¡Gracias!... pueblo panameño
A viva voz deseo expresar lo que sentí durante los días 2, 3 y 4 en este mes de la Patria. A todos los panameños y panameñas y a nuestros hermanos extranjeros residentes en esta pequeña pero grandiosa nación, ¡gracias! Con frecuencia aprobamos o desaprobamos todo tema de actualidad y, nos erigimos en autoridades competentes y, muy pocas veces, hacemos un juicio objetivo y valiente sobre el accionar positivo de las personas. Y en esto se basa hoy mi opinión, que deseo manifestar ante las actividades desarrollados durante los días patrios.
Empezaré con la noche del día 2 en que disfruté acompañada de mi madre y una amiga, y junto a miles de panameños de la Vigilia a la Patria en la Plaza de la Catedral. En ese momento, sentimientos encontrados hicieron vibrar mi mente y mi corazón: bailé, reí, lloré, y gocé cada segundo que la Patria me regalaba en la noche de aquella noche. Estos sentimientos conformaron la situación anímica interior e íntima de mí ser. La noche de esa noche y no sé por qué, me hizo olvidar las controversias que a diario se dan dentro del acontecer nacional. Fue una vivencia tan especial que jamás ni yo ni los miles de mis hermanos panameños podremos olvidar. De eso estoy segura. Cabe destacar la interpretación del Himno Nacional de parte de la Orquesta Sinfónica Nacional, que fue lo más importante del evento. Y dejaré de lado cualquier señalamiento discordante que observé al retirarme de la Plaza de la Independencia y de lo que contemplé regreso a mi residencia.
En estos momentos mi Patria se merece la más alta distinción de mi parte. Sin embargo, las escenas lamentables de la noche de esa noche me hace reflexionar una vez más, que se hace necesario trabajar y dedicar nuestros esfuerzos por erradicar de raíz, las infames costumbres y hábitos que malos panameños tratan de clavar en el corazón de nuestra Patria. Situaciones como las observadas no se deben permitir y me parece que aún estamos a tiempo de corregir.
Continúo este escrito con los días 3 y 4. Me levanté muy temprano en la mañana para ver a través de los canales de televisión los actos conmemorativos dentro del marco del centenario. Nuestra Presidenta bellamente ataviada estuvo escoltada de huéspedes distinguidos compartiendo momentos verdaderamente especiales. Que envidia sentí al no encontrarme yo, una ciudadana más del montón, acompañando a tan ilustre dama e invitados.
¿Cómo se habrá sentido la presidenta Moscoso al observar desde su palco presidencial, a cada uno de los integrantes de instituciones y colegios haciéndole homenaje a la Patria? Yo, de mi parte, y sin estar en ese lugar privilegiado e histórico, sentía vibrar con fuerza mi corazón y aplaudía y entonaba aquellas melodías muy nuestras que las llevo por siempre en mi mente y en mi ser. Complacida aprecié cuando los estudiantes le rendían el saludo a la patria. No perdí de vista el donaire inconfundible, muy panameño, muy nuestro, del hombre y la mujer que con dignidad portaban el emblema patrio, ataviados con su uniforme de gala, del montuno y la pollera, o sencillamente tocando un instrumento musical. El protagonista de estas fiestas fue el pueblo panameño haciendo alarde de nuestras buenas costumbres.
La señora Presidenta debe sentirse muy honrada, porque durante su gestión ha recibido en sus manos las llaves de nuestro canal. Las llaves que por mucho tiempo estuvieron en manos de extraños. Honrada debe sentirse ahora al recibir las llaves del Centenario de nuestra independencia. Las llaves que todos los panameños le entregamos una vez más, para la guarda y crianza de nuestra tierra natal.
Cuando termina un año, se da un doble fenómeno: el de la alegría de comenzar un nuevo ciclo, pero en cierta forma también un poco la tristeza de ver que no terminamos todo lo que nos propusimos. Sobre todo en cien años de República. No podemos permitir que el desánimo o la tristeza nos impidan actuar. Los grandes proyectos requieren de un trabajo constante. Las grandes obras se componen de pequeños esfuerzos que se realizan todos los días. Pero también es importante sentarse a meditar qué queremos lograr y hacia donde esperamos ir.
La respuesta es “solidaridad”; sólo así venceremos los difíciles problemas que aquejan directamente hoy a nuestra nación. Hemos aprendido a convivir con gentes de distintas culturas, tradiciones y religiones. El proceso cultural del siglo pasado nos ha enseñado que esa pluralidad no es una pérdida, sino todo lo contrario, una ganancia. Hemos aprendido a respetar y a convivir con quienes no piensan como nosotros. Esto es sensibilidad y solidaridad hacia la dignidad de la persona y su libertad.
Debemos conocer nuestras capacidades y nuestros defectos. Pero nuestros proyectos deben exigirnos un poco más de lo que podemos hacer pero acordes a nuestras posibilidades reales. Todos los seres humanos tenemos limitaciones que vamos conociendo con el paso del tiempo. Y una vez que lo logremos, volver a empezar haciendo planes, proyectos y fijándonos nuevas metas, cada vez más altas. Este es nuestro compromiso de aquí en adelante. Sobre todo, evitar la indiferencia, no podemos quejarnos de la situación actual del país sin hacer algo para cambiarlo.
(gemiliani@cwpanama.net)
Además de reestructurar el equipo negociador, el nuevo canciller buscó determinar estrategias y tácticas, sobre la base de objetivos claramente definidos. Mantuvo en todo momento su adhesión a la opción abrogacionista rubricada el 9 de enero con la muerte de 21 panameños y con ella mantuvo la doble exigencia de ponerle fin a la perpetuidad y de que se reconociera la plena soberanía de Panamá sobre el Canal. Por razones de política interna, tales la rivalidad de miembros de la alianza gubernamental que lo vislumbraban como un competidor para la candidatura presidencial, sobre todo si tenía éxito con los Tratados, y la fuerte animadversión entre los Eleta y el opositor Dr.Arnulfo Arias Madrid, el canciller Eleta sufrió un prejuicio desfavorable en cuanto a su labor. Pero en realidad, bajo su liderazgo, Panamá realizó uno de sus esfuerzos más serios por negociar con los Estados Unidos un nuevo régimen para el Canal.
El proceso electoral que Marco Robles presidió fue el peor que había vivido el país desde 1948. La parcialización política sectaria dividió al oficialismo llevando a adversarios acérrimos del Dr. Arnulfo Arias a apoyarlo. Y provocó al Partido Demócrata Cristiano, comprometido a sanear los procesos electorales como medio indispensable para consolidar una democracia auténtica, a iniciarle un juicio ante la Asamblea con incuestionables evidencias de su abuso de los recursos del Estado con fines partidarios.
Como resultado de su juicio fue debidamente depuesto de su cargo. Su recurso al juez municipal Toribio Ceballos y el acatamiento de la decisión de dicho juez por la alta oficialidad de la Guardia, condujeron a que un destacamento de la Guardia al mando del teniente coronel Omar Torrijos cerrara la Asamblea donde se encontraban sesionando los legisladores y estaba presente el vicepresidente Eric Del Valle, ya juramentado como presidente y su recién nombrado Gabinete. Estos hechos demostraron hasta qué punto se habían vuelto irreconciliables los dos componentes del Estado Nacional, el aparato estatal cada vez más subordinado a la Guardia Nacional y las fuerzas sociales supeditadas políticamente al caudillismo carismático de Arnulfo Arias.
En semejante fragmentación de los factores integrantes del Estado Nacional el sentimiento de identidad, o sea el nacionalismo no pudo jugar su papel de fuerza unitiva y motora.
Al abandonar el país antes de la toma de posesión de Arnulfo Arias, Robles hizo dejación de su papel en la historia republicana y anticipó el Golpe que vendría en pocos días.
(ariyan@sinfo.net)
Empezaré con la noche del día 2 en que disfruté acompañada de mi madre y una amiga, y junto a miles de panameños de la Vigilia a la Patria en la Plaza de la Catedral. En ese momento, sentimientos encontrados hicieron vibrar mi mente y mi corazón: bailé, reí, lloré, y gocé cada segundo que la Patria me regalaba en la noche de aquella noche. Estos sentimientos conformaron la situación anímica interior e íntima de mí ser. La noche de esa noche y no sé por qué, me hizo olvidar las controversias que a diario se dan dentro del acontecer nacional. Fue una vivencia tan especial que jamás ni yo ni los miles de mis hermanos panameños podremos olvidar. De eso estoy segura. Cabe destacar la interpretación del Himno Nacional de parte de la Orquesta Sinfónica Nacional, que fue lo más importante del evento. Y dejaré de lado cualquier señalamiento discordante que observé al retirarme de la Plaza de la Independencia y de lo que contemplé regreso a mi residencia.
En estos momentos mi Patria se merece la más alta distinción de mi parte. Sin embargo, las escenas lamentables de la noche de esa noche me hace reflexionar una vez más, que se hace necesario trabajar y dedicar nuestros esfuerzos por erradicar de raíz, las infames costumbres y hábitos que malos panameños tratan de clavar en el corazón de nuestra Patria. Situaciones como las observadas no se deben permitir y me parece que aún estamos a tiempo de corregir.
Continúo este escrito con los días 3 y 4. Me levanté muy temprano en la mañana para ver a través de los canales de televisión los actos conmemorativos dentro del marco del centenario. Nuestra Presidenta bellamente ataviada estuvo escoltada de huéspedes distinguidos compartiendo momentos verdaderamente especiales. Que envidia sentí al no encontrarme yo, una ciudadana más del montón, acompañando a tan ilustre dama e invitados.
¿Cómo se habrá sentido la presidenta Moscoso al observar desde su palco presidencial, a cada uno de los integrantes de instituciones y colegios haciéndole homenaje a la Patria? Yo, de mi parte, y sin estar en ese lugar privilegiado e histórico, sentía vibrar con fuerza mi corazón y aplaudía y entonaba aquellas melodías muy nuestras que las llevo por siempre en mi mente y en mi ser. Complacida aprecié cuando los estudiantes le rendían el saludo a la patria. No perdí de vista el donaire inconfundible, muy panameño, muy nuestro, del hombre y la mujer que con dignidad portaban el emblema patrio, ataviados con su uniforme de gala, del montuno y la pollera, o sencillamente tocando un instrumento musical. El protagonista de estas fiestas fue el pueblo panameño haciendo alarde de nuestras buenas costumbres.
La señora Presidenta debe sentirse muy honrada, porque durante su gestión ha recibido en sus manos las llaves de nuestro canal. Las llaves que por mucho tiempo estuvieron en manos de extraños. Honrada debe sentirse ahora al recibir las llaves del Centenario de nuestra independencia. Las llaves que todos los panameños le entregamos una vez más, para la guarda y crianza de nuestra tierra natal.
Cuando termina un año, se da un doble fenómeno: el de la alegría de comenzar un nuevo ciclo, pero en cierta forma también un poco la tristeza de ver que no terminamos todo lo que nos propusimos. Sobre todo en cien años de República. No podemos permitir que el desánimo o la tristeza nos impidan actuar. Los grandes proyectos requieren de un trabajo constante. Las grandes obras se componen de pequeños esfuerzos que se realizan todos los días. Pero también es importante sentarse a meditar qué queremos lograr y hacia donde esperamos ir.
La respuesta es “solidaridad”; sólo así venceremos los difíciles problemas que aquejan directamente hoy a nuestra nación. Hemos aprendido a convivir con gentes de distintas culturas, tradiciones y religiones. El proceso cultural del siglo pasado nos ha enseñado que esa pluralidad no es una pérdida, sino todo lo contrario, una ganancia. Hemos aprendido a respetar y a convivir con quienes no piensan como nosotros. Esto es sensibilidad y solidaridad hacia la dignidad de la persona y su libertad.
Debemos conocer nuestras capacidades y nuestros defectos. Pero nuestros proyectos deben exigirnos un poco más de lo que podemos hacer pero acordes a nuestras posibilidades reales. Todos los seres humanos tenemos limitaciones que vamos conociendo con el paso del tiempo. Y una vez que lo logremos, volver a empezar haciendo planes, proyectos y fijándonos nuevas metas, cada vez más altas. Este es nuestro compromiso de aquí en adelante. Sobre todo, evitar la indiferencia, no podemos quejarnos de la situación actual del país sin hacer algo para cambiarlo.
(gemiliani@cwpanama.net)
Además de reestructurar el equipo negociador, el nuevo canciller buscó determinar estrategias y tácticas, sobre la base de objetivos claramente definidos. Mantuvo en todo momento su adhesión a la opción abrogacionista rubricada el 9 de enero con la muerte de 21 panameños y con ella mantuvo la doble exigencia de ponerle fin a la perpetuidad y de que se reconociera la plena soberanía de Panamá sobre el Canal. Por razones de política interna, tales la rivalidad de miembros de la alianza gubernamental que lo vislumbraban como un competidor para la candidatura presidencial, sobre todo si tenía éxito con los Tratados, y la fuerte animadversión entre los Eleta y el opositor Dr.Arnulfo Arias Madrid, el canciller Eleta sufrió un prejuicio desfavorable en cuanto a su labor. Pero en realidad, bajo su liderazgo, Panamá realizó uno de sus esfuerzos más serios por negociar con los Estados Unidos un nuevo régimen para el Canal.
El proceso electoral que Marco Robles presidió fue el peor que había vivido el país desde 1948. La parcialización política sectaria dividió al oficialismo llevando a adversarios acérrimos del Dr. Arnulfo Arias a apoyarlo. Y provocó al Partido Demócrata Cristiano, comprometido a sanear los procesos electorales como medio indispensable para consolidar una democracia auténtica, a iniciarle un juicio ante la Asamblea con incuestionables evidencias de su abuso de los recursos del Estado con fines partidarios.
Como resultado de su juicio fue debidamente depuesto de su cargo. Su recurso al juez municipal Toribio Ceballos y el acatamiento de la decisión de dicho juez por la alta oficialidad de la Guardia, condujeron a que un destacamento de la Guardia al mando del teniente coronel Omar Torrijos cerrara la Asamblea donde se encontraban sesionando los legisladores y estaba presente el vicepresidente Eric Del Valle, ya juramentado como presidente y su recién nombrado Gabinete. Estos hechos demostraron hasta qué punto se habían vuelto irreconciliables los dos componentes del Estado Nacional, el aparato estatal cada vez más subordinado a la Guardia Nacional y las fuerzas sociales supeditadas políticamente al caudillismo carismático de Arnulfo Arias.
En semejante fragmentación de los factores integrantes del Estado Nacional el sentimiento de identidad, o sea el nacionalismo no pudo jugar su papel de fuerza unitiva y motora.
Al abandonar el país antes de la toma de posesión de Arnulfo Arias, Robles hizo dejación de su papel en la historia republicana y anticipó el Golpe que vendría en pocos días.
(ariyan@sinfo.net)