de una cumbre de mandatarios del Continente, que se verificó en diciembre de 1994, y de la cual surgió el compromiso de integrar a todas sus naciones en un solo mercado, al estilo de la Unión Europea, fijándose como meta para cumplir ese proceso el año 2005.
La apertura es pues un imperativo para que esa integración cristalice; y en ese avance gradual e inexorable, estamos empeñados todos. No es una carrera en solitario, con la sola excepción de Cuba, por razones conocidas. Y en el caso nuestro, la industria y la agricultura, son las más afectadas. Pero cualquier atraso en la apertura de uno o ambos, será más evidente para los demás socios del ALCA, siendo como seremos, su sede bianual.
El gobierno anterior abrió el mercado agropecuario a las importaciones extranjeras en una forma drástica, como quien apura un trago amargo, de un solo golpe. Provocó una hambruna horrible en el campo, y que un par de importadores llenaran sus bolsillos, sin mayor impacto positivo en los precios al consumidor.
El actual gobierno ha dado marcha atrás, elevando los aranceles, para brindar protección al sector por algún tiempo. Pero el 2005 está muy cercano y para esa fecha, la mayoría de los productos de intercambio debe tener un arancel uniforme para todos los países, muy cercano a cero. Por ende, hay que apurar el paso a la modernización.
Ella a su vez implica hacerse eficientes y competitivos. Y en ese camino, el gobierno ha enfatizado en la producción, pero se ha olvidado de las dos etapas ulteriores, el mercadeo y la exportación. Para ambas, los agricultores requieren asesoría y educación, porque de lo contrario zozobrarán en su competencia con sus colegas de otros países. Ellos requieren también que se les dote de un modelo funcional cooperativo que les permitirá ahorrar costos y hacerse más fuertes.