Gran Bretaña: resurgimiento y diplomacia
Con rapidez, el joven estadista baja del avión para saludar a los diplomáticos pakistaníes en Islamabad. Tony Blair, primer ministro de Gran Bretaña, comenzaba su visita a Pakistán, asegurando la participación de esa nación musulmana en la alianza antiterrorista encabezada por Estados Unidos y la misma Inglaterra. Tras una conferencia, reuniones agotadoras y la promesa de cooperación, Blair regresa a la aeronave militar inglesa, retomando el camino a la India. Pocos minutos de salir del país archi-rival de los hindúes, en Nueva Delhi el principal gobernante británico consolidaba las relaciones internacionales, calmado los aires de enemistad en el Asia. Perverz Musharraf, el presidente de Pakistán, y Atal Behari Valpayee, primer ministro de la India, sólo tienen un amigo de por medio: es el mismísimo Blair.
Después del 11 de septiembre, el papel geopolítico británico cambió de simple aliado militar de Estados Unidos, a una revitalizada diplomacia global, demostrando que la influencia inglesa en sus ex colonias, ahora partes sólidas de la Commonwealth, persiste hasta nuestros días. Desde que Winston Churchill dejó su puesto como Primer Ministro, tras su último período en 1951, Inglaterra perdió su influencia global. Washington se le sobrepuso y en 1960, casi todo el imperio británico desapareció.
Empero, el insólito regreso de la diplomacia inglesa me ha sorprendido, pues pensábamos que Londres se había encajonado en la simpleza de la Alianza Atlántica con la OTAN, los problemas diarios de la integración europea, la guerra civil en Irlanda del Norte o los casos de racismo en los suburbios de la capital británica. Ver a Tony Blair "asegurando la creación de un Bíblico Estado Palestino", fue la contrapartida de aquella histórica "Declaración Balfour del 2 de noviembre de 1917, cuando Inglaterra dio las garantías de fundar "un hogar nacional judío" en la Tierra Santa.
¿Quién se imaginaría que Tony Blair, un laborista campechano londinenses, pudiera generar más simpatías en el ámbito internacional, en especial el mundo musulmán, frente al típico George Bush y con el Nuevo Gran Garrote?
No hay que asombrarse mucho. Inglaterra es desde hace tres siglos, la madre de la civilización contemporánea. Los ingleses fueron los autores de la Primera Constitución moderna en 1215. Sus legados político, cultural y lingüístico son esenciales para el mundo de hoy, que incluso permitieron la expansión del idioma inglés como el más difundido, usado en el comercio y la diplomacia. Unos 337 millones de personas hablan el Inglés como lengua materna, mientras otros 350 millones lo usan como idioma secundario. Además, su sistema financiero catapultó el mundo de la economía, mientras que su pasada influencia global permitió el libre comercio. Por ello se le llamó "Pax Británica", el período comprendido entre 1815 y 1914.
Por otro lado, el Reino Unido es un sinónimo de integración intercultural. Esta tierra abarca los países de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, además de la misma Inglaterra. Unos 58 millones de personas viven en esta parte de Europa. Aunque la Reina Isabel II es la gobernante emblemática del Reino Unido, la verdad es que el parlamento inglés es el que gobierna la Nación. Elegido popularmente, el Primer Ministro dirige las riendas del Estado, pero rinde cuentas ante la monarca.
Tony Blair ganó un segundo período como Primer Ministro, gracias a su política social y económica. Superando las expectativas, triunfó sobre los conservadores. Hace poco, el jefe de gobierno inglés visitó América Latina, en especial Brasil y Argentina, para consolidar las relaciones internacionales. La facilidad que tiene Blair de hablar sin tapujos con los demás mandatarios, le ha generado buena imagen en el exterior. Hasta, incluso, puso fin a la vieja disputa con Argentina, por el control de las Islas Malvinas, cuando estrechó la mano al presidente Fernando de La Rúa.
El tiempo dirá. Pero la verdad es que Gran Bretaña ha recuperado su sitial entre las grandes potencias, todo gracias a una renovada perspectiva diplomática y la humildad de sus actuales gobernantes.
Después del 11 de septiembre, el papel geopolítico británico cambió de simple aliado militar de Estados Unidos, a una revitalizada diplomacia global, demostrando que la influencia inglesa en sus ex colonias, ahora partes sólidas de la Commonwealth, persiste hasta nuestros días. Desde que Winston Churchill dejó su puesto como Primer Ministro, tras su último período en 1951, Inglaterra perdió su influencia global. Washington se le sobrepuso y en 1960, casi todo el imperio británico desapareció.
Empero, el insólito regreso de la diplomacia inglesa me ha sorprendido, pues pensábamos que Londres se había encajonado en la simpleza de la Alianza Atlántica con la OTAN, los problemas diarios de la integración europea, la guerra civil en Irlanda del Norte o los casos de racismo en los suburbios de la capital británica. Ver a Tony Blair "asegurando la creación de un Bíblico Estado Palestino", fue la contrapartida de aquella histórica "Declaración Balfour del 2 de noviembre de 1917, cuando Inglaterra dio las garantías de fundar "un hogar nacional judío" en la Tierra Santa.
¿Quién se imaginaría que Tony Blair, un laborista campechano londinenses, pudiera generar más simpatías en el ámbito internacional, en especial el mundo musulmán, frente al típico George Bush y con el Nuevo Gran Garrote?
No hay que asombrarse mucho. Inglaterra es desde hace tres siglos, la madre de la civilización contemporánea. Los ingleses fueron los autores de la Primera Constitución moderna en 1215. Sus legados político, cultural y lingüístico son esenciales para el mundo de hoy, que incluso permitieron la expansión del idioma inglés como el más difundido, usado en el comercio y la diplomacia. Unos 337 millones de personas hablan el Inglés como lengua materna, mientras otros 350 millones lo usan como idioma secundario. Además, su sistema financiero catapultó el mundo de la economía, mientras que su pasada influencia global permitió el libre comercio. Por ello se le llamó "Pax Británica", el período comprendido entre 1815 y 1914.
Por otro lado, el Reino Unido es un sinónimo de integración intercultural. Esta tierra abarca los países de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, además de la misma Inglaterra. Unos 58 millones de personas viven en esta parte de Europa. Aunque la Reina Isabel II es la gobernante emblemática del Reino Unido, la verdad es que el parlamento inglés es el que gobierna la Nación. Elegido popularmente, el Primer Ministro dirige las riendas del Estado, pero rinde cuentas ante la monarca.
Tony Blair ganó un segundo período como Primer Ministro, gracias a su política social y económica. Superando las expectativas, triunfó sobre los conservadores. Hace poco, el jefe de gobierno inglés visitó América Latina, en especial Brasil y Argentina, para consolidar las relaciones internacionales. La facilidad que tiene Blair de hablar sin tapujos con los demás mandatarios, le ha generado buena imagen en el exterior. Hasta, incluso, puso fin a la vieja disputa con Argentina, por el control de las Islas Malvinas, cuando estrechó la mano al presidente Fernando de La Rúa.
El tiempo dirá. Pero la verdad es que Gran Bretaña ha recuperado su sitial entre las grandes potencias, todo gracias a una renovada perspectiva diplomática y la humildad de sus actuales gobernantes.