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Golpes, crímenes, prescripciones y campañas


Estamos en la recta electoral y cualquier tema polémico huele a política partidista, sobre todo si lo realiza el gobierno o los Organos del Estado. La sentencia promovida por el Magistrado César Pereira sobre el caso del fallecido dirigente de izquierda Tuñón en 1969 deroga en la práctica los artículos sobre la prescripción penal, contenidos en el Código, en particular la prescriptibilidad de los hechos penales. Jurídicamente es muy dudoso su fundamento; no obstante, el fallo tiene un relevante orden moral. ¿Se hizo por razones éticas o buscando perjudicar imágenes electoralmente?
El mundo actual busca que no prescriban los hechos graves contra los derechos humanos. Y todo aquel que perdió a un ser querido debe sentirse solidario con que no queden impunes los crímenes, incluyendo los cometidos en Panamá. Pero, en todo caso, deben derogarse las leyes formalmente, no violarlas para "hacer justicia". Todo esto es muy sospechoso, como lo es el proyecto de instaurar en los libros de textos el tema "los crímenes de la dictadura". En todo caso, no debe reducirse la "imprescriptibilidad de crímenes" a sólo los mencionados, que abarcan una época en particular. Es más creíble si queda abierta tal posibilidad a todos, los de distintas épocas. Donde los deudos de cualquier difunto, que sienta o tenga evidencias o pruebas que su familiar fue asesinado pueda presentar su denuncia.
Vayamos al grano: Tanto Omar Torrijos Herrera como Arnulfo Arias Madrid tienen su carga de pecados en medio de vidas políticas turbulentas, donde la sociedad panameña se polarizó. Ambos protagonizaron hechos tan controversiales que encendieron pasiones irreconciliables, incluso a la fecha. Crearon reacciones que produjeron sangre de hermanos contra hermanos. Mucho antes que Omar, por enero de 1931, Arnulfo Arias y otros panameños asaltaron cuarteles con los hechos de Acción Comunal que dejaron un saldo de más de una docena de policías muertos, además de otros civiles, y esos servidores defendían a un presidente, Florencio Harmodio Arosemena; cumplían con la ley.
En junio de 1941, la Legación diplomática alemana protestó ante el canciller del Dr. Arnulfo Arias, Raúl De Roux, por la muerte violenta de cuatro ciudadanos alemanes en Cotito, Volcán, entre ellos gente tan joven, como Carl Schnieder de 15 años. Se comentó que la masacre comandada por un mayor de la Policía Nacional la ordenaron desde el despacho del propio Dr. Arias.
Mucho antes también de Torrijos, el 10 de mayo de 1951, al derogar por su firma y sin trámites legales, Arnulfo Arias descabeza la Carta Magna de 1946, disuelve el Parlamento, deja en suspenso la Corte Suprema y produce también por sus ambiciones unos 18 muertos en una jornada sangrienta en el Palacio Presidencial. De esos hechos surgieron dudas razonables, en una ocasión me lo dijo una hija, sobre que de una pistola del Jefe del Ejecutivo salió la bala que segó la vida del el mayor Alfredo Lezcano Gómez, jefe de la guardia presidencial. ¿Su pecado? Trasmitirle al Presidente Arias el mensaje del Comandante Remón para que abandonara el Palacio. Si algún pariente pudiese presentar elementos, ¿podría también investigarse tal caso? ¿Podría mencionarse el hecho en los libros de textos?
Igualmente en 1968, violando la Constitución y la Ley, Omar Torrijos, Boris Martínez, y otros oficiales superiores encabezaron un golpe militar que depuso al presidente legítimo del país, y con ello se produjeron múltiples reacciones y muchos daños a panameños, incluyendo persecuciones políticas y muertes violentas. Eso se debe diferenciar. Habrá que hacer una cuenta real, desapasionada, seria. Conocer cuáles fueron con fusiles en las manos, disparando contra guardias, asaltando cuartelitos, poniendo dinamita en emboscadas, violando, incluso, mujeres campesinas unidas a estos guardias, y cuáles inocentes civiles indefensos, asesinados por sus ideas.
Ni Arnulfo ni Omar fueron discípulos de San Francisco de Asís. Fueron humanos, ambiciosos, buscaron el poder de cualquier forma e igualmente realizaron obras grandes, que los han hecho perdurar en la memoria colectiva.
La discutida Comisión de la Verdad debe recordar que surgió originalmente de la Comisión de Justicia y Paz, fundada por Monseñor Marcos McGrath y Monseñor Carlos Ariz, buscando no sólo recapitular los crímenes y vejaciones cometidas en tiempos de militares, sino otros hechos, incluyendo los crímenes de la invasión militar norteamericana, sobre lo cual la actual Comisión no ha dicho ni pío, tal vez porque no es rentable políticamente. Si el fallo Pereira se aferra a lo moral, buscando ahuyentar los crímenes políticos, en buena hora. Pero todos. Que no sea buscando fines electorales. El que algunos buscan como "objetivo mayor", Omar Torrijos H., no tendrá ningún problema en quedar limpio de esos hechos (aunque tenga una responsabilidad moral).
Hubo un poder dentro del poder, cuyos métodos persistieron luego de Torrijos, con patrones reiterados de crímenes, masacres, que incluso acabó con el mismo Omar. De los dos caudillos que hablamos, Arnulfo Arias murió en su cama y Torrijos voló por los aires con explosivos, colocados por foráneos y nacionales, alrededor de él. La juez del circuito declaró un sobreseimiento provisional por encontrar que había dudas razonables para investigar, pese a un fiscal menos acucioso.
El General fue asesinado por los mismos aparatos de seguridad, formados desde el norte, que nunca pudo controlar. Omar no ordenó crímenes, así lo aceptó Jimmy Carter que lo investigó a fondo. El propio Arzobispo McGrath conoció muy bien que Omar era inocente, de lo contrario no habría dicho en su sepelio las palabras siguientes: "Dios sabrá perdonarle a su hijo Omar Torrijos Herrera sus fallas humanas; Dios sabrá también premiar sus muchas cualidades, grandes sentimientos y obras. Creo poder decir sin exageración que él, Omar, había captado mucho de ese espíritu de misericordia, de compasión, que es del espíritu mismo del Señor. Omar fue un hombre compasivo. Lo demostró de muchas maneras. Creía en la dignidad de los humildes y sencillos, y los hizo sentir más su propia dignidad". Las conclusiones sobran viniendo esas frases de un obispo de la talla intelectual y moral del difunto.

101 años de Panamá América

 
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