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¿Grammy o ghetto latino?


Hace pocas semanas observamos por televisión la primera entrega del Grammy Latino, una versión del máximo galardón anual de la música popular de Estados Unidos instituida especialmente para el género latino en sus distintas modalidades. Para muchos fue un logro largamente deseado, para nosotros fue un día triste. La creación de un ghetto latino musical, como los barrios hispanos del Bronx, Los Angeles y otras metrópolis norteamericanas.
Lo acontecido es un lamentable retroceso en la lucha del inmigrante latino por la integración en la sociedad estadounidense, pero pocos de sus líderes y voceros parecen haberse percatado. Los partidarios de la discriminación deben estar de plácemes. Los propios latinos hemos ido hacia el cadalso y nos hemos anudado el lazo al cuello, sacrificando nuestros sueños por ganar un espacio creciente dentro de la polícroma sociedad norteamericana.
¿Por qué los negros se han quedado con los Grammy a llanas, sin aditamento? ¿Ganan o pierden con ello? ¿Quiénes se integran y quiénes se marginan? Lo ocurrido es desastroso, es el peor retroceso del integracionismo latino en la historia. Hay 30 millones de hispanos en Estados Unidos. La sangre latina se ha derramado en todas las guerras en que ha participado ese país durante el siglo XX; y es seguro que continuará haciéndolo durante la nueva centuria.
El celebérrimo tenor español Plácido Domingo es de los pocos que se percató del error cuando lamentó la auto marginación que representa el Grammy Latino. Nada ganamos sino que, por el contrario, perdemos en integración, reconocimiento y calidad. En el premio recién inaugurado, los flamantes académicos latinos han derrochado mediocridad de criterio, superficialidad y preferencias por causas inconfesables. "Bienvenidos", leía una pancarta firmada por "Producciones Estefan". ¿A dónde nos conduce la comercialización del arte? ¿A la discriminación ideológica, al niño Elián?
Como comentaron unos académicos del Grammy original, se cometieron demasiados yerros en la primera premiación. La ausencia de Carlos Vives, Rubén Blades y otros monstruos de la música crítica y social, fue más que notoria. Ni soñar con otros genios creadores de la talla de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Joao Gilberto, Eddie Palmieri, Juan Luis Guerra y demás. Estos y los mejores del género latino no tendrán en lo sucesivo ninguna oportunidad, por hacer espacio a la mediocridad y superficialidad intrascendente.


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